Ya no basta con esquilmar su suelo o sus aguas. También se expolia el sol y el viento del Sáhara Occidental. Marruecos ha aprendido a exprimir el territorio ocupado: la roca fosfórica que sale de Bou Craa, el pulpo y los pequeños pelágicos que se capturan frente a Dajla y Bojador, la arena que termina en Canarias, el agua desalada que alimenta nuevos invernaderos y hasta el viento y el sol convertidos en kilovatios para regar, bombear, transportar y fijar la ocupación.

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Lo que antes fue colonialismo extractivo clásico se presenta hoy bajo la etiqueta de transición energética, modernización logística y agricultura sostenible. Pero los documentos consultados, los informes de seguimiento portuario y los testimonios recopilados por El Independiente dibujan un paisaje distinto: una economía de ocupación cada vez más sofisticada, transnacional y rentable, en la que participan empresas y puertos europeos, incluidos los españoles.  

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Mapa de los recursos naturales del Sáhara Occidental
Mapa de los recursos naturales del Sáhara Occidental. / Carmen Vivas

“El expolio continúa perfeccionándose”, explica a este diario Anselmo Fariña, miembro del grupo canario de seguimiento del expolio de recursos naturales del Sáhara Occidental. Su diagnóstico, año y medio después de las sentencias europeas que insistieron en el carácter “separado y distinto” del territorio, es demoledor: ni la pesca, ni la agricultura, ni los fosfatos, ni las nuevas infraestructuras energéticas han detenido su marcha. Han mutado. Se han diversificado. Y han encontrado nuevos canales de legitimación, con la ayuda de organismos como la propia Comisión Europea y la presión de los estados miembro.

En la narrativa oficial marroquí, Dajla -la antigua Villascineros española- es una de sus joyas: hub atlántico, polo agrícola, laboratorio eólico, escaparate de hidrógeno verde… En los informes saharauis y de organizaciones de derechos humanos internacionales, en cambio, aparece como el núcleo de una colonización económica que utiliza el lenguaje del clima y el medio ambiente para ocultar una realidad más tosca: explotación de los recursos saharauis para el beneficio marroquí, con un consentimiento inexistente. El informe del Observatorio Saharaui SONREP advierte de que los grandes proyectos renovables “profundizan la ocupación ilegal”, refuerzan el control económico de Rabat y excluyen sistemáticamente a la población saharaui de los beneficios derivados de esa explotación.

Mina de Phosboucraa (cuyo nombre oficial es Phosphates de Boucraa), un compañía minera saharaui bajo ocupación marroquí filial de la empresa estatal marroquí OCP Group

El combustible de la ocupación surtido desde España

La dimensión del negocio se aprecia mejor cuando se observan los puertos. El informe preparado por el grupo de Fariña documenta que, solo hasta el pasado 31 de octubre, habían salido del territorio ocupado 2.056.975 toneladas de roca fosfórica en 33 envíos, con India, México y Nueva Zelanda como grandes destinos. Es una cifra superior a la de los años previos y confirma que el fosfato sigue siendo uno de los pilares del saqueo. El mismo documento registra además 111.259 toneladas de arena exportadas, 47.761 toneladas de harina de pescado enviadas a Turquía y un gigantesco flujo de hidrocarburos hacia El Aaiún y Dajla.

En el capítulo de combustibles, la implicación española resulta especialmente visible. El informe concluye que las refinerías y puertos españoles siguen siendo “el origen abrumadoramente mayoritario de los hidrocarburos” que sostienen la actividad en el territorio ocupado. Hasta octubre de 2025, el suministro de combustible al Sáhara Occidental procedente de puertos españoles ascendía a 490.938 toneladas en 59 barcos. Cartagena concentraba 356.673 toneladas; Algeciras, 145.750; Huelva, 21.196; Barcelona, 25.141; y Las Palmas, 7.616. En total, el territorio ocupado recibió 529.937 toneladas de combustible directo y 602.312 si se cuentan rutas compartidas con Agadir y Tan Tan.  

No se trata de una cuestión secundaria. El combustible es el nervio que mueve arrastreros, frigoríficos, obras portuarias, plantas industriales y transporte pesado. Un informe previo, presentado en la EUCOCO – la Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad con el Pueblo Saharaui, una cita anual del movimiento internacional de solidaridad con el Sáhara Occidental-, alerta que “el grueso de los combustibles fósiles” suministrados al Sáhara llegaban de refinerías españolas, con especial peso de Escombreras, propiedad de Repsol, y un papel relevante de instalaciones vinculadas a Cepsa en Algeciras y Huelva. Ese mismo documento insistía en el rol estructural de los puertos canarios como garantes de “combustibles, reparaciones navales, suministro de toda clase de insumos, descanso y relevo de tripulaciones y otras operaciones imprescindibles para mantener buena parte del expolio”.

Pescadores preparan hielo para refrigerar el pescado en el puerto de El Aaiún, capital del Sáhara Occidental. | Efe

La cadena pesquera ofrece otro ejemplo de esa complicidad distribuida. Desde julio de 2024 el fin del último acuerdo pesquero UE-Marruecos no ha significado el final del negocio europeo. Según Fariña, las empresas españolas se han ido retirando de la extracción para concentrarse en los tramos más rentables de la cadena: transformación y comercialización. Menciona expresamente a Unión Martín y otros acuerdos con operadores marroquíes, como una de las compañías vinculadas al negocio del pescado saharaui. “Unión Martín es proveedor de una parte muy significativa del pescado que luego comercializa Mercadona”, sostiene Fariña.

En las aguas saharauis, en virtud de un acuerdo suscrito con Moscú, faenan barcos factoría rusos. Los activistas identifican al menos cinco grandes unidades rusas reincorporadas a la pesca: Nikolay Telenkov, Maironis, Admiral Shabalin, Vasiliy Filippov y Vasiliy Lozovskiy. Sus capturas se transfieren a frigoríficos frente a Dajla, como el Novaya Zemlya o el Savanna Wind, antes de partir hacia el Golfo de Guinea o permanecer en la zona de fondeo.

El origen del combustible que reciben esos barcos está en el puerto de Las Palmas

Fariña describe ese circuito con precisión. “Son buques de más de cien metros de eslora, con capacidad para procesar a bordo sardina, caballa, anchoa y otros pequeños pelágicos. Tenemos perfectamente identificadas las operaciones de suministro de combustible frente a Dajla. El origen del combustible que reciben esos barcos está en el puerto de Las Palmas”, denuncia.

Su información se ve reforzada por la documentación complementaria enviada: en ella aparece, por ejemplo, el frigorífico Novaya Zemlya, gestionado por Gylmar Ltd., empresa ucraniana con oficinas en Las Palmas y vinculaciones con Poseidon Shipmanagement, en operaciones de transbordo con pesqueros rusos frente a Dajla. También se menciona el petrolero sancionado Melito Carrier, que habría llegado desde San Petersburgo para suministrar a barcos rusos en la zona de fondeo.

Un invernadero en las proximidades de Dajla, en el Sáhara Occidental, en junio de 2024. | Maxar/Vantor

Un mar de plásticos

En el terreno agrícola, el crecimiento de Dajla es una de las mutaciones más llamativas del expolio. Western Sahara Resource Watch, un observatorio independiente dedicado a la investigación y denuncia del saqueo con sede en Bruselas, calcula que la superficie de plantaciones en el territorio ocupado ha pasado de alrededor de 1.300 hectáreas en 2022-2023 a unas 1.700 hectáreas en la actualidad, una expansión que permite inferir un aumento paralelo de la producción.

Un crecimiento imparable. Una zona de invernaderos en las proximidades de la ciudad saharaui de Dajla. La primera imagen data de octubre de 2018 y la segunda de junio de 2024. El contraste de ambas capta la expansión de la explotación./ Fotografías cedidas por Maxar/Vantor a El Independiente

La organización liga esa expansión al anuncio de nuevas inversiones de Azura, la gran comercializadora francesa del sector, poco después de la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. El proceso no es nuevo: WSRW ya había documentado en 2016 que el auge inicial de los invernaderos coincidió con la negociación de acuerdos comerciales entre Marruecos y la UE.

Agricultores franceses en las instalaciones de Azura, la empresa que comercia con tomates saharauis como marroquíes.

Fariña subraya el problema de fondo: la trazabilidad. Los tomates producidos en Dajla, explica, se procesan después en Agadir, donde “ya se mezclan todos los tomates” y el origen real se hace prácticamente imposible de rastrear. De ese modo, las exigencias de etiquetado que derivan de la jurisprudencia europea quedan burladas en la práctica. En el caso del pulpo, añade, “el fraude es todavía más grosero, porque los propios estudios marroquíes dejan claro que el pulpo industrialmente explotable se encuentra al sur de Bojador, de modo que etiquetarlo como 'Marruecos' borra deliberadamente su origen saharaui”, detalla. Ese mismo patrón de lavado de origen aparece de fondo en los informes sobre agricultura y pesca.

Descarga en Tenerife de componentes de aerogeneradores chinos, en tránsito, antes de que se dirigieran a uno de los proyectos energéticos más controvertidos del Sáhara Occidental ocupado. | WSRW

Las renovables, el nuevo campo de batalla

Pero donde el expolio está adquiriendo una nueva escala es en las renovables. El reciente informe Greenwashing Occupation (Ecoblanqueo de la ocupación, en inglés), de WSRW, describe el Sáhara Occidental como “el dorado energético” para Marruecos: vientos de hasta 11,5 metros por segundo, irradiación solar superior a la del Marruecos reconocido internacionalmente y enormes superficies disponibles para nuevos proyectos eólicos, solares e hidrógeno verde. El documento subraya que casi el 60% de la producción solar y eólica marroquí se concentra ya en las llamadas “provincias del sur”, es decir, en gran parte en el territorio ocupado o en áreas anejas a la ocupación. Marruecos aspira incluso a transferir esa energía hacia el norte y eventualmente a Europa.

Casi el 60% de la producción solar y eólica marroquí se concentra ya en el Sáhara ocupado o zonas limítrofes

Ese cambio de escala convierte al viento y al sol en recursos coloniales. Lo resume con dureza el informe: las renovables no son un simple vector de descarbonización, sino un instrumento para “normalizar la ilegalidad”, reforzar la ocupación, atraer colonos, alimentar industrias extractivas y dar cobertura a nuevos acuerdos comerciales. En otra sección denuncia que los proyectos “bloquean” la ocupación al ligar de forma estructural la economía marroquí al territorio saharaui.

Parque eólico Aftissat 1 en el Sáhara ocupado | APSO

La obra emblemática de esa fase es el proyecto de desalación y parque eólico de Dajla promovido por Engie y Nareva. La planta desalinizadora tendrá capacidad de 112.000 metros cúbicos diarios y será alimentada por un parque eólico de 72 MW. El agua desalada —37 millones de metros cúbicos al año, según Engie— permitirá irrigar 5.000 hectáreas y alimentar tanto la expansión agrícola como el nuevo puerto atlántico de Dajla. Marruecos lo vende como sostenibilidad; el informe lo presenta como un acelerador de colonización agrícola, con evidentes semejanzas con las prácticas llevadas a cabo por Israel en Cisjordania.

En agosto de 2025, la red de riego de esas 5.000 hectáreas estaba ya prácticamente completada, y la producción agrícola prevista en la zona podría pasar de 105.000 a casi 600.000 toneladas de aquí a 2030. El estudio encargado por la propia Engie presentaba además la futura llegada de colonos marroquíes como una consecuencia positiva del proyecto.

Palas y otros componentes descargados junto la barco BBC Elizabeth en el puerto de Granadilla de Tenerife, a la espera de ser transportados en barcos más pequeños al Sáhara, y los restos de cayucos que se acumulan en las mismas instalaciones | Cedida

La conexión española aparece en varios puntos de esa arquitectura. Uno de los ejemplos más claros es Acciona. El informe de WSRW sostiene que la gran planta desalinizadora de Casablanca, presentada como una solución a la crisis hídrica marroquí, será alimentada en parte por el parque eólico de Bir Anzarane, en territorio saharaui ocupado. El proyecto de Casablanca está desarrollado por el consorcio Al Baidaa Desalination Company, integrado por Acciona con un 50%, Green of Africa con un 45% y AfriquiaGaz con un 5%. WSRW añade que el proyecto contará con financiación española y cita la participación del sistema público de apoyo a la exportación. Al mismo tiempo, el parque de Bir Anzarane, de 360 MW, está promovido por Green of Africa Dakhla, con un 30% de VINCI y un 70% de Green of Africa; alrededor del 47% de la electricidad de ese parque se destinaría a las necesidades de Casablanca.

Hay un segundo caso relevante: Cox. WSRW documenta que la ampliación de la desaladora de Agadir, que elevará la capacidad de 275.000 a 400.000 metros cúbicos diarios, está gestionada por la firma española en asociación público-privada con ONEE y el Ministerio de Agricultura marroquí. Para alimentar esa ampliación, Cox y su socio AMEA Power desarrollan un nuevo parque eólico de 150 MW en El Aaiún, ya dentro del territorio ocupado, con entrada prevista en 2027. El informe lo presenta como una ligazón directa entre la energía generada en el Sáhara Occidental y el corazón agrícola marroquí.

WSRW reveló que la carga a bordo de un envío procedente de China con destino a las Islas Canarias en 2023 contenía aerogeneradores para el Sáhara Occidental. | WSRW

Ecoblanqueando la ocupación: el hidrógeno verde

El hidrógeno verde abre otra ventana a la implicación española. WSRW identifica a Acciona como socio de ORNX junto a la estadounidense Ortus Power Resources y la alemana Nordex. Ese consorcio habría proyectado tres emplazamientos de producción de hidrógeno verde en Bojador, Dajla y El Aaiún, además de una instalación de almacenamiento y procesos industriales cerca del puerto de El Aaiún, todos ellos en el Sáhara Occidental ocupado. El mismo informe incluye a la antigua Cepsa, como socio de TAQA para producir amoníaco verde y combustible industrial, dentro de la primera ronda de proyectos aprobados por Rabat en marzo de 2025.

TSK, por su parte, aparece también en la documentación. El informe Greenwashing Occupation señala que la asturiana anunció en 2023 su participación en un proyecto de 1 GW de hidrógeno verde en Dajla, aunque sin precisar en cuál de los desarrollos concretos. La propia WSRW la incluye después en su lista de compañías que considera actualmente implicadas o con planes de implicación en proyectos energéticos en el territorio ocupado.  

En la ejecución concreta de parques eólicos ya operativos o en construcción, el rastro español se multiplica. En el parque de Foum El Oued, operativo desde 2013 y ligado al suministro eléctrico de Phosboucraa/OCP, WSRW menciona la participación de Ormazabal, junto a otras empresas internacionales y marroquíes. En Aftissat I, de 200 MW, cita a Lasarte Maroc, filial o rama marroquí de la vasca Lasarte, entre las empresas involucradas en un parque que suministra energía a OCP y LafargeHolcim Maroc. En Aftissat II, también de 200 MW y operativo desde 2023, el informe vuelve a mencionar a Lasarte, así como a Resgreen Maroc, de vínculo hispano-marroquí, y a High Maintenance Services S.L., otra compañía española. En Bojador, Siemens Gamesa aparece como suministradora de 87 turbinas.  

Aunque Siemens Gamesa es una compañía de naturaleza hispano-alemana, su papel es central en toda la infraestructura eólica del territorio. WSRW recuerda que las cuatro granjas eólicas operativas en el Sáhara Occidental tienen vínculos con empresas del grupo Siemens, hoy bajo el paraguas de Siemens Energy. La organización sostiene además que más del 99% de la energía que necesita OCP para operar en el territorio procede del parque de Foum El Oued, levantado con esas turbinas.

El rol español no se limita a la generación eléctrica. Abarca también la logística, la obra civil y el tránsito portuario. En el nuevo puerto de Dajla Atlántico, la documentación enviada por Anselmo Fariña menciona a OHLA —la antigua OHL— como suministradora de ingeniería y cubípodos para los rompeolas. En esas mismas obras aparece citada la gallega Canlemar, con base en Coruña, operando con varias dragas, entre ellas OMVAC Galicia, OMVAC Catorce y Ardenza. Fariña asegura que la OMVAC Catorce ha sido localizada también frente a la desaladora de Bir Anzarane, presumiblemente para preparar emisarios de salmuera.

La ruta de los aerogeneradores hacia el territorio ocupado también pasa por España. El informe de la última EUCOCO deja constancia de que Bilbao se mantiene como origen de algunos envíos “relacionados con Siemens Gamesa” y que Tenerife se ha consolidado como punto de transbordo entre China y el Sáhara ocupado. Registra tres barcos entre Taicang y Granadilla y trece entre Granadilla y El Aaiún, además de dos entre Bilbao y El Aaiún.  En la fase más reciente, WSRW incorpora otros dos nombres españoles o vinculados a España en el parque de Bir Anzarane: Noatum Maritime Services, en logística marítima, y la financiación española asociada al gran proyecto de Casablanca. También menciona expresamente que TSK, CESCE, Ingeteam y Noatum Maritime Services son entidades citadas en el informe.

Banda marroquí participa en los fastos del medio siglo de ocupación marroquí del Sáhara Occidental el pasado noviembre. | Efe

Un acicate para nuevos colonos marroquíes

La clave política de todo este entramado no está solo en el negocio. Está en sus consecuencias demográficas y territoriales. Fariña insiste en que los acuerdos pesqueros y las inversiones asociadas han contribuido decisivamente a la colonización marroquí del territorio.

Habla de una flota artesanal registrada de unas 10.000 pequeñas barcas asentadas en pueblos pesqueros que, junto a sus familias, implican decenas de miles de colonos. En el caso del gran proyecto agrícola al norte de Dajla, alimentado por desaladora y eólica, menciona un horizonte de 10.000 nuevos colonos solo para la explotación directa. El informe de WSRW sobre el proyecto de Engie va en la misma dirección cuando alerta de que miles de colonos podrían asentarse en el territorio por efecto de una sola empresa y de una sola infraestructura hídrico-energética.

La UE pretende ahora justificar inversiones en renovables e infraestructuras en el territorio ocupado como “beneficios para los saharauis”

Todo ello ocurre, además, en un marco jurídico que los informes saharauis consideran cada vez más nítido. El SONREP recuerda que el fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea del 4 de octubre de 2024 reiteró que los acuerdos entre la UE y Marruecos no pueden aplicarse legalmente al Sáhara Occidental sin el consentimiento explícito de su pueblo. También recoge la sentencia del Tribunal Africano de Derechos Humanos y de los Pueblos de 2022, que reafirmó el derecho saharaui a la autodeterminación y condenó la explotación continuada de los recursos del territorio.

Sin embargo, Bruselas ha optado por buscar nuevos atajos. La UE pretende ahora justificar inversiones en renovables e infraestructuras en el territorio ocupado como “beneficios para los saharauis”, reproduciendo el mismo razonamiento que la justicia europea ya había rechazado: confundir consulta con consentimiento. El informe llega a advertir de que la UE corre el riesgo de subvencionar directamente la ocupación bajo una pátina verde.

En ese tablero, Marruecos no solo no afloja; acelera. Su estrategia pasa por integrar el Sáhara Occidental en la red eléctrica marroquí y en futuros corredores internacionales. WSRW describe el proyecto de una “autopista eléctrica” de 1.400 kilómetros adjudicada en 2025 a un consorcio formado por TAQA, Nareva y el Fondo Mohammed VI. Esa línea de alta tensión transportará energía desde Dajla hasta el corazón económico marroquí y, potencialmente, hacia exportaciones futuras. El informe también recuerda la existencia del cable submarino Marruecos-España y los planes de reforzarlo con un tercer enlace, así como los estudios para una interconexión Marruecos-Portugal. El riesgo, según WSRW, es que la ocupación termine incrustada en el comercio internacional de electricidad.

Mohamed VI, rey de Marruecos, en una imagen reciente.

Un negocio 'real'

Mohamed VI y su entorno aparecen en el centro de este esquema. Fariña lo dice sin rodeos: "No hay ninguna actividad económica significativa en el territorio bajo control marroquí que no esté vinculada a la familia real o su círculo". WSRW refuerza esa idea al señalar el papel de Nareva, filial energética del holding real Al Mada, en múltiples proyectos del territorio; y al subrayar que Green of Africa y AfriquiaGaz, actores clave del caso Casablanca-Bir Anzarane, están ligados al entorno del primer ministro Aziz Akhannouch, una de las mayores fortunas de África.

"No hay ninguna actividad económica significativa en el territorio bajo control marroquí que no esté vinculada a la familia real o su círculo"

La cuestión de fondo es que el expolio ya no se limita a extraer un recurso y exportarlo. Ahora también reorganiza el territorio, reordena las rutas marítimas, fija población, revaloriza el suelo, conecta infraestructuras y convierte la ocupación en una economía compleja a largo plazo. Los fosfatos salen en graneleros hacia India o México; la arena acaba en puertos canarios; el pescado se procesa en alta mar y se lava en la cadena comercial; los tomates y, pronto, los arándanos se mezclan en Agadir; el viento de Dajla promete agua para Casablanca; la energía de El Aaiún alimentará Agadir; el hidrógeno verde se proyecta para Europa; y los puertos españoles, las refinerías españolas y varias firmas españolas siguen apareciendo en casi todos los eslabones.

Los expertos y activistas consultados alertan de que el Sáhara Occidental ya no es solo una cuestión de descolonización aplazada o de violación abstracta del derecho internacional. Es también una economía política de ocupación. Una economía material, con nombres, rutas, puertos, megavatios, dragas, desaladoras, pólizas de crédito y consejos de administración. Una economía que ha aprendido a vestirse de verde sin dejar de ser expolio. Rabat, advierte, busca apropiarse del relato. Convertir la ocupación en modernización, la colonización en inversión, el robo en transición ecológica.