Las petromonarquías del Golfo caminan estos días sobre una línea roja cada vez más delgada. Entre la presión y el ninguneo de Washington y la represalia de Teherán, la región que alberga una quinta parte del petróleo mundial y el mayor complejo de gas natural licuado del planeta se siente atrapada en una guerra que no considera propia. “Lo de Trump es una traición y lo de Irán, criminal”, resume a El Independiente una fuente bien conectada con el poder en un país del Golfo.

Las monarquías del Golfo atraviesan uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Atrapadas entre la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán y la represalia lanzada por Teherán sobre territorio árabe, sus dirigentes intentan sostener una neutralidad cada vez más frágil mientras sus infraestructuras energéticas y civiles se convierten en objetivo. Desde el sábado, las salvas de misiles han impactado en hoteles en Dubái y Manama, la capital de Bahréin, y golpeado instalaciones de petróleo y gas en Qatar y Arabia Saudí.

“Sinceramente, lo que ocurrió el sábado, desde el punto de vista del Golfo, es una traición. Fue una traición a los países que estaban dispuestos a encontrar una solución diplomática al problema de Irán”, confiesa a El Independiente este alto cargo. La lectura en el golfo Pérsico y, por extensión, en el mundo árabe es que Trump ha sido arrastrado por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en un conflicto abierto que solo sirve a los intereses electoralistas del 'premier' y que va a funcionar para radicalizar a Irán, un régimen en modo de supervivencia que ha abandonado su habitual “paciencia estratégica” y a movilizar a sus aliados en la región, desde Hizbulá en el Líbano hasta los hutíes en Yemen.

Antes y durante el ataque al puerto de Jebel Ali en Emiratos Árabes Unidos

El shock estratégico

La decapitación del liderazgo iraní mediante los ataques estadounidenses e israelíes desató una oleada de misiles y drones que impactaron o fueron interceptados en varios países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). A diferencia de episodios previos de estos dos últimos años, ya no fueron ataques iraníes calculados sobre bases estadounidenses en la región de los que Teherán había avisado previamente para evitar bajas.

“Irán siempre dejó muy claro que un ataque contra el líder supremo se consideraría una amenaza existencial. Pero los Estados del Golfo no son una amenaza existencial para Irán. Este es el punto de vista de los Estados del Golfo. Le hemos dicho a Estados Unidos que no puede utilizar nuestro espacio aéreo”, insiste la fuente. La intensidad de los ataques, iniciados el sábado, sorprendió incluso a gobiernos habituados a crisis regionales. “Desde las 10:30 a. m. hasta las 2:00 a. m., los ataques no cesaron”, relata. “La mayoría fueron interceptados por nuestras defensas aéreas terrestres y nuestros cazas”, sostiene. Añade que incluso responsables estadounidenses quedaron “bastante impresionados” por el volumen de interceptaciones.

Pero la línea roja se cruzó cuando infraestructuras civiles comenzaron a ser alcanzadas en Bahréin, Kuwait, Omán y Emiratos Árabes Unidos. “La represalia contra objetivos del Golfo de esta manera es totalmente inaceptable, y es casi criminal”, afirma.

Imagen del bombardeo en la refinería de Aramco.

Energía bajo fuego: cierres en Arabia Saudí y Qatar

La crisis dio un salto cualitativo este lunes con el cierre de infraestructuras energéticas críticas. La petrolera estatal Saudi Aramco suspendió de forma preventiva las operaciones en su refinería de Ras Tanura, la mayor del reino, tras un ataque con drones que provocó un incendio. La instalación, con capacidad para procesar unos 550.000 barriles diarios, es además una terminal clave de exportación de crudo saudí.

En paralelo, dos drones impactaron instalaciones energéticas en la ciudad industrial de Ras Laffan y en Mesaieed, en Qatar. El Ministerio de Defensa qatarí confirmó los ataques y la compañía estatal QatarEnergy anunció la paralización de la producción de gas natural licuado y productos asociados. Ras Laffan alberga el mayor complejo exportador de GNL del mundo y la infraestructura del North Field, el mayor yacimiento de gas no asociado del planeta.

Antes y despúes de un ataque iraní en Sharjah, Emiratos Árabes Unidos

Las consecuencias fueron inmediatas: el gas se disparó en Europa cerca de un 50 por ciento y el crudo superó los 82 dólares por barril, su nivel más alto desde enero de 2025. Al menos 150 buques, incluidos petroleros y metaneros, fondearon o cambiaron rumbo en el estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor de una quinta parte del suministro mundial de petróleo.

Un proyectil alcanzó el petrolero MKD VYOM frente a Omán, causando la muerte de un tripulante, y otros buques resultaron dañados frente a Emiratos Árabes Unidos. Paralelamente, se registraron explosiones en la isla iraní de Kharg, responsable de procesar alrededor del 90 por ciento de las exportaciones de crudo de la República Islámica.

Ataque iraní en el puerto Jebel Ali de Emiratos. | Efe

Riad, enfado y contención

El malestar saudí también es palpable. Altos cargos del reino han expresado su enfado por la escala y el momento de la operación estadounidense-israelí. El príncipe heredero Mohamed bin Salman trasladó a los líderes de Bahréin, Kuwait, Qatar y Emiratos la necesidad de evitar pasos que puedan desencadenar una respuesta mayor de Teherán.

Omán, mediador clave en los contactos previos entre Washington y Teherán, expresó su “consternación” por los ataques. Su ministro de Exteriores, Badr al-Busaidi, instó a Estados Unidos a no dejarse arrastrar a una guerra más amplia y ajena. “Quiero ser muy claro: la puerta a la diplomacia sigue abierta. Las conversaciones en Ginebra lograron avances genuinos hacia un acuerdo sin precedentes entre Irán y Estados Unidos, y aunque se esperaba evitar la guerra, esta no debería significar que se extinga la esperanza de paz. Sigo creyendo en el poder de la diplomacia para resolver este conflicto. Cuanto antes se reanuden las conversaciones, mejor será para todos”, declaró el ministro de Exteriores omaní Badr al Busaidi. El sentimiento es compartido por el resto de petromonarquías.

Desde Doha, el ex primer ministro Hamad bin Jassim advirtió que “un enfrentamiento directo entre los Estados miembros del Consejo y Irán, si se produce, agotará los recursos de ambas partes”. Llamó a actuar como “una sola mano” frente a cualquier agresión y a rechazar “dictados o chantajes”.

Neutralidad en suspenso

“Desde la perspectiva del Golfo, ambas partes están equivocadas. El ataque fue ilegal. Menoscabó los esfuerzos de mediación del Golfo, especialmente en Qatar y Omán. Pero la represalia contra objetivos del Golfo de esta manera es totalmente inaceptable”, resume la fuente consultada.

El objetivo inmediato, insiste, es “reducir la tensión diplomáticamente”. Pero deja abierta la puerta a un cambio de postura si Irán intensifica los ataques: “No me sorprendería que los Estados del Golfo decidieran también participar en la acción”. En la península Arábiga se ha instalado, además, la percepción de que los últimos tres días ha dinamitado parte de los puentes con Irán.

“El precedente ya está fijado”, abundan. Infraestructuras energéticas clave cerradas, rutas marítimas alteradas y una arquitectura de seguridad regional que, tras este fin de semana, difícilmente volverá a ser la misma. “Pero lo que ocurrió ayer cambiará la postura defensiva del Golfo hacia Irán durante décadas”, concluye.