¿Sabe cuántas mujeres están al frente de los gobiernos de sus países en este momento de crisis global? ¿A cuánta población representan? De los países que están en la ONU menos del 10% cuentan con una mujer como jefa de Estado o de gobierno. Apenas el 4% de la población mundial tiene a una líder al cargo de lidiar con el mayor problema al que nos enfrentamos desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en esta crisis el liderazgo femenino se está haciendo notar: desde el centro de Europa, en Alemania, hasta nuestras antípodas, en Nueva Zelanda.

¿Ser mujer garantiza saber lidiar con una pandemia? No es eso. ¿Son iguales todas las mujeres que están gestionado esta crisis con éxito? Tampoco. Aunque guardan ciertas similitudes en su forma de liderar y de comunicar.

¿A qué mujeres nos referimos como modelos? Su perfil es variado: desde la veterana Angela Merkel, en edad de jubilación y ya al final de su cuarto mandato, hasta la primera ministra más joven del mundo, la finlandesa Sanna Marin, que en noviembre cumple 35 años. Sobresalen también sus colegas nórdicas: la danesa Mette Frederiksen, la noruega Erna Solberg, así como la islandesa, Katrin Jakobsdottir.

Incluso la belga Sophie Wilmès destaca por su capacidad para el consenso en un país complejo por su diversidad nacional, y que registra una alta tasa de mortalidad, en parte debido a que suma todos los muertos en residencias. Sophie Wilmès, primera ministra por accidente en un país acostumbrado a la provisionalidad de los gobiernos en funciones, defiende la transparencia, a pesar de estos pésimos datos.

En Asia fue pionera la taiwanesa, Tsai Ing-wen, y en Oceanía la neozelandesa Jacinda Ardern, quien ha confirmado el temple que ya se vislumbró cuando afrontó el atentado de Christchurch, en marzo de 2019, el mayor de la historia de su país. En Corea del Sur, otro de los países que están gestionando bien la crisis, el presidente es Moon Jae-in, pero la epidemióloga en jefe es una mujer, Jeong Eun-kyeong, a quien conocen en su país como «la mejor cazadora de virus del mundo».

Países punteros

Es cierto que son líderes de países avanzados en ciencia, tecnología y sanidad. Alemania es el país europeo con más camas UCI por cada 100.000 habitantes. Ha realizado 650.000 test semanales desde que se empezó a reconocer la gravedad del coronavirus.

Pero también es un hecho que Angela Merkel se plantó delante de sus ciudadanos y, siguiendo las indicaciones del Robert Koch Institut, reconoció que la crisis era la peor desde 1945, que más del 60% de la población sufriría el coronavirus, y que no sería fácil, pero que saldrían adelante.

Según María Solanas, directora de Programas del Real Instituto Elcano, «se trata de países mejor preparados para abordar una pandemia y la crisis sanitaria que ha conllevado (material, equipo sanitario, etc.). Partían con mejores herramientas para hacer frente a la enfermedad. Y contaban también con excelentes líderes, sin ninguna duda, que han abordado la crisis con acierto, celeridad e innovación».

Solanas añade que estas líderes que han combatido la pandemia con acierto tienen cada una características diversas. Son de generaciones distintas: desde las treintañeras Sanna Marin o Jacinta Ardern, hasta la sexagenaria Merkel; y de temperamentos dispares, tanto como heterogéneas somos entre nosotras las mujeres. Pero a la hora de liderar hay puntos que confluyen.

Carme Colomina, investigadora del CIDOB, destaca, en primer lugar cómo resulta «una anomalía» que una mujer sea jefa de gobierno o de Estado en el siglo XXI. Hay muchos países en el mundo donde jamás una mujer ha llegado a la cumbre del poder, entre ellos España. Tampoco ha ocurrido nunca en la primera potencia global, Estados Unidos.

Sus países son muy avanzados. Ellas se distinguen por tomar medidas rápidamente y por una gran capacidad comunicativa. Su liderazgo genera confianza», dice Colomina, del CIDOB

«Estas líderes que están gestionando adecuadamente la crisis del Covid-19 son mujeres de países desarrollados y tecnológicamente muy avanzados. Hay unos rasgos característicos de cómo han encabezado la respuesta de sus gobiernos: voluntad de tomar medidas rápidamente y gran capacidad comunicativa (empatía, capacidad de pensar en la colectividad). Su liderazgo genera confianza entre la ciudadanía. En época de incertidumbre nadie tiene todas las respuestas pero para los ciudadanos es importante sentir que están en buenas manos».  

Colomina también elogia la labor de Ursula von der Leyen, como presidenta de la Comisión Europea, que ha llegado a pedir perdón a Italia, por no reaccionar a tiempo, y la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, que ha impulsado la maquinaria financiera para resolver a corto plazo la crisis.

En el otro extremo a estos países avanzados se sitúa la isla caribeña de Sint Marteen, donde es primera ministra Silveria Jacobs. En Sint Marteen solo hay dos camas de cuidados intensivos para sus 41.000 habitantes. El mensaje de Jacobs a la población el 1 de abril se ha hecho viral. «No os mováis. Si no tenéis pan en casa, comed galletas, y si no, cereales», dijo Silveria Jacobs, con determinación.

Empatía y coherencia

Hay un elemento sobresaliente que tienen en común todas estas mujeres en el poder en su gestión de la crisis del coronavirus. Todas se dieron cuenta de la gravedad de la situación, la aceptaron y reaccionaron con rapidez. No pasaron por la etapa de negación que hemos visto llevada al extremo en líderes como el presidente brasileño, Jair Mesías Bolsonaro, o el estadounidense, Donald Trump.

«En el liderazgo político se suele considerar mejores a las mujeres en sanidad y educación. Esto contribuye a que haya una percepción positiva de su gestión. Hay datos que apuntan que en países donde lideran las mujeres se invierte más en sanidad», apunta Alba Hahn, consultora política en Ideograma.

Alba Hahn destaca cuatro rasgos comunes al liderazgo de estas mujeres que lidian con el coronavirus: aceptación, control, empatía y coherencia.

Estas líderes han sido honestas desde el primer momento. Han mostrado control y empatía. Tienen credibilidad. Son coherentes», señala Alba Hahn, de Ideograma

«Han sido honestas desde el primer momento. Han reconocido el peligro de la situación y han ayudado a los ciudadanos a darse cuenta del riesgo. Han mostrado control. Y en sus discursos han sido explícitas y así se han ganado la credibilidad. Dictaron medidas de distanciamiento social pronto, y en muchos casos de confinamiento», señala Hahn.

Añade la experta cómo todas han demostrado una gran capacidad de empatía. «La resiliencia de una sociedad no viene de la evocación a la guerra, sino de reconocer las dificultades, incluso el miedo. A la vez ofrecen cuidados, explican cómo van a salvarse vidas, y muestran empatía con los más vulnerables», añade la consultora de Ideograma.

Es muy relevante cómo esta gestión ha sido coherente con el estilo de liderazgo de todas ellas. No se percibe, según Alba Hahn, como estrategia de comunicación, sino que es su forma de afrontar la crisis. Es decir, son coherentes y así son percibidas por los ciudadanos.

En lo que se refiere a los formatos comunicativos que han empleado destacan por su innovación, como la rueda de prensa exclusivamente con niños de la primera ministra noruega, Erna Solberg, que luego se ha copiado en otros países, como en España, o los espontáneos videos en Facebook de la neozelandesa Jacinda Ardern. La jovencísima Sanna Marin ha recurrido a youtubers y blogueros para llegar a los más jóvenes.

Angela Merkel, la maestra

Cuando muchos ya estaban haciendo el obituario político de la canciller, Angela Merkel, que concluye su último mandato en el poder el año próximo, y ya ha cedido el liderazgo de su partido, la CDU, ha vuelto a demostrar que es una superlíder memorable.

«Si hay una líder europea, que lo está resistiendo todo, que pone sobre la mesa la experiencia, la tranquilidad, la calma, la capacidad de unir a la Unión Europea, es ella. Ahora que está de salida es su última medalla de gestión de un cambio a escala mundial. Pocos líderes han vivido tanto en democracia y van a tener tanto impacto en la Historia. Su estilo de liderazgo será estudiado por muchas décadas. Marca un momento histórico como pocos otros», explica Alba Hahn.

A mediados de marzo compareció ante los alemanes, algo que nunca antes había hecho, salvo en los tradicionales mensajes de fin de año. Treinta millones de personas siguieron su discurso de 12 minutos. Su tono fue tranquilo y muy resolutivo.

Explicó que la situación era seria, la más grave desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y por ello se habían cerrado las fronteras, la actividad productiva y los colegios y centros académicos. «Para alguien como yo, que sabe lo que es tener restringida la libertad de movimiento, estas limitaciones solo se justifican en caso de absoluta necesidad», dijo la canciller. A su vez, aseguró que los alemanes saldrían adelante.

Merkel sabe cómo aguantar la presión, porque domina el tema que está abordando. Resulta auténtica», dice Matt Qvortrup, biógrafo de la canciller

Es la mejor intervención de Angela Merkel, a juicio de Matt Qvortrup, autor de Angela Merkel: Europe’s Most Influential Leader. «Merkel está haciéndolo muy bien. Es científica y sabe de lo que habla. Además, es una mujer tranquila, capaz de coordinar una respuesta colectiva, algo clave en esta crisis.

En el poder desde 2005, su índice de popularidad, supera el 70%. A juicio de Qvortrup, se explica por dos razones: «Primero, porque aguanta la presión, ya que domina muy bien el tema que está abordando. Además, ha estado en cuarentena, de modo que ha vivido la situación en persona. Resulta auténtica. Lo más impresionante es cómo mantiene la calma entre bambalinas».

La canciller tuvo otra intervención magistral cuando en la rueda de prensa del pasado 15 de abril mostró sus dotes didácticas y sus conocimientos científicos para explicar a los periodistas, y a la población en general, la importancia de mantener lo más bajo posible la tasa de contagios, ya que elevarla apenas una décima conlleva que el sistema sanitario se colapse dos o tres meses antes.

Mujeres con poder en España

Al frente del gobierno en España nunca ha estado una mujer. Ni siquiera hemos tenido una líder de la oposición. Pero hay presidentas de autonomías, como Isabel Díaz Ayuso, en Madrid, o líderes de partidos significativos en el Parlamento español como Ciudadanos, Inés Arrimadas.

A su vez, en el gobierno que preside Pedro Sánchez, hay 11 ministras, y 11 ministros. Tres de los cuatro vicepresidentes son mujeres (Carmen Calvo, Nadia Calviño y Teresa Ribera) son mujeres. El anterior gabinete de Sánchez tenía más mujeres que hombres, por primera vez en la Historia de España.

En esta crisis del coronavirus estamos viendo cómo reaccionan estas mujeres con poder en nuestro país. «Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha encontrado en su frontismo al gobierno central un arma para tomar relevancia política y mediática. Desplantes, retrasos y críticas están centrando su gestión mediática de la crisis, algo que difiere absolutamente del papel del alcalde de la capital, en un perfil mucho más moderado», destaca Verónica Fumanal, presidenta de la Asociación de Comunicación Política. De Díaz Ayuso destaca escenas como sus lágrimas durante la homilía, «una imagen que le beneficia de cara a su proyección».

En la sombra, debido a que por su embarazo guarda estricto confinamiento, ha estado Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos. «Ha dado a la estrategia de su partido un giro de 180 grados. Cogió las riendas de Ciudadanos en su máximo antisanchista y lo ha virado hacia una oposición constructiva, algo que parece responder a un lugar ideológico diferenciado del Partido Popular y de Vox», indica Fumanal.

La posición firme de Margarita Robles, su sinceridad, sus lágrimas y su defensa del estamento militar, está proyectándola más allá de su espacio ideológico», apunta Verónica Fumanal

Llama la atención lo silente que ha estado la vicepresidenta, Carmen Calvo, primero, a causa de haber contraído el coronavirus, pero una vez superada, puede ser cuestión estratégica, según la experta.

En el gobierno destaca, a juicio de Verónica Fumanal, la ministra de Defensa, Margarita Robles. «Su posición firme contra las salidas de pata de banco de Torra (presidente de la Generalitat), su sinceridad, sus lágrimas y su defensa del estamento militar está proyectándola más allá de su espacio ideológico… Es un perfil que está siendo alabado desde la derecha, como al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, le elogia la izquierda». La moderación es un valor al alza.

Fuente de inspiración

Hay quienes estos días dicen en Twitter que relacionar el hecho de que sean mujeres una mayoría de los líderes que están gestionando bien la crisis, es como vincular ballenas y consumo de helados. Juzguen ustedes mismos, según lo expuesto.

Hay hombres como Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, que están demostrando una capacidad de liderazgo sobresaliente también. No es exclusivo de las mujeres, es característico de un tipo de liderazgo, que ejercen muchas mujeres. No hemos observado ninguna, de las pocas mujeres al frente, que haya negado la evidencia, o haya desempeñado una gestión nefasta.

A juicio de Arwa Mahdawi, columnista de The Guardian, «la correlación no es la causa. Ser mujer no te hace automáticamente capaz para gestionar una crisis como la que vivimos. Tampoco te convierte en una líder mejor… si bien es cierto que las mujeres generalmente han tenido que ser mejores para convertirse en líderes; nos exigen más que a un hombre para que se nos tome en serio. Siempre con notables excepciones».

Hay algo muy relevante para otras mujeres en la labor que están realizando estas líderes en la actualidad. Son fuente de inspiración. Como dice Angela Paloma Martín, en su libro Más políticas para otra política, “Si vemos que las mujeres pueden ser presidentas, otras mujeres pueden inspirarse en su figura. Más mujeres conlleva el que más mujeres se animen a participar y a ejercer el poder”.

Superar la identificación del liderazgo como algo preferentemente masculino es necesario para avanzar en una imprescindible redistribución del poder político», afirma Solanas

El mundo está cambiando y estamos en un momento de transición. También la forma de liderar ha de evolucionar. La sociedad lo demanda.

«Superar la identificación del liderazgo como algo preferentemente masculino es necesario para avanzar en una imprescindible redistribución del poder político. El éxito de estas primeras ministras lo pone de manifiesto», señala María Solanas, del Real Instituto Elcano. Y añade la investigadora: «La sociedad que vendrá tras la pandemia requerirá, quizá más si cabe, de estos nuevos liderazgos: inclusivos, eficaces, que den respuestas sofisticadas a problemas complejos, y sean capaces de transmitirlas de manera clara y transparente. En definitiva, enfocados a ir con la sociedad, no detrás de ella».

Ese es el rasgo más sustancial de mujeres tan heterogéneas como Angela Merkel o Sanna Marin. Están a la escucha y saben que han de rendir cuentas. Algo se mueve con esta pandemia.

Los ciudadanos están dispuestos a perder libertades para protegerse y proteger al otro, pero quieren líderes que resuelvan, que se pongan en su lugar y que den confianza. Mujeres como Angela Merkel, Jacinta Ardern, o la taiwanesa Tsai Ing-wen saben cómo hacerlo.