A María Zajarova (Moscú, 1974) le gusta estar en el foco de la escena mediática. Disfruta dando desplantes a los medios occidentales tanto como bailando Kalinka. Es la voz y el rostro más conocido del gobierno ruso sin ser ministra. Es la primer mujer portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. En agosto pasado cumplió cinco años en el cargo.

Es difícil que recordemos el nombre de alguno de sus predecesores. Sin embargo, María o Masha Zajarova se ha hecho notar. Es beligerante en la defensa de las acciones del gobierno ruso, especialmente desde que la Unión Europea y Estados Unidos denunciaron la invasión rusa de Ucrania y respondieron con sanciones. Pero también muestra su imagen más desenfadada en sus redes sociales. Su video en el que baila la Kalinka sola se hizo viral desde su difusión hace ya años.

En los últimos días ha dirigido sus ataques a la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya. Todo empieza con la visita del jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, el viernes 5 de febrero. El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, comparó al disidente ruso Alexei Navalni con los independentistas catalanes encarcelados en España, que ahora participan en la campaña electoral en Cataluña. Borrell pasó por alto la alusión.

Tengo un nuevo ídolo democrático. Es una mujer. La ministra española de Exteriores»

maría zajarova

Pero no lo hizo González Laya quien recordó que España es una democracia plena que está en el puesto 23, mientras Rusia ocupa el lugar 124. Añadió que en España no hay «presos políticos sino políticos presos». Zajarova dijo que esto era «propaganda occidental de alta acrobacia» y se burló de Laya. «Tengo un nuevo ídolo democrático. Es una mujer. La ministra española de Asuntos Exteriores».

Luego aprovechó que el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, se refería a los déficits democráticos en España, en una entrevista en Ara, para decir que no sabía a qué ministro de Sánchez creer, si a Laya o a Iglesias sobre la valoración democrática de nuestro país.

Más agresiva aún es con los periodistas que se atreven a plantear preguntas incómodas. En una rueda de prensa, una periodista finlandesa se atrevió a preguntarle por la campaña en contra del colectivo homosexual del líder de Chechenia, Ramzan Kadirov, aliado del Kremlin.

Zajarova entonces se dirigió al líder checheno, en el atril, al que le preguntó si no invitaría a la reportera a ir a Chechenia a buscar las respuestas a sus preguntas sobre el terreno. Kadirov está acusado de ejecuciones extrajudiciales y tortura.

A continuación se dirigió a la periodista y le dijo: «No tendrás miedo, ¿no? No estamos bromeando. Hablamos de que vayas directamente a Chechenia». Y guiñó un ojo a Kadirov, según el relato que hacen Konstantin Benyumov y Emily Tamkin en Buzzfeednews.com.

El estilo de María Zajarova nada tiene que ver con los burócratas de los tiempos soviéticos. Sabe de la capacidad de penetración de las redes sociales y de ahí que incluso ya se ha lanzado en Tik Tok, más propia de público joven y nada formal. En su Instagram alterna los detalles personales, como los adornos navideños, su mascota, o incluso su disfraz ochentero.

Pero no se olvida de lanzar misiles verbales, a veces en forma de sentencias, y otras incluso en verso. Cuando le preguntaron en 2016 por las frecuentes conversaciones entre Lavrov y su contraparte en EEUU, John Kerry, evocó unos versos de Robert Burns: «Su corazón están en Moscú. Su corazón no está aquí/ Su corazón está en Moscú cazando un oso/ Cazando no uno pardo, sino del Kremlin / Su corazón está en Moscú, donde quiera que esté John».

Prueba de su sentido del humor, rayano en el sarcasmo es el último regalo a los corresponsales destinados en Moscú. Es un gorro de invierno contra la rusofobia con indicaciones de cómo usarlo. «El efecto de este gorro se refuerza acudiendo a los encuentros oficiales en Rusia. Indicado contra el cerebro estructurado según la OTAN. Hay que cubrirse los ojos y las orejas para evitar la propaganda antirusa», decía la nota que lo acompañaba.

Infancia en China

En una entrevista con la web Meduza, Maria Zajarova comentó cómo sus padres esperaban un varón cuando nació ella. «Creo que por eso mi padre no me tomaba muy en serio. Me quiso, pero sus expectativas no eran muy altas. No era consciente de ello pero creo que eso me marcó».

Su padre, Vladimir Zajarov, era diplomático y a finales de 1981 le destinaron a Pekín. María tenía seis años y el traslado fue un shock. Dejaba un Moscú festivo y luminoso, cerca de su aniversario porque cumple el día de Nochebuena, por una ciudad polvorienta y gris. Con el tiempo aprendió a apreciar la cultura china.

La madre de María es Irina Zarajova, historiadora del arte. Trabaja en el Museo Pushkin. Quienes conocen a Irina aseguran que es como María elevada al cubo.

Vivió en Pekín 12 años. En 1991, el derrumbe de la Unión Soviética les sorprendió en China, desde donde vivieron con gran desconcierto lo que que pasaba en su país. «Regresamos a un país muy diferente», relataba Zarajova a este medio ruso, pero confiesa que nunca pensaron en irse a otro lugar.

La vuelta fue complicada porque sus padres perdieron ingresos y ella empezó en la universidad. Quería ser diplomática o corresponsal. Su madre le advirtió de lo difícil que sería para una mujer en Rusia cualquiera de las dos opciones. Pero Irina ingresó en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales. Se especializó en China y se licenció con buenas calificaciones.

Intentó entrar en el Ministerio de Exteriores, en el Departamento de Asia, pero fue rechazada. Aunque tenía un puesto en la oficina de impuestos, recurrió a los contactos de su padre que le sugirieron que probara en Prensa. Lo llevaba Vladimir Rajmanin, que conocía a los Zajarov. Pudo acceder finalmente.

En 2003 se cruzó en su vida Alexander Yakovenko, quien estaba a cargo de prensa en el Ministerio de Exteriores, y pudo exponerle sus ideas para el departamento. A Yakovenko le gustó el proyecto de modernización que Zajarova defendía para elaborar una estrategia de comunicación, y empezó a trabajar con él.

A Zajarova o la odias o la amas. Y Lavrov están entre quienes valoran realmente su labor»

En esa época conoció a Serguei Lavrov, su actual jefe en el Ministerio de Exteriores. En 2004 acaba de ser nombrado jefe de la diplomacia rusa. Procedía de la misión de la ONU en Nueva York. Allí se fue María Zajarova como jefa de prensa.

«A María Zajarova o la odias o la amas. Y Lavrov está entre los que realmente valoran su labor», dice uno de sus antiguos asesores a Buzzfeednews. Desde entonces su carrera está ligada a Lavrov, uno de los dirigentes rusos con más experiencia del Kremlin.

La decepción con Occidente

De sus años en Nueva York recuerda cómo llegó con grandes expectativas y cómo se decepcionó pronto. María Zajarova señalaba a Meduza cómo en las sesiones del Consejo de Seguridad empezó a ver cómo se hablaba de cara al público de derechos humanos, pero luego veía cómo «todo eran luchas de intereses, cinismo e hipocresía».

Precisamente uno de sus argumentos recurrentes al criticar a las democracias liberales occidentales es reprocharles su doble vara de medir a la hora de acercarse a evaluar lo que hace Rusia y lo que hacen en sus territorios. Mantiene que Rusia es víctima de una campaña de difamación, en la que participarían los medios de comunicación en connivencia con los gobiernos.

A pesar de esa decepción, Zajarova confiesa que Nueva York es una ciudad que le gusta. Allí perdió, según su versión, esa ilusión de un mundo ideal. Y también dice que descubrió cómo los periodistas estadounidenses nunca escribían nada positivo de Rusia: solo estaban interesados en temas de corrupción y crimen.

La táctica para sembrar la confusión en la opinión pública es combinar hechos con noticias falsas y tratarlas todas a conveniencia, hasta que llega un momento que el observador no sabe qué es cierto y qué no, desconfía. Y eso ahora se combina con un tono humorístico. Es parecido, como puede leerse en Cómo comunica la alt right, de Xavier Peytibi y Sergio Pérez-Diáñez, a lo que hace la alt right en Estados Unidos: cuando la cosa se pone seria, entonces se dice que no es para tanto.

Tras su paso por la ONU, la carrera de Zajarova despegó en la Presidencia de Dimitri Medvedev, y sobre todo gracias a la buena impresión que causó a Natalia Timakova, su jefa de prensa. A Timakova le gustó que Zajarova fuera proactiva y vio la ocasión de promocionar a otra mujer.

Lejos del feminismo

La madre de María Zajarova tenía razón: muy pocas mujeres llegan a embajadoras o jefas de departamento en Rusia. Pero la poderosa portavoz del Ministerio de Exteriores no cree en las cuotas, que considera que favorecen la mediocridad.

«Entre nosotros llega quien vale. No porque haya una cuota para que haya una paridad», defiende Zajarova. Suele presumir de ser una mujer femenina a la que le encanta que en Rusia siga «cultivándose la galantería y te ayuden si vas muy cargada o te abran la puerta al pasar».

En 2011 como vicedirectora del Departamento de Prensa organizaba briefings, visitas y empezó a llevar las redes sociales del Ministerio. Empezó a tener más presencia pública y a cuidar su aspecto físico. Cambió hasta la forma de vestir. Tenía claro que quería seguir su ascenso y que su imagen forma parte de su trabajo.

En 2015 logró el puesto que ahora ocupa: portavoz del Ministerio de Exteriores. Desde el atril se siente la gran defensora de la patria rusa, una zarina en la Corte de Vladimir Putin.

Recurre a las bromas de forma provocadora. En una fiesta reciente en el Ministerio se sugería que todo el mundo acudiera con trajes típicos del país de origen. Suele recordar cómo en una rueda de prensa le regalaron un traje típico búlgaro. Y baila igual la Kalinka que música serbia o pop occidental.

Le parecen una genialidad muchos de los chistes que difunden en la cuenta del Ministerio el Día de los Inocentes (el 1 de abril en Rusia). Uno de sus favoritos es el siguiente: «Hola, usted ha llamado a la embajada rusa. Si quiere que un diplomático hable con sus enemigos políticos, pulse el 1; si quiere recurrir a hackers rusos, pulse 2; si tiene preguntas sobre injerencias electorales, pulse 3 y espere al inicio de la campaña electoral. Para asegurar la calidad de nuestros servicios, esta llamada está siendo grabada».

A muchos al escuchar la broma se les congela la sonrisa. Y eso es lo que busca la más firme defensora del putinismo.