Mi hijo es como un zar”. En las biografías de Vladímir Vladimorovich Putin (Leningrado, hoy San Petersburgo, 7 de octubre de 1952) mencionan cómo el padre del presidente ruso vislumbraba a su vástago en su lecho de muerte, justo unos días antes de que Boris Yeltsin le nombrara primer ministro el 9 de agosto de 1999.  Para su madre, Maria Ivanovna, también fallecida el año de su ascenso al poder, su tercer y único hijo vivo siempre fue el rey de reyes.

La última gran obra sobre el presidente ruso, del que fuera corresponsal de The New York Times en Moscú, Steven Lee Myers, se titula precisamente The New Tsar: The Rise and Reign of Vladimir Putin y refleja de dónde viene quien ha sido designado por la revista Forbes como la persona más poderosa del mundo por cuarto año consecutivo.

De origen muy humilde, vivió con sus padres en un apartamento comunitario (kommunalka) hasta los 25 años. Según Steven Lee Myers, contó con el apoyo del alcalde de San Petersburgo, Anatoli Sobchak, de quien fue teniente de alcalde, y del presidente ruso, Boris Yeltsin, en su ascenso. Siempre se movió por un principio, según un allegado: “Recuerda siempre la lealtad y jamás perdona la traición”. Yeltsin decía de él: “Otros prometen mucho. Putin logra resultados”.

Se mueve por un principio: “Recuerda siempre la lealtad y jamás perdona la traición”. Yeltsin decía de él: “Otros prometen mucho. Putin logra resultados”

Sostiene el biógrafo que Putin, que ya es junto a Angela Merkel el líder occidental que más tiempo lleva en el poder, seguirá después de las elecciones de marzo de 2018 hasta 2024. Como un auténtico zar a la nueva usanza. Es cierto que será crucial que siga manteniendo el apoyo popular en este 2017.

Justo el año en el que se cumple un siglo de la caída del último zar, renace el nuevo zar. Incluso un religioso de la Iglesia Ortodoxa, el arcipreste Vsevolod Chaplin, aseguraba recientemente: “Somos un país con una mentalidad monárquica… aunque no sea una monarquía formal, Rusia no puede estar sin un zar”.

Nicolás de Pedro, investigador senior del CIDOB especializado en Rusia, confirma que Putin se siente cómodo cuando le llaman zar. “Cada vez aglutina más poder y se siente bien así. Es una ventaja con respecto a la Unión Europea, por ejemplo, donde resulta tan compleja la toma de decisiones”.

Cuando se cumplen 25 años del desmembramiento de la Unión Soviética, Marc Marginedas, corresponsal en Moscú de El Periódico de Cataluña, recuerda que “en la Unión Soviética el poder estaba más repartido, con el papel del Politburó, mientras que ahora Putin lo concentra todo”. El presidente ruso considera que la caída de la URSS fue el peor acontecimiento geopolítico de finales del siglo XX.

En la Unión Soviética el poder estaba más repartido, con el Politburó en activo, que lo está ahora con Vladímir Putin al mando”

La personalidad de Vladímir Putin y su biografía son vitales para entender el devenir de Rusia desde hace ya casi 18 años. Defiende los valores tradicionales y la grandeza de la patria rusa, una grandeza que se consigue mostrando poder y fuerza.

Una de las anécdotas que enriquecen The New Tsar ilustra a la perfección el talante del presidente ruso. En otoño de 1989 se encontraba destinado en Dresde como teniente coronel de la KGB. Eran los últimos días de la Alemania Oriental y había protestas en las calles.  Los cuarteles de la Stasi habían sido saqueados y Putin temía que pasara lo mismo con la sede de la KGB. Decidió tomar cartas en el asunto y, vestido de militar, pero sin mostrar arma alguna, se encaró a los manifestantes y les dijo: “Mis soldados tienen armas y yo les doy las órdenes. Si alguien irrumpe en el edificio, abriremos fuego”. No necesitó nada más para que la multitud se dispersara.

A Putin le encanta evocar este recuerdo de juventud, probablemente porque se sigue viendo como entonces, como el único garante del orden frente al caos. Para Myers su éxito es que en su ir y venir de crisis en crisis ha logrado “encarnar la estabilidad de Rusia”.

Para Nicolás de Pedro, lo que hace peligrar esa estabilidad, según la óptica del presidente ruso, son “los ataques del lobby liberal, cosmopolita y homosexual… Muchos en el Kremlin, y Putin a la cabeza, están convencidos de que hay un complot de Occidente que ha alentado las revoluciones de colores en el este de Europa, luego las primaveras… y que el objetivo es que Rusia pierda poder, es un fin geopolítico”.

Para Putin, “la voluntad popular lleva al caos… a la gente no hay que darle poder para elegir sus líderes, salvo en procesos muy controlados”

En esa visión putiniana del enemigo, tan propia del mundo del espionaje, “la voluntad popular lleva al caos. A la gente no hay que darle poder para elegir sus propios líderes, excepto en procesos muy controlados”, según afirma Steven Lee Myers. Coincidiría Putin con el dictamen de Vyacheslav Molotov, ministro de Exteriores de Stalin, quien decía: “El problema con las elecciones libres es que nunca sabes cuál será el resultado”.

Las debilidades de Occidente

De acuerdo con esta lógica, Rusia aprovecha esas debilidades de Occidente, esa defensa a ultranza de los valores básicos de la democracia, para socavar el sistema. Es lo que han puesto en práctica con éxito, según el informe de las agencias de inteligencia, en las elecciones en Estados Unidos.

Lo que se ha dado a conocer del informe señala claramente a Putin. “Evaluamos que el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenó una campaña de influencia en 2016 dirigida a las presidenciales de EEUU… Los objetivos de Rusia eran socavar la fe en el proceso democrático, denigrar a la secretaria Clinton y perjudicar la elegibilidad y su potencial presidencia. También evaluamos que Putin y el Gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por el presidente electo, Donald Trump”.

Declarado admirador de Putin, Trump ha destacado que la injerencia rusa de la que hablan las agencias de inteligencia no fue determinante en su victoria y que no hubo interferencia en el recuento. El presidente Barack Obama aprobó nuevas sanciones contra Rusia y expulsó a 35 diplomáticos, pero será Trump quien decida sobre represalias futuras y no parece dispuesto. De hecho, ha nombrado al ex directivo de Exxon Mobil, Rex Tillerson, que recibió la Orden de la Amistad de manos del propio Putin en 2013, como futuro jefe de la diplomacia.

Coinciden Nicolás de Pedro y Marc Marginedas en que el mejor escenario en las elecciones de EEUU para el Kremlin no era la victoria de Trump, sino que la líder demócrata, Hillary Clinton, ganara de forma ajustada. “Habían preparado una campaña para desacreditar al sistema, la democracia. Para Putin la democracia es un caos. La victoria de Trump les pilló por sorpresa… Putin necesita ese enemigo exterior para reforzar la cohesión interna y evitar hablar de problemas internos, como el económico o la corrupción”, señala Marginedas.

Putin necesita ese enemigo exterior para reforzar la cohesión interna y evitar hablar de los problemas internos”

La economía rusa supone el 3% del PIB mundial, según estimaciones del FMI, y depende en gran parte de los ingresos petroleros, muy ligados al precio del crudo, ahora en ligero ascenso. Cerca de las dos terceras partes de las exportaciones rusas proceden del petróleo. EEUU supondría un 16% y China un 18% del PIB global.

Aun así, Rusia dedica cerca del 5% del PIB a Defensa. Será vital la evolución económica para que Putin apuntale su liderazgo. Según Marginedas, donde menos apoyo interno tiene Putin es en la clase media de grandes ciudades como Moscú o San Petersburgo, pese a las crecientes inversiones para mejorar estas urbes.

El año 2016 concluyó con el viento favorable para Rusia. En Siria se mantiene en el poder su aliado, el presidente Bashar al Assad, a quien la aviación rusa ha prestado un inestimable apoyo para reconquistar Alepo. En Europa, los aliados del Kremlin, como los euroescépticos británicos, que lideró Nigel Farage, o franceses, con Marine Le Pen en cabeza, ganan cada vez más adeptos en estos tiempos convulsos del populismo. Y en EEUU llega el 20 de enero al poder un líder tan impredecible como Trump, que puede ser su mejor alter ego.

“Funciona con una dinámica de guerra. Para Putin el enemigo no es la OTAN, sino la Unión Europea, y por ello fue tan grave para él lo que ocurrió en Ucrania, ese acercamiento a Europa en el antiguo espacio soviético”, señala Marginedas. En opinión de Nicolás de Pedro, “Rusia es todavía una potencia débil, pero alimenta su fortaleza de la debilidad europea”.

Funciona con una dinámica de guerra. El enemigo no es la OTAN, sino la Unión Europea, y por ello fue tan grave lo que ocurrió en Ucrania”

De ahí que los temores en 2017 se concentren en las elecciones que tienen lugar en dos países cruciales para el futuro de la Unión Europea: Francia y Alemania. En Francia el Frente Nacional ha recibido apoyo financiero del Kremlin, reconocido por la propia líder Marine Le Pen, con grandes posibilidades de llegar a la segunda vuelta de las presidenciales de la próxima primavera, según los sondeos. Cuenta a su favor el presidente ruso con que el candidato de Los Republicanos, François Fillon, es también filorruso y euroescéptico.

En Alemania hay una gran preocupación por el hecho de que los hackers al servicio de Moscú hagan de las suyas y favorezcan a Alternativa por Alemania, el partido xenófobo y euroescéptico que cuenta con un 13% de apoyo en los últimos sondeos. La enemiga es la canciller Angela Merkel, que con su política de defensa de las libertades y lo que conlleva en Ucrania, por ejemplo, se ha convertido en un objetivo similar a lo que fue Hillary Clinton.

Sin embargo, para Fiodor Lukianov, director de Russia in Global Affairs, la actitud de Occidente con Rusia es paradójica: “Por un lado, consideran a Rusia como un poder en declive que trata en vano de cambiar el curso de la Historia. Por otro lado, retratan a Rusia como un enemigo cada vez más poderoso y casi omnipotente. Putin se ha convertido en una marca mundial, un símbolo de la alternativa ideológica y política al orden mundial liberal”.

Según el diplomático español Eugenio Bregolat, la actitud de Rusia se explica haciendo una revisión del pasado reciente. “Rusia ha sido muy mal tratada: Gorbachov lo dio todo gratis (la reunificación de Alemania, el fin del Pacto de Varsovia, la desintegración de la URSS) y Occidente, en vez de aceptar su casa común europea, respondió con la ampliación de la OTAN, en contra de las promesas hechas a Gorbachov”.

Bregolat considera “errores geoestratégicos garrafales” la ampliación de la OTAN a las ex repúblicas soviéticas. “Si Trump levantara las sanciones a Rusia y le prometiera formalmente que no habrá más ampliaciones de la OTAN, se corregirían en buena medida esos errores y las relaciones entre Rusia y EEUU entrarían en una nueva fase, mucho más constructiva”, señala esperanzado.

La Premio Nobel Svetlana Alexievich afirma: “Ni como sociedad ni como entidad económica tenemos la posibilidad de ser felices”

Este diplomático español afirma que la ampliación de la OTAN ya supuso continuar la Guerra Fría, aunque haya desaparecido el factor ideológico por parte de Rusia, que hoy no pretende que todo el mundo se convierta a la fe comunista. “Sin embargo, EEUU sigue empeñado en que todos se conviertan a su fe, la democracia liberal, lo que Rusia o China no aceptan”.
Svetlana Alexievich, Premio Nobel de Literatura en 2015, autora de El Homo Sovieticus, afirmaba en una entrevista reciente cómo a su juicio en la Rusia actual “ni como sociedad ni como entidad económica tenemos la posibilidad de ser felices”. Segura de que Putin, a quien ve en plena forma, seguirá en el poder, añadía: “Hemos pasado de luchar contra el comunismo a luchar contra las ratas que salen de la propia naturaleza humana. Cada persona tiene un monstruo encerrado dentro de sí. En Rusia llegó la libertad y nadie sabía lo que era realmente”.