La crisis en el Gobierno laborista del Reino Unido se agrava. El ministro británico de Sanidad, Wes Streeting, ha anunciado este jueves su dimisión. Este movimiento supone un duro golpe que recrudece la inestabilidad en el seno del Ejecutivo encabezado por el laborista Keir Starmer. Su liderazgo está cuestionado desde la debacle sufrida por su partido en las elecciones locales en Inglaterra, y autonómicas en Gales y Escocia del pasado 7 de mayo.
A través de un comunicado oficial, Wes Streeting ha asegurado que, a la vista de los resultados, está claro que Starmer no podrá liderar a la formación de izquierdas de cara a las próximas elecciones generales previstas para el año 2029. Starmer insiste en que ni deja el cargo ahora, aunque asume la responsabilidad de la derrota, ni piensa echarse a un lado más adelante.
Con esta salida del Gobierno, Streeting no solo marca distancia con la actual dirección, sino que se perfila claramente como un posible rival para disputarle el liderazgo del partido a Starmer. En su mensaje, el exministro ha abogado por abrir un debate sobre el futuro liderazgo de los laboristas. Ha demandado que este proceso cuente con "el mejor rango de candidatos posible". Sin embargo, aún no ha reunido los apoyos suficientes para iniciar las primarias. Necesita que le respalden 81 diputados, el 20% del grupo parlamentario laborista.
Ni visión, ni dirección
En su carta de dimisión, Wes Streeting, de 43 años, no ha dudado en señalar directamente las debilidades del actual primer ministro. Aunque reconoce fortalezas en su gestión, como la mayoría absoluta obtenida en julio de 2024 o su "coraje" internacional para mantener al Reino Unido al margen de la guerra en Irán, el exministro es tajante en sus críticas internas.
Atribuye el descalabro electoral a la profunda "impopularidad" del Ejecutivo y a "errores individuales" muy concretos, como el polémico recorte de ayudas a los pensionistas. Streeting asegura que los ciudadanos ya no saben qué defienden los labroistas. Con una dura metáfora, Streeting sentencia: "Donde necesitamos visión, tenemos una aspiradora. Donde necesitamos dirección, tenemos deriva".
Starmer ha lamentado la salida de Streeting en un comunicado, y se ha mostrado conciliador. "No me cabe duda de que seguirá desempeñando un papel importante en nuestro partido durante muchos años más. Espero que podamos trabajar juntos para demostrar que el Partido Laborista, cuando está en el poder, es capaz de abordar los problemas que nuestros oponentes aprovechan, de sembrar esperanza donde ellos quieren sembrar desesperanza y de unir a la gente donde ellos buscan la división".
Este inesperado movimiento político agrava severamente la viabilidad del Gobierno de Starmer, ya que Streeting se convierte en el primer ministro del gabinete en abandonar el barco. Su salida no es un hecho aislado, sino que se suma a la reciente renuncia de cuatro secretarios de Estado en los últimos días.
Toda esta cascada de dimisiones ha evidenciado que crece la división interna en el Partido Laborista: mientras una facción cada vez más ruidosa exige su dimisión inmediata o un plan claro de salida, otros sectores de la formación creen que una guerra fratricida en el partido sería contraproducente.
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