La guerra que ha convertido el estrecho de Ormuz en un cuello de botella energético sin precedentes aún no ha mostrado su fase más disruptiva. Mientras el paso por el que transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial permanece prácticamente bloqueado, la gran incógnita que inquieta a mercados, gobiernos y navieras no está solo en el Golfo, sino miles de kilómetros al oeste: el mar Rojo. Allí, en el estrecho de Bab el Mandeb, se esconde la carta que Irán no ha jugado todavía y que puede agravar aún más la crisis energética severa  que sacude la economía global.

La hipótesis que manejan diplomáticos y analistas es tan sencilla como devastadora: si a la presión sobre Ormuz se suma una ofensiva del grupo rebelde chií de los hutíes de Yemen contra el tráfico marítimo en el mar Rojo, el sistema de suministro energético y comercial quedaría estrangulado por ambos extremos. No se trataría solo de petróleo y gas, sino de seguros marítimos, fletes, cadenas logísticas y precios de alimentos. Una tormenta perfecta.

Una opción durmiente

Por ahora, sin embargo, esa carta permanece sin activar. Y esa contención no es casual. “No hay una respuesta clara a por qué los hutíes no han intervenido directamente hasta ahora. Lo más probable es que hayan decidido no hacerlo porque calculan el precio que ya pagaron”, explica a El Independiente el analista Thomas Juneau, profesor de la Escuela de Posgrado de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Ottawa (Canadá). “En 2025, con varias rondas de ataques de Estados Unidos e Israel, los hutíes sufrieron. No al nivel de Hizbulá, pero sí pagaron un precio real”.

El recuerdo de esas campañas pesa hoy en la toma de decisiones del movimiento yemení. Juneau detalla cómo la evolución del conflicto ha cambiado el equilibrio: “En 2024, cuando comenzaron los primeros ataques de EEUU y Reino Unido, el daño fue bastante limitado. Pero con el tiempo, Estados Unidos y luego Israel mejoraron su inteligencia sobre los hutíes y decidieron golpear mucho más fuerte. Si los hutíes atacan ahora en el mar Rojo, la suposición es que EEUU e Israel responderán con dureza, posiblemente causando más daño que el año pasado”.

Entrenamiento de tropas hutíes con drones.

No hay una respuesta clara a por qué los hutíes no han intervenido directamente hasta ahora

A juicio del analista yemení Hisham el Omeisy, asesor de European Institute of Peace, existe un largo listado de razones por las que los hutíes aún mantienen la indefinición de si irrumpir o no en el conflicto iniciado por Washington y Tel Aviv hace trs semanas. “Sufrieron graves daños el año pasado en la campaña de EEUU, Reino Unido e Israel contra ellos y no pueden permitirse atraer todo el poderío de la armada a la costa en este momento; no quieren enemistarse con todo el Consejo de Cooperación del Golfo al ponerse del lado de Irán; no quieren poner a prueba la paciencia de la población local, que ya está frustrada por las repetidas guerras y actualmente lucha bajo condiciones de vida aplastantes; y no quieren arriesgar los acuerdos con Arabia Saudí, especialmente después de que Riad desviara las exportaciones de petróleo a través de sus puertos del Mar Rojo”, enumera.

“Los hutíes son un grupo pragmático y que vela por su propia supervivencia a la hora de tomar decisiones bélicas. Por eso han logrado sobrevivir tanto tiempo. Entienden que, en la fase actual, lo mejor es mantener un perfil bajo para conservar la cabeza sobre los hombros”, agrega El Omeisy en conversación con este diario.

El precedente de la campaña de bombardeos del año pasado introduce un factor disuasorio central. La intervención no solo implicaría un gesto político, sino un riesgo militar directo y potencialmente devastador para sus capacidades. Pero la contención no implica renuncia. Juneau dibuja un escenario alternativo que resulta aún más inquietante: “Hay un segundo escenario en el que Irán podría estar pidiendo a los hutíes que esperen, mantenerlos en reserva para más adelante si la guerra se prolonga”. En ese caso, añade, la intervención llegaría en el momento de máximo impacto, “muy probablemente atacando barcos en el mar Rojo”.

Irán y los hutíes, una relación compleja

La clave está en la naturaleza de la relación entre Teherán y los hutíes. “Irán no ordenará a los hutíes intervenir. No funciona así su relación”, subraya Juneau. “Si los hutíes intervienen, será su propia decisión, con presión y estímulo de Irán, pero no una orden directa”, precisa.  Ese matiz es esencial para entender la lógica del conflicto. Los hutíes no son una simple prolongación de la estrategia iraní, sino un actor con agenda propia, condicionado tanto por el entorno regional como por sus propias debilidades internas.

“Los hutíes son, hasta cierto punto, vulnerables internamente en Yemen. Su gobernanza enfrenta contestación, que no debe exagerarse pero es real. Económicamente son vulnerables”, advierte Juneau. El dilema es evidente: intervenir puede reforzar su posición regional, pero también exponerlos a un deterioro interno si sus infraestructuras militares y económicas son golpeadas.

Cuando llegue el momento —si es que llega— y se cruce ese rubicón, es muy posible que los hutíes ataquen buques en el mar Rojo

Ese cálculo coincide con el diagnóstico de El Omeisy, que insiste en la lógica pragmática del movimiento. “Aunque la escalada del conflicto está contribuyendo sin duda a aumentar la presión sobre los hutíes para que actúen, no creo que el ataque al yacimiento de Pars South vaya a ser el punto de inflexión. Cuando llegue el momento —si es que llega— y se cruce ese rubicón, es muy posible que los hutíes ataquen buques en el mar Rojo para bloquear el paso por Bab el Mandab y paralizar el tráfico marítimo más allá del estrecho de Ormuz”, pronostica.

Pero, de momento, pesan más los factores de contención: el desgaste tras años de guerra, el temor a provocar una respuesta militar masiva, la presión de una población exhausta y el riesgo de romper los frágiles equilibrios con Arabia Saudí.

Un pulso interno

April Longley Alley describe ese equilibrio como un pulso interno entre radicales y pragmáticos. “Es probable que el movimiento hutí de Yemen esté viviendo un debate interno entre facciones más radicales y otras más pragmáticas sobre si intervenir en la guerra de Irán y, en caso afirmativo, cuándo y cómo”, explica. Y añade un elemento clave: la diferencia con la anterior campaña en el Mar Rojo. “La decisión es menos sencilla que en su anterior campaña en el Mar Rojo”, porque entonces podía presentarse como una defensa de Palestina, con un menor coste interno y regional.

Yemeníes celebran el Eid al-Fitr en Saná, la capital controlada por los hutíes. | Efe

Hoy, en cambio, entrar en la guerra podría hacer descarrilar las conversaciones con Arabia Saudí para poner fin al conflicto yemení y ofrecer a sus adversarios una oportunidad para debilitar su control interno.

Sin embargo, si deciden intervenir, el impacto sería inmediato. “Podrían empezar atacando a Israel y perturbando el tráfico marítimo en el mar Rojo”, advierte Longley Alley. Y con el estrecho de Ormuz bloqueado, añade, “los ataques al tráfico marítimo en el mar Rojo maximizarían el impacto de los hutíes en los mercados energéticos mundiales y el comercio marítimo”.

En ese contexto, Yemen se convierte en una pieza central del tablero estratégico iraní. Juneau lo resume con una frase que explica el cambio de equilibrio regional: los hutíes son hoy “el único miembro del eje de la resistencia que está en una posición más fuerte que en 2023”. Ese fortalecimiento los convierte en un activo clave para Teherán en un momento en el que otros aliados, como Hizbulá en el Líbano y Hamás en Gaza junto al ocaso de Bashar Asad en Siria, han sido debilitados. Y refuerza la hipótesis de que su intervención no será inmediata, sino calculada.

Los hutíes son hoy el único miembro del eje de la resistencia que está en una posición más fuerte que en 2023

Ahmed Nagi, analista de Crisis Group, confirma que la atención internacional se centra precisamente en este punto: «Todas las miradas están puestas en los hutíes». El mundo está a la espera de ver si deciden atacar el tráfico marítimo en el mar Rojo y bloquear la principal alternativa al estrecho de Ormuz.

Nagi esboza un escenario que encaja con la lógica de una escalada gradual: Irán podría estar gestionando su respuesta y «manteniendo en reserva fuentes de influencia», es decir, guardando herramientas de presión para fases posteriores del conflicto. Entre ellas se encuentra la activación del frente yemení para cerrar rutas marítimas, energéticas y logísticas.

Voladura del Magic Seas a manos de los hutíes.

Consecuencias de su irrupción en la guerra contra Irán

Las consecuencias serían profundas. No solo para el comercio mundial, sino también para Yemen. Un ataque a las rutas marítimas podría acarrear «costes devastadores» para una economía ya de por sí arrasada y reavivar el conflicto interno si los puertos quedaran fuera de servicio.

Mientras tanto, la retórica hutí se está endureciendo. "Apoyamos a nuestros hermanos iraníes y estamos listos para actuar. Estamos observando la campaña con el dedo en el gatillo”, advirtió hace días su líder, Abdelmalik al Hutí. En la misma línea, Mohammad al Bujaiti afirmó que “la participación de Yemen es solo cuestión de tiempo”.

Hutíes en uno de los barcos secuestrados en el mar Rojo.

Apoyamos a nuestros hermanos iraníes y estamos listos para actuar. Estamos observando la campaña con el dedo en el gatillo

Las palabras apuntan a la guerra, pero con matices. "Abdelmalik al Hutí tiene que decir eso. Tiene que alimentar la narrativa de que los hutíes están cerca de Irán, que son defensores de la resistencia, que son antiamericanos, opuestos al imperialismo o al intervencionismo estadounidense en la región", arguye Juneau. Las acciones, por ahora, siguen en suspenso. Porque la clave no reside en la capacidad —que ya han demostrado—, sino en el momento oportuno. Y en ese cálculo, como advierte Juneau, hay indicios de preparación: “Ha habido informes de que están reforzando sus capacidades en la costa del mar Rojo, probablemente en preparación para una posible intervención”. No es una garantía, matiza, “pero es un as que tienen bajo la manga”.

"Es posible que, cuanto más se prolongue la guerra, más aumenten las posibilidades de que los hutíes lancen ataques en el Mar Rojo. Pero para mí, la clave es que, aunque es una posibilidad absoluta, no es una garantía. Hay escenarios en los que la guerra continúa dos o tres semanas más, y los hutíes deciden no lanzar ataques porque creen que Irán sobrevivirá, lo cual es una predicción que yo compartiría. Y harían el cálculo de que los costes de intervenir por su parte superarían los beneficios. Los cálculos de los hutíes son siempre extremadamente difíciles de entender desde fuera, pero, en mi opinión, realmente creo que ambos escenarios tienen un 50% de probabilidades", agrega el analista canadiense.

Si la carta se termina jugando, el mundo no sólo se enfrentará a una crisis energética, cada vez más convertida en una depresión económica global. Se enfrentará a la interrupción simultánea de sus dos principales arterias comerciales entre Asia, Europa y Oriente Medio. “El cálculo realizado hasta ahora podría cambiar si el conflicto tomara un giro drástico (por ejemplo, con tropas sobre el terreno), o si los hutíes lanzaran un ataque preventivo contra sus líderes”, concluye Al Omeisy.