La primavera comienza en Hubei, la provincia china donde se encuentra Wuhan, donde se registraron los primeros casos de coronavirus en el mundo. El 1 de diciembre de 2019 es cuando China confirma contagios de un tipo de neumonía desconocida hasta entonces. 

Este miércoles Hubei, donde viven 56 millones de personas, recupera la movilidad. En la ciudad de Wuhan, de 11 millones, han de esperar hasta el 8 de abril. Quieren salir a tiempo de ver los cerezos en flor. 

El confinamiento estricto ha servido a China para ganar el primer pulso al coronavirus. No se registran casos locales desde hace dos días. En total, se han registrado más de 81.000 casos en este país de 1.500 millones de habitantes, y más de 3.000 muertes. En Italia ya han confirmado más del doble de fallecimientos. 

El reto ahora en China es evitar nuevas oleadas. La gripe de 1918, la mal llamada gripe española, tuvo tres oleadas. Mientras no haya vacuna, seguiremos expuestos al contagio, salvo quienes hayan pasado la enfermedad. En teoría. 

“El número de infecciones en ausencia de una vacuna no se puede evitar, lo que se puede hacer es espaciar las infecciones en el tiempo, o fragmentarlas. Pero el número total de infecciones solo se detiene cuando hay gente inmune”, afirma Carlos Chaccour, médico investigador de ISGlobal, centro impulsado por la Caixa. 

“Se habla mucho del éxito de Wuhan pero ha estado cerrada. Llevan 66 días. La ciudad sigue siendo susceptible al coronavirus”, añade Chaccour, quien tiene una amplia experiencia con enfermedades infecciosas como la malaria. 

Hay gobiernos que sí vieron venir la epidemia y reaccionaron a tiempo. Han podido mantener al coronavirus a raya.

Taiwán, el auténtico modelo chino

La prevención y una gestión rápida y eficaz han sido las claves del éxito de Taiwán, ubicada a tan solo 130 kilómetros de China. Casi un millón de taiwaneses viven o trabajan en la China continental. El riesgo de contagio era enorme. Hasta el martes 24 de marzo había registrado 216 casos, y dos fallecidos, según worldometers

De ahí que el 31 de diciembre, en cuanto China informó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la gravedad de la epidemia aplicara medidas estrictas en los aeropuertos. Incluso se anticipó a China.

Taiwán no está presente en la OMS, por el bloqueo de China, que se opone a su reconocimiento internacional y a su ingreso en organismos internacionales. Taiwán argumenta que su buena gestión de esta crisis justifica su integración.

Equipos de sanitarios empezaron realizando chequeos a quienes procedían de China, sobre todo a los que habían estado en Hubei. Cinco días más tarde ampliaron esas revisiones a quienes hubieran estado en Wuhan dos semanas antes y a quienes presentaran síntomas. Lo siguiente fue prohibir la entrada a los que llegaran desde China, Hong Kong o Macao.  

El brote del SARS en 2003, otro coronavirus, hizo que Taiwán creara el Centro Nacional de Comando de Salud para hacer frente a las pandemias. En 2003 murieron 73 personas en Taiwán. Es un organismo fundamental para recopilar datos, redistribuir recursos, investiga los casos y hace un seguimiento de los casos. Además se activó el Centro Nacional de Comando Epidémico.

Taiwán se empeñó en buscar a los posibles positivos para que estuvieran en cuarentena (15 días en este caso) y así pudiera frenarse la propagación a gran velocidad. En los edificios públicos se toma la temperatura para detectar a potenciales contagiados.

El avance tecnológico de Taiwán ha jugado a su favor. Los datos de viajes de cada ciudadano se cruzan con los sanitarios, de modo que al llegar al país la información que se tiene en el control de aduanas permite identificar a quienes presentan riesgo de estar contagiados, incluso en fase de incubación.

A todo esto se suma que el gobierno ha desarrollado una política de comunicación basada en la transparencia y la claridad a la hora de exponer los datos sobre las normas básicas para evitar la propagación y la evolución de la pandemia.

Según Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China, en Taiwán se han podido aplicar medidas estrictas: «La base cultural confuciana, por otra parte, es de mucha ayuda en Asia en crisis de estas proporciones».

Corea del Sur, los reyes del test

Esta influencia cultural, base de la civilización asiática, explica el funcionamiento social también en Corea del Sur, o en Vietnam y Japón, además de China o Taiwán. Explica esta base cultural «su reconocimiento del papel de las autoridades, el seguimiento disciplinado de los ciudadanos, o la influencia de las consignas oficiales», señala Xulio Ríos.

Es la «cultura de la reverencia, frente a la del abrazo», mediterránea, como apunta Carlos Chaccour. Esa distancia social ha ayudado a contener contagios, junto a unas normas estrictas de higiene: se usa con frecuencia el gel desinfectante, y las mascarillas.

Su estrategia, ayudada por la experiencia del SARS-1 y de su cultura de la reverencia, ha sido muy inteligente, a juicio de Chaccour. «Se ha basado en el diagnóstico activo, gratuito y masivo (incluyendo estaciones de servicio para las pruebas diagnósticas) para individuos sintomáticos, contactos de contagiados y viajeros (hasta 15.000 tests al día)», explica este médico. Es la mejor manera de cortar la transmisión. Hay una especie de cabinas telefónicas higienizadas donde se realizan.

Gracias a su desarrollo tecnológico, en Corea del Sur han popularizado las apps con las que se hace una primera criba, y además se pueden rastrear los contactos de contagiados. La información oficial ha sido útil y muy clara. A mediados de marzo ya había más recuperados que casos nuevos. Hay más de 9.000 casos y 120 muertes.

En Corea del Sur no solo se realizan pruebas para detectar a los contagiados, también a quienes son inmunes, en teoría, porque ya han pasado la enfermedad de forma asintomática. Son tests serológicos, que ya están incluso exportando.

La ventaja es que de esta manera se puede mantener cierta normalidad económica y se evita el crecimiento exponencial como aquí. No se ha colapsado su sistema sanitario.

Según Chaccour, «el éxito final dependerá si la transmisión se detiene. Han de tener cuidado con quien entra y con quien sale. Con estas aproximaciones se ven abocados a un cierre de fronteras prolongado». 

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha hablado este martes con el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, con quien ha tratado sobre la forma de luchar contra el coronavirus. Subraya cómo el G-20 será el momento en el que tratarán de «impulsar la cooperación internacional».

Singapur, el aprendizaje del SARS-1

Como Taiwán y Corea del Sur, Singapur aprendió las lecciones del coronavirus de principios del siglo XXI, el SARS-1. «En tiempo de paz, nos preparamos para pandemias como la que estamos sufriendo», reconocía al New York Times, la vicedirectora de la división de enfermedades, Lalitha Kurupathan.

A finales de enero, Singapur prohibió a los procedentes de la China continental entrar en su territorio. Todos los pasajeros tenían que tomarse la temperatura, así como a quienes accedían a los restaurantes. En los centros académicos y en las escuelas también se hace un seguimiento de la temperatura de los estudiantes. Permanecen abiertas pero con estas normas y se evitan concentraciones masivas en los comedores.

En Singapur se han realizado unos dos mil tests al día. También realizan las pruebas de serología, para detectar a los que ya tienen los anticuerpos del virus. Estos tests son gratuitos.

Guardan cuarentena de forma obligatoria quienes han tenido contacto con contagiados del Covid-19. En Singapur se han confirmado 548 casos y dos fallecidos.

Hong Kong, acción temprana

El 3 de enero en Hong Kong comenzaron a establecerse centros de detección de temperatura en todas sus entradas. Hong Kong, de 7,5 millones de habitantes, comparte frontera terrestre con China. Su nivel de exposición es altísimo. Hay hasta este martes 24 de marzo 386 casos y cuatro fallecidos.

Los turistas tuvieron que guardar 14 día de aislamiento. Los médicos recibieron instrucciones sobre alertar de los casos de fiebre y dificultades respiratorias.

«La preparación y la acción rápida son fundamentales en los primeros momentos del brote. En Europa y Estados Unidos ha faltado preparación pero también se ha reaccionado tarde», afirma Tolbert Nyenswah, profesor de la escuela de salud pública Bloomberg de la Universidad John Hopkins, a la BBC.

Alemania, pocos fallecidos

La canciller alemana, Angela Merkel, reconoció, basándose en los científicos del Instituto Robert Koch, que entre un 60% y un 80% de la población se contagiarían por coronavirus.

«Es serio. Hemos de tomárnoslo en serio», dijo en su alocución a los ciudadanos alemanes. Nunca antes se había dirigido a la nación en otra fecha que no fuera su mensaje de fin de año. Merkel ha estado en cuarentena, aunque ha dado negativo en Covid-19, tras estar en contacto con un médico que dio positivo.

Alemania ha llamado la atención de la comunidad internacional por el bajo número de fallecimientos en relación con el número de casos registrados: casi 33.000 casos y 157 muertos. En España con 40.000 positivos hay 2.800 muertos.

Según Carlos Chaccour, de ISGlobal, son varios los factores que explican estos datos: «Son cuatro factores básicamente: el número de camas en UCI por 100.000 habitantes (29 en Alemania, diez en España, ocho en Reino Unido); la enorme cantidad de tests que se realizan (160.000 a la semana); hay mayor contagio entre los jóvenes en una sociedad en la que no hay gran contacto intergeneracional; y que no se realizan pruebas retrospectivas».

Israel, la experiencia del contraterrorismo

Israel tiene experiencia identificando al enemigo. En este caso la batalla se libra contra un enemigo «invisible e inasible», en palabras del presidente francés, Emmanuel Macron, pero muy dañino.

La agencia de seguridad nacional ha sido autorizada por el primer ministro israelí en funciones, Benjamin Netanyahu, para obtener datos de los móviles de los ciudadanos con el fin de seguir sus movimientos y así controlar los contactos de los positivos en coronavirus. Es un paso sin precedentes. Una medida que se utilizaba en la lucha contra el terrorismo ahora se aplica en el combate contra la pandemia, según ha informado The New York Times.

A su vez, el Ministerio de Sanidad ha desarrollado una aplicación que se puede descargar en su página web que permite recopilar tus datos de localización y compararlos con los de gente contagiada por el coronavirus. Si coincide el usuario con el rastro de positivos, lo sabrá. La app se llama Maguen (escudo, en hebreo).

En Israel se han registrado 1.930 casos y tres fallecidos.

De Georgia a Argentina, cerrojazo fronterizo

Otra opción que manejan países donde ha llegado más tarde la epidemia ha sido el cerrojazo de las fronteras y la cuarentena estricta a los que lleguen de fuera. «En varios países de América Latina y en África se está aplicando. Solo es eficaz antes de que haya transmisión comunitaria sostenida», señala Chaccour. Así lo han hecho en Argentina, por ejemplo, o en Georgia, donde hasta se vigila por drones que la población cumpla el confinamiento.

En varios países latinoamericanos estas medidas estrictas están impidiendo a los españoles que estaban allí de turismo o como cooperantes salgan del país. En Guayaquil la alcaldesa llegó a impedir que aterrizara un avión de Iberia, listo para repatriar a españoles.

Una oportunidad única

Todas estas formas de enfrentarse a la epidemia son opciones cuyos resultados están aún por ver. Según Carlos Chaccour, médico de ISGlobal, «tenemos una oportunidad única de ver las opciones y juzgar desde nuestra cultura qué veríamos más eficaz o aplicable aquí. Hace falta tiempo y nuestro sistema sanitario empieza a desbordarse «.

Chaccour es partidario de un cierre más estricto, es decir, reducir la movilidad laboral al máximo, en el caso español. «Nos permitiría reducir la propagación epidémica exponencial y ganar tiempo. Es un precio alto pero hay que usar el tiempo en ser superficiente».

Si nos ponemos en el peor escenario, podremos prepararnos mejor. Y concluye: «Lo que tenemos en nuestra mano es hacer el bien posible hoy»