La extrema derecha ha venido para quedarse y nada como nadie en las aguas de la polarización. Sus líderes, sus ideólogos y sus partisanos saben bien cómo trasladar sus mensajes y cómo hacerlos llegar cada vez a más gente. Pasa en Estados Unidos, donde el movimiento de la alt-right (derecha alternativa) lleva años en auge y ocurre en Europa también. Mirar a otro lado o despreciar a sus seguidores solo contribuye a que el fenómeno, que pone en peligro los cimientos de la democracia, vaya a más.

Xavier Peytibi y Sergio Pérez-Diáñez han escrito Cómo comunica la alt-right: de la rana Pepe al virus chino, un ensayo en el que analizan las claves del éxito de la comunicación política de la extrema derecha y toman como referencia el movimiento de la alt-right estadounidense. Xavier Peytiby es consultor en Ideograma y Sergio Pérez-Diáñez es asesor de comunicación política en el Parlamento de Cataluña.

Las conclusiones a las que llegan dan muchas pistas sobre cómo regenerar nuestra democracia. «El lenguaje puede destruir una democracia. La alt-right comunica pensando una sociedad y emplea acepciones peyorativas, insultos… Siempre adjetiviza. Cuando generas estos marcos mentales a través del lenguaje («el otro es el enemigo»), polarizas la sociedad», explica Xavier Peytibi.

El lenguaje puede destruir una democracia. La alt-right siempre adjetiviza. Cuando generas estos marcos mentales a través del lenguaje (‘el otro es el enemigo’), polarizas la sociedad», dice Xavier Peytibi

El éxito de la extrema derecha se debe, a juicio de Peytibi, a que «tienen una estrategia comunicativa y siempre es la misma. Todo lo ven como una batalla cultural. Así obtienen notoriedad y su mensaje político, que era minoritario va ampliando su audiencia».

¿Cómo lo hacen? «Siempre hay un enemigo (interior o exterior) que tiene la culpa de todo. Ellos son el pueblo y el resto son enemigos. ‘Si no estás conmigo, estás contra el país’, es su lema. Su lenguaje es directo, sencillo y adjetivan de una manera que llama la atención: Hillary corrupta, el virus chino… así consiguen que quienes lo ven escandaloso también se hagan eco de lo que dicen o hacen», apunta Peytibi.

Xavier Peytibi es director y fundador de Beers and Politics, una plataforma que se autodefine como «un club de freaks de la política y de la comunicación política». Pérez-Diáñez también forma parte del equipo. B&P tiene unas 35.000 visitas mensuales. Organizan encuentros, editan libros y monográficos, y promueven iniciativas como 100 Mujeres de la política a quien conocer. Están presentes en unas 70 ciudades de 15 países.

De izqda. a dcha, Xavier Peytibi y Sergio Pérez-Diáñez, autores de ‘Cómo comunica la alt-right’.

La extrema derecha, esa alt-right que ha revolucionado el panorama político en Estados Unidos, provoca y humilla, traspasa las líneas rojas, y de esa manera logra su gran objetivo: notoriedad. Y, como subraya Peytibi, consiguen ser recordados (memorabilidad). Cuando sus ataques son excesivos, pura incorrección política, solucionan el problema con la alusión al sentido del humor. También recurren a la victimización: no soy quien ataca, soy una víctima: por ser hombre, por ser blanco, por votar a Trump…

«Con el humor consiguen generar mucha visibilidad y acercarse a gente no tan politizada. Así se generan comunidades en las que comparten contenidos. En esas burbujas es más fácil colar noticias falsas que refuerzan su sesgo cognitivo», apunta el autor de Las campañas conectadas.

En tiempos de coronavirus, han aprovechado para llegar a un nuevo público. «Por ejemplo, los antivacunas a los que no llegaba la extrema derecha. En momentos de incertidumbre como ahora tener un enemigo es una certeza, sea interno o externo. Y ese enemigo puede ir cambiando», remarca Peytibi.

Un movimiento, no un partido

La alt-right (alternative right) es un movimiento en el sentido estricto del término, que fue acuñado con éxito por primera vez por Richard Spencer, el supremacista blanco con más poder de Estados Unidos, en 2008 en su revista Taki’s Magazine. Mira al paleoconservadurismo, toma referencias de libertarios y del nacionalismo blanco, y siempre se opone a los conservadores del establishment republicano. Spencer dirige el National Policy Institute (NPI), con sede en Whitefish, en Montana.

«En el movimiento hay gente, en su mayoría hombres jóvenes, solteros, blancos, con dominio de la tecnología, antifeministas, antiinmigración, pero también hay quienes engrosan sus filas sin ser conscientes de hacerlo. Sus contenidos son rompedores, innovadores, y conectan con la cultura popular de los videojuegos, por ejemplo», señala Sergio Pérez-Diáñez.

La alt-right se burla de los conservadores tradicionales, a los que describen como cuckservatives (en un malabarismo verbal que alude al marido que mira pasivamente cómo su esposa practica sexo con un negro, cuckold). Los considera un peligro por impedir sus objetivos: la extrema derecha quiere cambiar el sistema.

Es la mayor diferencia con los populistas, que pueden ser e izquierdas o de derechas. Comunican igual con la creación de enemigos, internos o externos, pero los populistas buscan el poder, no cambiar el sistema.

«Como principal diferencia, encontramos su rol dentro del sistema. El populista de derechas (o autoritario) acepta las reglas y participa del juego democrático. No le gusta el sistema, ni las élites, incluso a menudo critica o intenta cambiar el poder judicial, pero no aboga por cambiar del todo esas reglas del juego. Su movimiento recoge diferentes demandas no satisfechas y las unifica, como decía Laclau, en nombre del pueblo, como excusa para conseguir el poder. Por su parte, la extrema derecha impugna este marco y sí quiere cambiarlo, y quiere, además una sociedad mucho más homogénea, obviamente a su imagen y semejanza y con su misma identidad, nacional o racial», puede leerse en Cómo comunica la alt-right: de la rana Pepe al virus chino.

Trump nunca ha sido ‘alt-right’, pero cuando Hillary los llama ‘deplorables’ desprecia a esos votantes y Trump lo aprovecha», apunta Peytibi

Así se entiende que Donald Trump es, según los autores, un populista de derechas, no un líder de extrema derecha. «Trump nunca ha sido alt-right, pero cuando Hillary Clinton los llama ‘deplorables’ comete un grave error. Desprecia a todos los votantes de la alt-right. Trump lo aprovecha. Sabe cómo comunica la alt-right porque contrató a Steve Bannon, su principal figura mediática», indica Peytibi.

Bannon, gurú electoral

Steve Bannon es el gurú electoral de la alt-right más conocido de Estados Unidos, y del mundo. Fue el último jefe de campaña de Donald Trump en 2016. Cuando nadie, y recordemos nadie, apuntaba la victoria del millonario estadounidense en las elecciones presidenciales frente a la demócrata Hillary Clinton (ex secretaria de Estado y ex primera dama), Bannon miraba a la Casa Blanca como un objetivo a su alcance.

Pérez-Diáñez ha investigado sobre Bannon y su influencia en el discurso de Trump. «Tiene una clara vocación antisistema y conoce muy bien el establishment. Ha trabajado en Hollywood, en Goldman Sachs, en el Ejército, en Breitbar News, en una campaña electoral y finalmente en la Casa Blanca. Bannon habla del sistema como ‘el partido de Davos’. Es una persona instruida, que bebe de autores como Julius Evola y René Guénon. Ve el mundo dividido en dos, con mentalidad de guerra fría, aunque el enemigo es ahora China y empresarios como Bill Gates o George Soros«, señala el politólogo. A Bannon no le importa que le retraten como un personaje oscuro, un Darth Vader.

Con Bannon, Trump encuentra el relato que le faltaba: ese relato que encaja con su visión del mundo», afirma Sergio Pérez-Diáñez

Bannon y Trump se encontraron y el tándem funcionó. «Trump llevaba muchos años queriendo presentarse. Con demócratas, republicanos… Con Bannon encuentra el relato que le faltaba: le ofrece ese relato que encaja con su visión del mundo», afirma el coautor de Cómo comunica la alt-right. «A Bannon le gusta la notoriedad porque así da a conocer sus ideas. Se cree lo que dice. Lleva toda su vida luchando por ese movimiento global de derecha populista.

Aún hoy Bannon parece que sigue creyendo que Trump es el único que puede llevar a cabo ese cambio de sistema con el que sueña. De ahí que esté dispuesto a volver a la Casa Blanca, de donde tuvo que irse, sobre todo por enfrentamientos con la hija y el yerno de Trump, Ivanka y Jared Kushner, mucho más moderados que Bannon.

Vox y la ‘alt-right’

España es en la actualidad el país más polarizado de Europa. En un espacio polarizado los mensajes de partidos como Vox se propagan a más velocidad y llegan a más gente. Un estudio de la Midwest Political Science Association realizado con 76 encuestas en 20 países entre 1996 y 2015 ya figura España en cabeza en polarización.

En España la ‘alt-right’ no se vincula con ningún partido político concreto, ni siquiera con Vox, que sí se inspira en Trump, un populista de derechas», señala Pérez-Diáñez

«El éxito de Vox tiene que ver con su notoriedad en los medios hasta diciembre de 2018, cuando logran entrar en el Parlamento andaluz. Vox lo tiene todo de populismo de derechas y elementos de la extrema derecha. Lo interesante es que van variando y eso se ve en cómo se mueve en Europa», explica Xavier Peytibi, quien recuerda cómo la alt-right es un movimiento, no un partido político.

Según Pérez-Diáñez, Vox se inspira claramente en Trump y así lo han admitido. «La alt-right está presente en España a través de las redes sociales, no se vincula con ningún partido político concreto, ni siquiera con Vox y no tiene grandes comunicadores, ni figuras intelectuales relevantes. Aún está en estado embrionario. Hay espacios en redes sociales: en YouTube, Twitter… Tiene margen de crecimiento», subraya el experto en Bannon.

Cómo frenar la polarización

Los autores de Cómo comunica la alt-right: de la rana Pepe al virus chino han intentado entender este movimiento y desentrañar su estrategia. Dejan claro que atacar a la extrema derecha, despreciar a los votantes que comulgan sus ideas, como hizo Hillary, o despreciarles como si fueran idiotas solo sirve para atizar el fuego.

«Hay que devolver la confianza en la política. La gente ha perdido la confianza en la política, en los políticos y en los medios. Este movimiento logra crecer porque en esos países se han creado las condiciones que los alimentan. La corrupción, las puertas giratorias, dan la razón a los populismos y a los antiestablishment. Solo se combate con ejemplaridad», asegura Xavier Peytibi.

La ejemplaridad y la búsqueda de consensos ayudan a recuperar la confianza en la política; es lo que puede frenar a la extrema derecha», concluye Peytibi

A juicio de Pérez-Diáñez, «lo principal es el relato. La extrema derecha se maneja muy bien en el terreno de las emociones. Los partidos tradicionales están muy encorsetados. Pueden mantener su agenda política pero comunicar de forma más innovadora. Han de buscar contenidos más apegados a la cultura millenial para llegar a los jóvenes, por ejemplo».

«Hay que contraponer una buena política a una política polarizada. La desafección política ha llegado al extremo. Hay quienes están dando ejemplo de lo contrario: Jacinda Ardern, en Nueva Zelanda, o Angela Merkel. Sus políticas unen, crean consensos y eso es lo que frena a la extrema derecha y al populismo. La gente quiere certidumbre y Merkel es certidumbre», concluye Xavier Peytibi.