El caso Epstein está causando estragos en la élite política y en la realeza. En el entorno del primer ministro británico ya van dos dimisiones en 24 horas. El líder laborista en Escocia pide la cabeza de Keir Starmer también. El problema viene por Peter Mandelson, ex embajador y ex ministro británico, quien tuvo tratos financieros muy turbios con el millonario estadounidense Jeffrey Epstein. A su vez, el rey Carlos III se ha ofrecido a colaborar en la investigación sobre los vínculos entre su hermano Andrés, ya despojado de su títulos, y el financiero que acabó en la cárcel acusado de tráfico sexual. Al antes conocido como príncipe Andrés Epstein le ponía en contacto con jovencitas, en algún caso menores.
Starmer se ve en problemas por haber enviado a Estados Unidos como embajador a Peter Mandelson en febrero de 2025. Entonces ya se conocía que se había relacionado con Jeffrey Epstein, quien apareció muerto en su celda en agosto de 2019. Estaba acusado de tráfico sexual. Mandelson dejó su puesto en la embajada en septiembre. La semana pasada renunció a la Cámara de los Lores. La Policía investiga actualmente al también ex comisario europeo de Comercio para determinar si delinquió al filtrar a Epstein en 2009 información confidencial del Ejecutivo del entonces primer ministro laborista Gordon Brown.
Cae el brazo derecho de Starmer
Pero como el caso Epstein está en plena efervescencia se hizo necesario que cayeran quienes los nombraran. Hasta cierto nivel, claro. El domingo presentó su renuncia el jefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney. Asumió toda la responsabilidad de la designación de Mandelson. "La decisión de nombrar a Peter Mandelson fue equivocada. Ha dañado a nuestro partido, a nuestro país y la confianza en la política misma", dijo McSweeney, principal asesor de Starmer y uno de los artífices de la victoria electoral de los laboristas en las legislativas de julio de 2024. La salida de McSweeney deja a Starmer sin su principal escudero. Y más solo y aislado.
Varios diputados laboristas habían pedido la cabeza de McSweeney, muy envidiado por su gran influencia sobre Starmer. Este lunes ha dimitido Tim Allan, director de Comunicación del primer ministro, que deja su cargo para permitir una remodelación del equipo de Starmer.
La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, afirma que la posición de Starmer es "insostenible". Según un sondeo de la firma demoscópica Opinium difundido este domingo, un 55 % de los británicos cree que el primer ministro debería dimitir.
El líder laborista escocés se rebela
Lo preocupante es que empiezan a escucharse voces discrepantes en el Partido Laborista. El líder escocés Anas Sarwarha pedido a Keir Starmer que se vaya. En una rueda de prensa en Glasgow, el veterano político laborista ha dicho: "Hay que acabar con las distracciones y cambiar el liderazgo en Downing Street". Anas Sarwarha teme que los errores cometidos en el número 10 socaven las opciones de los laboristas en las elecciones de mayo en Escocia.
Tras unos días muy agitados, David Lammy, viceprimer ministro, ha sido el primer ministro del gabinete en respaldar públicamente al primer ministro. "Keir Starmer obtuvo un mandato abrumador hace 18 meses, por cinco años, para cumplir el programa electoral del Partido Laborista que todos defendimos. No debemos permitir que nada nos distraiga de nuestra misión de cambiar Gran Bretaña y apoyamos al primer ministro en esa tarea", ha indicado Lammy. También han respaldado explícitamente a Starmer la ministra de Finanzas, Rachel Reeves; Yvette Cooper, secretaria de Estado de Exteriores; y John Healey, de Defensa.
En este ambiente de tensión, en un país donde las caídas de primeros ministros en cadena marcaron el periodo precedente, Keir Starmer ha reunido al grupo parlamentario del Partido Laborista. Starmer ya es el sexto primer ministro del Reino Unido en diez años. David Cameron dimitió en julio de 2016 y le sucedieron Theresa May, Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak, antes de que Starmer asumiera el cargo en julio de 2024.
Starmer ha instado a dar la batalla contra el partido Reform UK, liderado por Nigel Farage. Es el que está al alza en los sondeos, con los conservadores y laboristas perdiendo cada vez más respaldo. "Esto afecta al corazón y al alma de lo que somos como partido, como gobierno y como país, lo que significa ser británico… Y si alguna vez llegan al poder, dividirán, dividirán y dividirán. Y eso destrozará este hermoso país. Esa es la lucha de nuestro tiempo", ha dicho Starmer ante los diputados laboristas. Ha llamado al cierre de filas frente a la ultraderecha.
Su tiempo se agota
A pesar de que de momento la mayoría en el partido le apoya, los expertos británicos creen que su tiempo llega a su fin, como constatan Nick Hopkins y Peter Walker en The Guardian. Anas Sarwar es el primer peso pesado del laborismo que pide su renuncia. Y con la pérdida de MacSweeney cae su último flanco de defensa. En el siguiente envite cae Starmer.
Juega a su favor que no hay un heredero claro. Angela Rayner, que fue viceprimera ministra, tiene aspiraciones, pero dejó el gobierno de Starmer por un tema fiscal aún no resuelto. También suena Wes Streeting, a cargo de Sanidad, del ala derecha. Starmer acaba de impedir que el popular alcalde de Manchester, Andy Burnham, tenga opciones de sucederle, ya que no tiene escaño en el Parlamento. El Comité Ejecutivo Nacional ha frenado sus aspiraciones.
El destino de Starmer puede estar ligado a las elecciones que se celebrarán en mayo e Escocia y Gales. Si los laboristas salen derrotados, buscarán un culpable. Y mirarán al 10 de Downing Street.
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