Lo que comenzó como una nota a pie de página en las crónicas sobre la jornada electoral de la semana pasada en Marruecos se ha convertido en un escándalo nacional de primer orden. En especial tras la detención este lunes del alcalde de Tánger, la ciudad donde tuvo lugar un supuesto intento de fraude electoral a favor del Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM), el ganador de las elecciones.

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Aunque en un primer momento las autoridades trataron de quitarle peso al asunto, la contundencia de las pruebas y la gravedad de los hechos denunciados han impedido que la Justicia marroquí mire hacia otro lado. De hecho, el Ministerio del Interior ha enviado un "comité central de inspección" a Tánger para esclarecer lo sucedido.

"Algunos incidentes aislados" fue el término empleado por el titular de Interior, Abdelouafi Laftit, para referirse a estos hechos cuando el jueves pasado presentó los resultados provisionales de las elecciones legislativas, de las que saldrá el próximo gobierno de Marruecos. Ante todo, "no afectaron el curso del proceso", aseguró el ministro.

Sin embargo, con el paso de las horas, la bola de nieve fue haciéndose más y más grande, especialmente cuando se confirmó que el alcalde de Tánger, Mounir Laymouri, señalado como uno de los responsables en el intento de fraude, había huido a España. Una fuga breve, dado que este mismo lunes ya estaba de vuelta en Marruecos. Nada más aterrizar en el aeropuerto de Tánger, en un vuelo procedente de Málaga, ha sido detenido.

Una denuncia que explotó en redes

Aunque Laymouri ha negado en todo momento que su salida del país estuviese relacionada con lo sucedido durante la jornada electoral –alegando de un encuentro profesional a motivos "estrictamente profesionales–, los tiempos son sospechosos. El edil abandonó Tánger justo después de ser señalado como responsable intelectual de un intento de amaño electoral en la escuela Al Quds de esta ciudad.

El fraude fue descubierto el mismo día de la votación, cuando un hombre fue sorprendido en el colegio electoral en posesión de papeletas ya marcadas a favor del PAM, el partido que salió ganador de las elecciones. La sospecha se levantó después de que apareciesen en una de las urnas varias papeletas colocadas en una manera poco natural para una votación espontánea.

Las personas presentes en el lugar de los hechos grabaron vídeos sobre el suceso, que corrieron como la pólvora por las redes sociales, donde generaron un gran revuelo. Ante la gravedad de los hechos, la Justicia no tuvo otra opción que abrir una investigación. Hasta el momento, se han producido cinco detenciones, de acuerdo a la información del Fiscal General del Tribunal de Apelación de Tánger: los responsables de dos mesas electorales, sus adjuntos y otra persona.

Uno de los sospechosos –miembro del PAM, según ha confirmado una fuente autorizada al diario marroquí Le360– mencionó durante el interrogatorio el nombre de Mounir Laymouri, que también pertenece al partido que se habría visto beneficiado del fraude. Cuando la Policía acudió a su casa para preguntarle por este asunto, quedó claro que el alcalde de la segunda ciudad más grande de Marruecos no se encontraba en el país.

La implicación de las autoridades

En un comunicado, la Fiscalía ha dejado clara su intención de identificar a todas las personas involucradas "independientemente de su condición o posición". A la espera de la declaración de Laymouri, la implicación de algunos responsables locales del partido que tiene bajo su responsabilidad dirigir el país durante los próximos cinco años parece evidente.

El PAM no ganó las elecciones en Tánger. Lo hizo el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), el partido islamista moderado que gobernó Marruecos durante una década y que ahora se alza como líder de la oposición. Sin embargo, aunque en esta ciudad les separa una diferencia de casi el doble de votos, ambas formaciones han obtenido un escaño por cómo está planteado el reparto según la ley electoral.

Una fuente próxima a la ONG marroquí Himam ha explicado a El Independiente que, el hecho de que los detenidos sean dos presidentes de mesa y sus adjuntos, indica que estas personas fueron elegidas "deliberadamente" por los organizadores del amaño. Y señala que la "cantidad significativa" de papeletas amañadas halladas refleja la existencia de "una plataforma industrial para producirlas".

Además, ha apuntado a otro hecho: la investigación ha revelado que el tipo de tinta utilizada en las papeletas incautadas era diferente a la empleada en el colegio electoral donde se pretendía cometer el fraude. En Marruecos, las papeletas de cada mesa electoral se marcan con un tipo de tinta específico. Sin embargo, las requisadas tenían una marca que difería ligeramente de las verdaderas.

Por lo tanto, cree que se empleó una preparación "industrial" y no una hecha a medida, dado que si esas papeletas hubiesen ido destinadas exclusivamente a esa mesa, habrían sabido qué tinta debía utilizarse. "Quien fabricó cientos de estos documentos tenía todos los incentivos para producir enormes cantidades y utilizarlas en todo el país", subraya esta fuente.

A todo esto se suma que el alcalde de Tánger fue informado de que la Policía lo estaba buscando y tuvo tiempo de escapar del país sin ser detenido en la frontera, a pesar de que se había emitido una orden de búsqueda en su contra. "Esto significa que se benefició de protección", asegura.

Mounir Laymouri, ¿un chivo expiatorio?

Las implicaciones de estas acusaciones ponen en serios apuros al PAM. La formación cosechó poco más de un millón de votos en todo el territorio marroquí. De extenderse la impresión de que este tipo de fraudes se produjeron en otros puntos del país, el resultado electoral podría ponerse en cuestión.

Se trata de la formación más próxima al Palacio. Su fundador, Fouad Alí El Himma, es amigo de la infancia y asesor personal de Mohamed VI. Por ello, en un primer momento, fueron pocos los que creyeron que las autoridades perseguirían las acusaciones vertidas en su contra. De hecho, la fuente próxima a Himam ha informado a este periódico de que, tras conocerse lo sucedido, la persona que descubrió y denunció el fraude fue detenida.

Esto fue posible gracias a una enmienda introducida este año en la ley electoral marroquí, que prevé hasta cinco años de prisión para cualquiera que afirme que hubo fraude en las elecciones y no pueda convencer a las autoridades de sus alegaciones. Sin embargo, la Justicia de Tánger se vio obligada a liberar a este hombre cuando el fraude "se hizo evidente".

Los vídeos y los testimonios de los presentes en el colegio electoral eran lo suficientemente contundentes y esclarecedores como para ser barridos debajo de la alfombra. Así, al fiscal no le quedó otra alternativa que emitir una orden de arresto internacional, impidiendo que Laymouri permaneciese más tiempo en España, a donde se había trasladado junto con su familia.

Sin embargo, muchos en Marruecos creen que el dirigente del PAM no es sino "un chivo expiatorio" dentro de un complot mayor. De hecho, algunas voces apuntan a la posibilidad de que haya recibido "garantías" por parte del Fiscal. "Sin duda intentará amenazar con arrastrar a algunos peces gordos con él si no lo rescatan", aventura una fuente conocedora de la situación.

Silencio de los observadores

A la espera de la conclusión de la investigación oficial abierta por las autoridades, la transparencia de las elecciones ha quedado puesta en entredicho. Cuando anunció los resultados, el ministro del Interior sacó pecho de que la votación se había producido "en condiciones normales y favorables". Y aludió al despliegue de más de 3.000 observadores en los centros de votación de todo el país, incluidos 200 internacionales.

El titular de la cartera aseguró que este dato reflejaba "la apertura de la experiencia marroquí a su entorno internacional y refuerza su compromiso con las mejores prácticas democráticas". Entonces, ¿por qué ninguno de estos observadores ha denunciado el intento de fraude?

La fuente próxima a Himam consultada por este diario explica que estos mecanismos internacionales de arbitraje no pretenden desatar una revolución local, sino alentar a los regímenes autoritarios a abrir márgenes de participación, por lo que en ocasiones "hacen la vista gorda ante lo que convierte las elecciones en una farsa". Así, carecen de incentivos y capacidad real para destapar fraudes sistémicos.