China está de vuelta a la posición de superpotencia que considera natural, un proceso de retorno al tablero global que Juan Vázquez Rojo disecciona en su libro El regreso de China (Península). Un libro en el que este doctor en Economía examina las implicaciones de este resurgimiento y el choque entre Washington y Pekín, un escenario en el que Europa corre el riesgo de quedar atrapada.

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Vázquez Rojo analiza cómo el gigante asiático ha acelerado su liderazgo tecnológico, desafiando las previsiones de democratización occidental, y defiende la necesidad de que la Unión Europea fortalezca su autonomía estratégica ante esta nueva realidad geopolítica.

Pregunta: El título de tu libro alude al «regreso de China», a ese gigante dormido que ya está despierto. ¿Es esa la premisa?

Respuesta: Sí, más que nunca. El título, El regreso de China, alude precisamente a ese proceso de vuelta al tablero económico y geopolítico mundial. La palabra regreso es clave porque China considera que atravesó un periodo, al que denomina el «siglo de la humillación», que va aproximadamente desde las guerras del Opio, en el siglo XIX, hasta 1949. Durante esos cien años, China cree que estuvo temporalmente fuera de la historia y del escenario geopolítico y económico mundial. Ahora entiende que está regresando a la posición que considera natural: la de una superpotencia. Es algo que, por otra parte, ha sido habitual a lo largo de su historia.

P: 2008 fue un año clave porque la respuesta de China a la crisis marcó diferencias importantes con respecto a Europa.

R: Sí, también con respecto a Estados Unidos, aunque la diferencia fue especialmente clara frente a Europa. Antes de la crisis, China dependía mucho de la exportación de productos de bajo valor añadido a los países occidentales: Europa, Estados Unidos, Canadá y otros mercados. Cuando comenzó la crisis, las autoridades chinas entendieron que no podían depender tanto de esas exportaciones, porque los países occidentales atravesaban una recesión y comprarían menos productos chinos. La solución fue impulsar el mercado interno para absorber parte de la actividad económica y de los trabajadores que podían perder su empleo en la industria exportadora. 

China aprobó entonces un paquete de estímulo que superaba el 10% del PIB, destinado fundamentalmente a la inversión en infraestructuras. Fue un impulso enorme: se construyeron puertos, aeropuertos, carreteras y redes de telecomunicaciones, y se aceleró el desarrollo de las ciudades. De ese modo, se compensó la caída de la demanda externa mediante un fuerte estímulo interno. Es cierto que esta política acabó generando una burbuja inmobiliaria que comenzó a desinflarse hace algunos años y que todavía provoca problemas en China. Pero fue uno de los primeros grandes impulsos de la economía china para reducir su dependencia del sector exterior.

Parada militar del 80 aniversario de la victoria sobre Japón. | EP

P: La relación de Occidente con China se intensificó con su incorporación a la Organización Mundial del Comercio. Ese ingreso fue importante porque reconoció a China como actor económico dentro del sistema global. Sin embargo, se esperaba que el crecimiento económico condujera a una mayor democratización. Lo que no se esperaba quizá era que China se convirtiera en una potencia económica tan fuerte como la actual.

R: Ahí está la clave. Hay que analizar la estrategia de Estados Unidos desde la perspectiva de aquella época. Hablamos de finales de los años noventa, cuando comenzó a negociarse la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio.

Bill Clinton pronunció entonces un discurso muy significativo para justificar esa incorporación. Su argumento era que, si China aumentaba sus relaciones comerciales y económicas con el resto del mundo, su población mejoraría su nivel de vida y acabaría demandando mayores libertades políticas. La conclusión implícita era que el Partido Comunista probablemente terminaría cayendo y que China adoptaría un sistema parecido al estadounidense, con elecciones y competencia entre partidos.

Eso no ocurrió. China se integró en la economía mundial, creció a tasas de dos dígitos y desarrolló una potente industria tecnológica, pero sin modificar su sistema político. La estrategia estadounidense consistía en integrar a China de forma subordinada en un orden internacional liderado por Estados Unidos. Sin embargo, ocurrió lo contrario: China aprovechó esa integración para alcanzar un punto en el que puede competir de tú a tú con Estados Unidos.

Desde el punto de vista económico, Estados Unidos veía China como un país en el que sus multinacionales podían deslocalizar parte de la producción y aprovechar una mano de obra barata. Lo que no se había previsto era que China acabaría desarrollando empresas tecnológicas capaces de competir directamente con las estadounidenses. Ahí es donde esa estrategia fracasó.

P: La confianza es un valor fundamental en la economía. China se ha esforzado por transmitir estabilidad y confianza. ¿Sigue siendo un actor confiable desde el punto de vista económico?

R: Hay dos cuestiones importantes. La primera es la visión a largo plazo con la que China plantea sus estrategias económicas. El país sigue funcionando con planes quinquenales y con objetivos establecidos para períodos de cinco o diez años. Esto le ha permitido concentrarse en industrias que quería desarrollar, como las energías limpias -la solar y la eólica, las baterías, los vehículos eléctricos, la inteligencia artificial o los chips.

La existencia de objetivos claros y de planes a largo plazo proporciona estabilidad a esos sectores, porque las empresas saben que contarán con el apoyo y los recursos del Estado para alcanzar las metas fijadas. Eso da una gran estabilidad a los ecosistemas tecnológicos y de innovación.

La industria europea está sufriendo porque no puede competir con China

Juan Vázquez Rojo

China también tiene problemas económicos. El inmobiliario es uno de los más importantes. En 2021, el sector empezó a caer, en parte porque alcanzó un pico y en parte porque las autoridades querían desinflar la burbuja de forma controlada. La inversión inmobiliaria lleva cayendo más de un 10% anual desde 2022, y los precios también han descendido como consecuencia de esa crisis.

La respuesta del Gobierno chino ha consistido en impulsar otro sector para compensar la caída del inmobiliario. Ese impulso se ha dirigido fundamentalmente a las manufacturas avanzadas. Por eso hemos visto, entre otras cosas, un auge de las exportaciones de vehículos eléctricos desde 2022. No es casualidad, sino el resultado de una política específica para impulsar las manufacturas y cubrir el crecimiento que deja atrás el sector inmobiliario.

Esto también afecta al resto del mundo. La industria europea está sufriendo porque no puede competir con China, especialmente en nuevas tecnologías como los vehículos eléctricos y las baterías.

P: España está abrazando esta reconversión de la industria europea hacia el poderío chino, como antes lo hizo hacia el estadounidense y el europeo. Lo que genera tensiones, el Gobierno de Trump ha advertido a Ford sobre su alianza con la empresa china Geely en Valencia. Estamos en un territorio en el que convergen dos mundos: el occidental y el chino.

R: Es algo que ocurrirá cada vez más en otros países y sectores, porque la competencia será más seria y en el choque entre Estados Unidos y China, aunque atraviese momentos de mayor estabilidad, seguirá presente y muchos países se van a ver en medio de ese sándwich, van a tener que manejarse entre dos aguas. El caso español, dentro del contexto europeo, es muy significativo. Hay industrias que han sido fundamentales durante las últimas décadas, como la del automóvil. No solo en Alemania, sino también en España, existen cadenas de valor integradas en Europa y vinculadas a marcas importantes a escala regional y mundial, como Volkswagen, Seat, Renault o Mercedes.

Ahora esas empresas ven que el sector del automóvil, con las nuevas tecnologías -especialmente los híbridos enchufables y los eléctricos-, tiene dificultades para competir. China lleva ventaja tanto en desarrollo tecnológico como en precio.

En un primer momento, China empezó a exportar muchos vehículos eléctricos e híbridos enchufables a Europa. La industria europea comprobó que no podía competir y comenzó el debate sobre los aranceles. Se planteó establecer barreras a los vehículos chinos, pero, aun así, estos siguen entrando en el mercado europeo.

China también ha entendido que, a medida que Europa impone más barreras, puede ser conveniente invertir en fábricas de ensamblaje dentro del continente para acceder al mercado europeo y evitar los aranceles. España forma parte de esa estrategia. Mantiene, en general, una buena relación con China y fue uno de los países que no promovió la imposición de esos aranceles. China ve esta situación como una oportunidad para entrar en Europa. No solo a través de España, sino también mediante otros países periféricos, como Marruecos, donde está invirtiendo en distintas industrias y que puede servirle de plataforma de acceso al mercado europeo.

Ahora bien, esas inversiones se concentran sobre todo en las fases finales de ensamblaje. El ecosistema industrial chino no se traslada a Europa y tampoco parece probable que se cree una amplia red local de proveedores. La mayor parte de la cadena de valor seguirá estando en China. Eso genera menos valor añadido y menos actividad económica en los países receptores. La Unión Europea está intentando negociar cuestiones como la transferencia de tecnología y la creación de un ecosistema industrial propio, pero será muy difícil conseguirlo.

P: China está más distanciada de Europa y Estados Unidos en un ámbito fundamental: los chips. Hay una carrera tecnológica y parece que China está recortando distancias rápidamente. ¿Cómo ves esa carrera?

R: Hasta hace pocos años, en el periodo entre 2018 y 2021, China estaba rezagada en el ámbito de los chips, tanto en diseño como en fabricación y en la maquinaria necesaria para producirlos. Estados Unidos era consciente de esa desventaja y, por eso, en 2022 y 2023 la Administración Biden aprobó restricciones muy agresivas contra China. Entre ellas estaban los controles a la exportación de chips avanzados, de componentes con diseño estadounidense y de maquinaria para fabricar semiconductores de última generación.

El Gobierno estadounidense presionó también a Países Bajos para que ASML no exportara a China su maquinaria de litografía avanzada. China se vio muy afectada, y Huawei fue uno de los casos más claros. Sus teléfonos incorporaban tecnología estadounidense, desde los microchips y el software hasta otros componentes, y las restricciones dificultaron enormemente su fabricación.

China ha conseguido desarrollar y lanzar microchips avanzados mucho antes de lo previsto

Sin embargo, China ya contaba con planes para desarrollar su propia industria de semiconductores. Las restricciones hicieron que pisara el acelerador y destinara todavía más recursos a ese objetivo. Está saltándose etapas con mucha rapidez. Esto ha generado preocupación en Estados Unidos porque China ha conseguido desarrollar y lanzar microchips avanzados mucho antes de lo previsto. Todavía no está al nivel de los chips de Nvidia, que son referencia en inteligencia artificial, pero está avanzando mucho más rápido de lo que probablemente se esperaba.

Las restricciones estadounidenses pueden haber provocado, paradójicamente, que China acelere su desarrollo tecnológico. Y eso genera alarma en Estados Unidos, sobre todo por su relación con la carrera por la inteligencia artificial.

P: Otro ámbito en el que China parece muy avanzada es la robótica. Vemos imágenes de robots humanoides, pero no sabemos cuánto hay de propaganda y cuánto de realidad.

R: Muchas de esas exhibiciones de robots humanoides son, en buena medida, una proyección internacional: sirven para mostrar a China como una potencia tecnológica y para exhibir músculo tecnológico. Las demostraciones realizadas en grandes eventos cumplen una función narrativa y transmiten al mundo un mensaje sobre el desarrollo tecnológico del país.

Lo realmente importante es la robótica que se está incorporando a la industria. Esa tecnología permite automatizar procesos, aumentar la productividad y, en muchos casos, sustituir mano de obra. En ese terreno, China sí está avanzando muy deprisa e implantando robots en su industria a gran velocidad.

Esto puede convertirse en un problema a medio plazo. El nuevo modelo chino, basado en sectores de alto valor añadido y muy automatizados, genera menos empleo que la vieja industria. China no tiene un problema general de desempleo, pero sí dificultades específicas entre la población joven, que encuentra más obstáculos para incorporarse al mercado laboral.

P: ¿Es buena idea acercarse a China, como ha hecho España en los últimos años? ¿Cómo lo valoras desde el punto de vista político y estratégico?

R: Hay que analizarlo teniendo en cuenta los intereses de España y de la Unión Europea. La clave es mantener un grado de autonomía que impida depender por completo de un solo país o de un único proveedor.

Esto es muy difícil, porque todos los países tienen dependencias energéticas, industriales o tecnológicas, incluidos Estados Unidos y China. Pero hemos entrado en una etapa de la globalización en la que cualquier conexión -comercial, tecnológica o relacionada con las materias primas- puede convertirse en un arma o en una herramienta de presión.

Pedro Sánchez con el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, en la Casa de Huéspedes Nacional Diaoyutai, en Pekín | EFE

En algunos sectores es probablemente inevitable mantener vínculos con la industria china, como ocurre con la energía solar y eólica, las baterías o los vehículos eléctricos. Pero Europa debe conservar cierto grado de autonomía impulsando sus propias industrias, creando alianzas entre empresas europeas y negociando transferencias de tecnología.

También debería intentar que las inversiones chinas generen un ecosistema industrial en Europa. Si un país depende de otro para importar paneles solares, vehículos eléctricos, baterías o tierras raras, puede llegar un momento en que esa dependencia se utilice como instrumento de presión.

China ya emplea las tierras raras como herramienta de presión frente a Estados Unidos. El problema es que existen pocas alternativas. Europa todavía cuenta con ecosistemas industriales importantes en el automóvil y las energías renovables, y es fundamental conservarlos para evitar una subordinación excesiva tanto a China como a Estados Unidos. La Unión Europea debe impulsar más que nunca la idea de autonomía estratégica.

P: Europa podría verse obligada a elegir entre Estados Unidos y China en determinados ámbitos. Estados Unidos, especialmente con la actual Administración, ha dejado de ser un socio fiable y se ha visto que incluso está interesado en debilitar a la Unión Europea.

R: La clave es mantener la autonomía y tomar decisiones en función de los intereses de la Unión Europea. Durante la primera Administración Trump ya se hablaba en Europa de la necesidad de reforzar la autonomía estratégica, porque el socio al otro lado del Atlántico no parecía fiable.

En aquella etapa, la Unión Europea llegó a negociar con China un acuerdo de inversiones. Sin embargo, cuando Joe Biden ganó las elecciones, Europa decidió congelarlo porque confiaba en que la relación con Estados Unidos volvería a normalizarse y consideró conveniente alinearse con la política estadounidense.

Europa debería haber acelerado su autonomía estratégica durante la primera Administración Trump 

Esa confianza fue un error. Europa debería haber acelerado su autonomía estratégica durante la primera Administración Trump y haber mantenido ese proceso durante la Administración Biden. Ahora ha regresado Trump con una política más agresiva.

La Administración estadounidense puede tener interés en debilitar a la Unión Europea porque le resulta más fácil negociar con los Estados miembros por separado que con la Unión como conjunto. Europa ha perdido años en ese proceso.

La debilidad europea se ha visto también en algunas negociaciones recientes. Por ejemplo, el acuerdo alcanzado entre Ursula von der Leyen y Donald Trump tras el llamado «Día de la Liberación» supuso, en buena medida, aceptar el discurso de Trump de que la Unión Europea se aprovechaba de Estados Unidos. Es un síntoma de debilidad que Europa no puede permitirse si quiere avanzar hacia una verdadera autonomía.

Robots humanoides de china durante unas olimpiadas organizadas en Beijing. | Johannes Neudecker/dpa

P: En ningún caso podría Europa acercarse a China en materia de defensa. La subordinación europea a Estados Unidos en el ámbito militar es prácticamente total.

R: Es imposible pensar en una verdadera autonomía europea si no se desarrolla una defensa mucho más fuerte a escala continental. Gran parte de la subordinación respecto a Estados Unidos tiene que ver con la defensa y con el papel estadounidense como paraguas militar.

La guerra de Ucrania lo ha puesto claramente de manifiesto. El aparato militar europeo no puede sustituir actualmente al respaldo estadounidense, por lo que la autonomía resulta muy difícil.

En cualquier caso, no tendría sentido sustituir una dependencia por otra. Europa no debe reemplazar a Estados Unidos por China en materia de defensa.

P: La crisis de la deuda estadounidense es un asunto muy serio y podría colocar a China en otra posición. ¿Podría llegar China a sustituir al dólar?

R: Existe un debate muy interesante desde hace años sobre la posición de China respecto al dólar y sobre la posibilidad de que el yuan lo sustituya. Sin embargo, es muy difícil que eso ocurra.

El dólar sigue siendo la principal moneda en el comercio, las finanzas y el ahorro internacional por varias razones. Una de ellas es el sistema financiero estadounidense, que permite canalizar gran parte del ahorro mundial.

Cuando un país exporta productos y recibe dólares, puede mantener buena parte de esas reservas o invertirlas en el sistema financiero estadounidense: en bonos del Tesoro, bonos de agencias estadounidenses o incluso acciones. Una moneda de reserva necesita contar detrás con un sistema financiero que permita esos flujos.

El sistema financiero chino no ofrece actualmente esas condiciones. China mantiene controles de capital que limitan la entrada y salida libre de dinero. Eso dificulta que el resto del mundo pueda ahorrar en yuanes.

Es una decisión deliberada. China quiere controlar el tipo de cambio y evitar salidas masivas de capital que puedan provocar problemas financieros. También mantiene un modelo productivo asociado a un yuan probablemente infravalorado, lo que favorece sus exportaciones.

Hay condiciones del modelo productivo y financiero chino que impiden una mayor internacionalización del yuan. Esto no significa que el yuan no vaya a ganar peso en el futuro. Probablemente lo hará, pero eso no implica que vaya a sustituir al dólar. El dólar todavía tiene mucho recorrido porque no existe una alternativa plenamente sólida.

P: ¿Y el euro?

El euro podría ganar peso como moneda de reserva, porque cuenta con mercados financieros relativamente profundos. Para ello, Europa tendría que avanzar, por ejemplo, en la emisión de activos seguros y deuda conjunta de la Unión Europea. Los eurobonos podrían convertirse en un activo de reserva similar, en cierta medida, a los bonos del Tesoro estadounidense. No necesariamente sustituirían al dólar, pero permitirían que el euro ganara importancia internacional.