El castrismo es aficionado a las soluciones mágicas. Fidel Castro promovía el uso de la moringa antes de morir. Ahora el régimen, cuando el pueblo cubano lucha para sobrevivir día tras día, recomienda la moringa para que el agua sea potable. Porque hervirla ya es un lujo al alcance de pocos. De la misma forma el castrismo confía en que la suerte cambie de bando. Busca cómo ganar tiempo mientras los cubanos sufren una lenta agonía. La isla vive un momento decisivo. O pasa algo ahora o nunca, dicen los cubanos dentro y fuera de la isla. A la debilidad del régimen se une el interés de EEUU en que su patio trasero sea estable.

La situación nunca ha sido tan mala como ahora. El pasado 13 de marzo se vivió un apagón total, el sexto en año y medio. El transporte público apenas funciona, y para moverse en taxis privados o patinetes eléctricos cada día hay que gastar más pesos, una moneda cada vez más devaluada. La población está desnutrida, la atención médica es deficitaria, hay problemas de abastecimiento de agua potable. Cada día es una lucha para el cubano.

"La situación era terrible antes de la captura de Maduro, el pasado 3 de enero. Ya había 15 horas de apagón en muchas ciudades. La gente ya cocinaba con carbón o leña, porque no hay gas en la mayor parte del país. A finales del año pasado se dio una epidemia de dengue, chikungunya y oropouche con una elevada mortalidad, dado que no quedan medicamentos y la población tiene carencias alimenticias. Las medidas de Trump se han sumado a este desastre previo", explica José Manuel González Rubines, analista político y codirector de CubaXCuba. González Rubines aguantó en Cuba hasta hace un año, pero la persecución de la policía política y su interés por estudiar en España, su segunda patria, le llevaron a establecerse en Salamanca.

La salida de Maduro hizo que Cuba perdiera su relación privilegiada con Venezuela. "No va a ser como antes nunca más. La economía cubana se había basado en el vínculo con Venezuela. Es obligado un cambio económico estructural", afirma el cubano Pavel Vidal, profesor de la Universidad Javeriana en Colombia. Y desde que Trump empezó a tutelar Venezuela, con la ayuda de Marco Rubio, secretario de Estado de origen cubano, decidió impedir que llegara petróleo de otros países a Cuba. Trump y Rubio buscan llevar al extremo la debilidad del régimen.

Solo queda el recurso a la represión

A juicio de González Rubines, ahora confluyen dos realidades: el objetivo geopolítico de EEUU que quiere una zona segura en el Caribe y para ello necesita que Cuba sea estable; y un régimen debilitado que ya no tiene ni legitimidad, ni capacidad de cooptación. "Solo le queda la represión", señala. Y la ejercen: hay más de un millar de presos políticos en un país de apenas diez millones de personas.

"La gente está cansada y no confía en un gobierno que les ha llevado a semejante ruina. Los cubanos se han dado cuenta de que la única manera de salir adelante es quitándose al gobierno de encima. Y siguen protestando a pesar de que saben que pueden ir a la cárcel", apunta. El viernes pasado una concentración en Morón, en el centro de la isla, acabó con disturbios en la sede del Partido Comunista. La intentaron quemar.

"Los cubanos se han dado cuenta de que la única manera de salir adelante es quitándose al gobierno de encima"

José Manuel González Rubines, analista político y codirector de CubaXCuba

Hay quienes, como el activista y dramaturgo Yunior García Aguilera, temen que estas protestas vayan a más y también lo haga la represión. No descarta García Aguilera, que se vio forzado a salir de Cuba en noviembre de 2021, un escenario como la sublevación y el castigo que hemos visto en Irán. En el pasado el régimen abría las puertas y conducía al exilio a los disidentes. La última vez que pasó fue en 2021, tras las protestas de julio. Pero la mayoría de los que quedan ahora en la isla o son mayores, o no tienen medios para salir de la isla.

Pacto entre diablos

En estas circunstancias, tanto a EEUU como al régimen cubano, les ha interesado sentarse a negociar. "Coincide la necesidad extrema del tardocastrismso de salvar los muebles y la prioridad geopolítica de Trump de limpiar su patio trasero antes de las elecciones de mitad de mandato, en noviembre próximo", señala Carlos Cabrera, periodista cubano afincado en Madrid desde los 90.

"Es un pacto entre diablos", añade Cabrera, quien sostiene que es la CIA la que lleva la voz cantante de la negociación. En representación de la familia Castro, quien mantiene el poder en Cuba, ha actuado el coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl.

"Los objetivos de la CIA serían el control de daños. Es decir, que Cuba no se convierta en un Estado fallido. Y Alejandro Castro quiere salvar a su padre, que no pase por las vicisitudes de Fulgencio Batista y avanzar hacia un capitalismo popular autoritario", indica Carlos Cabrera. Ahora habrían pasado a una etapa más compleja porque abordarían cuestiones relativas a cómo levantar el embargo y la aplicación de la ley Helms-Burton, que fija cómo habría de ser la transición.

De esas conversaciones dio cuenta el diario ABC a principios de febrero. Los encuentros se llevaron a cabo en la capital mexicana entre agentes de la CIA y el coronel Castro Espín. En los primeros se trató sobre el fin del bloqueo a cambio del acceso de empresas estadounidenses a sectores estratégicos de la economía cubana. La familia real, como algunos llaman a los Castro, buscaría una transición controlada.

A su vez, Axios ha publicado que Marco Rubio se ha reunido con el nieto de Raúl Castro, Raulito, a quien llaman El Cangrejo para abordar cómo encauzar los cambios e la isla. De acuerdo con The New York Times, el régimen estaría dispuesto a facilitar la salida de Miguel Díaz-Canel, pero Rubio ha desmentido al diario.

Rubio asegura que tiene que haber cambios mucho más profundos que los anunciados el lunes pasado por el ministro de Comercio Exterior, Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Raúl y Fidel, que permiten a los cubanos del exilio ciertas actividades en la isla. Y también cambios políticos. Todos en Cuba y en Miami saben que Díaz-Canel, aunque figure y se haga el gallito, no es quien tiene el poder. Además, es una figura detestada, con fama de gafe.

Escenarios

"No me extrañaría que haya varios frentes abiertos de negociación. Tampoco que no lleguen a ninguna parte y terminen actuando como en Venezuela. Las negociaciones no son garantía de que haya una salida negociada. Sobre todo porque el régimen cubano es como un koala pegado a su eucalipto. La familia Castro seguro que está ahí, son los que tienen el poder. Es la familia real absoluta", señala José Manuel González Rubines.

Hay varios escenarios, a juicio de González Rubines: la liberalización económica sin reformas políticas, lo que haría difícil la inversión extranjera; un colapso del régimen por presión popular; y que se pacte algún tipo de cambio en la estructura política y se ponga más énfasis en la reforma económica. "El pacto podría funcionar con una especie de junta de transición. Velaría por el desmontaje del régimen con una liberalización económica. Y que termine en un proceso electoral pero no de forma inmediata", apunta.

En busca de salida a la hecatombe económica

Sea como sea, urge una salida a la hecatombe económica que sufren los cubanos. Y la salida, como señala el profesor Pavel Vidal, pasa por las negociaciones. "Cuba se ha quedado sin sus ingresos en divisas, como las misiones médicas, el turismo está cada vez peor, también está en pausa la producción de níquel... Y no tienen acceso al petróleo por el cerco energético. La solución económica pasa por restablecer sus fuentes de ingresos para pagar el petróleo. La economía está altamente endeudada. Es una economía descapitalizada con un conglomerado militar que se dedicó a los hoteles y no a las infraestructuras", indica Vidal.

La apertura a los inversores cubanos en el exilio no tendrá efecto sin seguridad jurídica. Lo prioritario es la liberalización de la economía. "Han de dar más espacio al sector privado. Ha crecido desde los 90 muy lentamente. Hay una posibilidad de eliminar trabas a las empresas privadas y que la creación de nuevas empresas en Cuba sea fruto de procesos transparentes. Los cubanos emigrados podrían ser propietarios de esas empresas privadas. Otro aspecto tiene que ver con el conglomerado GAESA, controlado por militares. Debería desmantelarse o reorganizarse", añade el profesor Vidal.

"En Cuba al menos ha de haber un cambio en el discurso. Tiene sentido que haya una persona nueva al frente, que no sea Miguel Díaz-Canel. Eso dará confianza a los inversionista y a los cubanos. Es posible, pero han de ver cómo lo presentan sin que parezca una pérdida de soberanía. Es el momento porque hay máxima presión y el gobierno cubano está en máxima debilidad", afirma Pavel Vidal.

Lo que queda por ver es si el castrismo o el tardocastrismo sobrevivirá a esta embestida. De momento, están en primera fila en las conversaciones porque tienen el poder y Trump y los suyos saben que solo se puede negociar con los que controlan los resortes. Eso sí, hay claros síntomas de que el régimen se ha agotado.

Como señala Rodríguez Rubines, "el sistema es incapaz, no solo de generar riqueza, que no ha sido capaz nunca, sino de mantenerse. Es inevitable que el sistema cambie hacia otra cosa, no sé hacia qué, si en algún momento asimilar la necesidad de una liberalización económica sin libertades políticas, aunque sea complejo. Sea el escenario que sea, creo que el sistema es incapaz de sostenerse. Diría que estamos en el final del castrismo por agotamiento del sistema".

Al régimen aún le queda recurrir al milagro de la moringa y a fieles escuderos como Silvio Rodríguez, dispuesto a defenderlo con su fusil AKM de combate.