Por segunda vez esta semana Vladimir Putin ha negado que vaya a haber una movilización en Rusia. El líder ruso afirma que hay una campaña de desinformación vinculada a las próximas elecciones legislativas. Es extraordinario que Putin sea quien desmiente. Para eso tiene a su portavoz, Dmtri Peskov, o a María Zajarova, una zarina mediática con mucho desparpajo. Pero lo hace Putin porque sabe que a la sociedad civil le afectan estos rumores sobre la movilización. Sobre la veracidad de sus declaraciones hay dudas: en 2015 empezó a desmentir que habría una guerra con Ucrania, y siguió así incluso después de la invasión a gran escala de febrero de 2022. Tampoco reconoció que soldados norcoreanos luchaban con los rusos hasta que hubo evidencias claras.
Resulta curioso que Putin, un auténtico maestro en desinformación, acuse a Ucrania de difundir información falsa para desestabilizar. Es lo que hace Rusia de forma cada vez más clara contra los europeos, debido a su apoyo a Ucrania. Alemania es su último objetivo: es el castigo por su respaldo a Ucrania. Rusia busca debilitar al gobierno de Friedrich Merz y allanar el camino al poder al partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD).
Durante una intervención en el Foro Económico Oriental, celebrado en Vladivostok, Vladimir Putin ha sido tajante al afirmar que no existe ningún plan de movilización en Rusia relacionado con la ofensiva en Ucrania. "A día de hoy, no existe ningún escenario que requiera una movilización. Se trata de un ataque informativo por parte del enemigo en vísperas de las elecciones a la Duma, con el intento de influir en su resultado", ha puntualizado. Las elecciones de los representantes de la cámara baja del Parlamento ruso se celebran del 18 al 20 de septiembre.
Cientos de jóvenes acudieron a mediados de agosto al Tribunal Supremo para apoyar al único partido ruso, Yábloko, que aboga por negociaciones de paz, tras lo que la policía les amenazó con llevarlos a los comisariados militares, según informa la agencia Efe.
En julio, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, dijo que había recibido "información clara" de sus servicios de inteligencia, según la cual Rusia estaba preparando "para el otoño una nueva ola de movilización".
En septiembre de 2022, Moscú puso en marcha una "movilización parcial" de unos 300.000 reservistas para hacer frente a las victoriosas contraofensivas ucranianas. La medida provocó un éxodo de rusos al extranjero, por lo que las autoridades han evitado desde entonces cualquier medida similar, a pesar de las importantes bajas sufridas en el frente. Putin sostiene que quien tiene problemas de reclutamiento es Ucrania.
Los rusos sufren una sangría
En la guerra contra Ucrania han perdido la vida más de medio millón de soldados rusos, según una estimación de la directora de la agencia de inteligencia británica GCHQ (Government Communications Headquarters o Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno), ligada al Ministerio británico de Exteriores. Serían casi diez veces más que los soldados estadounidenses muertos en Vietnam.
Cada día caen en combate más de mil soldados rusos. "Rusia no es capaz de reclutar suficientes soldados para compensar esas 35.000 bajas mensuales. El 95 % de las bajas se producen mediante drones. La proporción de bajas en este momento, y perdón por ser tan macabro, es de uno a cinco. Es decir, un soldado ucraniano por cada cinco soldados rusos", dijo el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, la pasada primavera.
"Por cada kilómetro cuadrado que Rusia conquista, pierde unas mil personas. El año pasado apenas han tomado el 0,4% de territorio ucraniano. Esto no es un éxito", decía el presidente checo, Petr Pavel, en una entrevista con Christiane Amanpour.
Una escalada endiablada
Ucrania y Rusia están inmersos en una espiral de escalada que no parece tener fin. Este verano ha sido especialmente cruento. Son objetivo las infraestructuras energéticas, almacenes de empresas de distribución de mercancías, puertos y barcos con grano.. Están librando una guerra aérea de represalias cada vez más intensa en ciudades alejadas del frente. La población de ambos países está sufriendo más que en ningún otro momento desde los primeros meses de la guerra.
Con el frente prácticamente estancado, cada bando está utilizando arsenales cada vez mayores de misiles y drones para vengarse e intentar doblegar al adversario. La estrategia de Rusia es llevar al límite a Ucrania para que agoten sus arsenales y se queden sin defensa antimisiles.
Los misiles balísticos y supersónicos rusos están alcanzando ahora las ciudades ucranianas casi a su antojo, en gran parte porque Ucrania se está quedando sin misiles interceptores Patriot de fabricación estadounidense. Los nuevos drones rusos propulsados por reactores, capaces de alcanzar velocidades de 600 km por hora, realizan labores de vigilancia y se estrellan contra los objetivos. El número de víctimas civiles ucranianas es mayor que en cualquier otro momento desde las primeras cinco semanas de la guerra, y es mucho mayor que el de víctimas rusas.
No hay indicios de que la escalada vaya a detenerse a corto plazo. Putin ya ha anunciado que el invierno será duro: su intención es castigar las infraestructuras energéticas ucranianas, una vez que se hayan quedado sin sistemas de defensa antiaérea.
Ucrania no se rinde
Ucrania no puede rendirse, ya que se juega su supervivencia, y Rusia no quiere hacerlo. Putin teme que si la guerra no concluye con una victoria rusa, su vida correrá peligro. Y cuenta con un Trump, que ahora quiere reclamar a los europeos el pago de la ayuda prestada por EEUU a Kiev.
Putin, el agresor, defiende un relato que no se ajusta a los hechos. Según su versión, es Ucrania la que ataca infraestructuras civiles y es Rusia quien responde. No es así, pero está claro que Kiev está haciendo mucho daño a Rusia al amenazar con drones zonas alejadas de la frontera, y bombardeando símbolos de la economía rusa, como los almacenes de Wildberries, equivalente a Amazon.
Ucrania está desarrollando sus propios y potentes misiles balísticos, que podrían estar listos para este otoño. Si eso ocurre, la guerra entraría en una fase diferente. En su discurso del martes, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ha advertido a las compañías aéreas de que el espacio aéreo ruso se estaba "volviendo completamente inseguro", debido a los drones ucranianos, una amenaza que Putin calificó de "terrorismo de Estado". De eso sabe el líder ruso.
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