Donald Trump se ha volcado en las elecciones de mitad de mandato (midterms) como si su nombre fuera en la papeleta. No es así. El presidente de Estados Unidos no se juega el cargo en las urnas el 3 de noviembre, pero sí cómo seguir ejerciéndolo. Este martes se renueva por completo la Cámara de Representantes, se elige a 35 de los 100 senadores, y otro centenar de cargos estatales, entre ellos 36 gobernadores. Los republicanos se arriesgan a perder la mayoría en las dos Cámaras. En la Cámara de Representantes la derrota se considera muy probable, y en el Senado no es imposible. Con la popularidad bajo mínimos, Donald Trump será el responsable de cualquier resultado, ya que ha planteado esta votación como un plebiscito.
Wasilla, en Alaska; Bullhead City, en Arizona; Kalispell, en Montana: casi nadie ha oído hablar de estas localidades. Sin embargo, han aparecido en la lista de mítines electorales en los que ha participado Donald Trump en los últimos días. Ha apurado hasta el domingo con apariciones en Iowa y Kansas, dos de los estados donde los republicanos se disputan con los demócratas puestos cruciales en el Senado.
Incluso en estados que hasta ahora se habían mostrado decididamente conservadores, el movimiento MAGA tiene que luchar ahora por cada voto. Es el caso de Kansas, donde los americanos no han elegido un demócrata en el Senado desde 1932, y Texas, donde no pasa desde 1988.
"Ahora el pueblo americano ha de expresar con su voto qué piensa sobre Trump. El presidente está haciendo lo que dijo que iba a hacer y está teniendo consecuencias en la vida de los estadounidenses en el precio del petróleo, en el malestar social... En estas midterms han que decidir si es lo que quieren", apunta Juan Luis Manfredi, catedrático de Periodismo y Estudios Internacional en la Universidad de Castilla-La Mancha y catedrático Príncipe de Asturias en Georgetown University (2021-2024).
Votar en el surtidor de gasolina
Convencido de su infalibilidad, ha participado directamente en la campaña. "Haced como si mi nombre estuviera en las papeletas", repite en los mítines por todo el país. Pero muchos republicanos ven su omnipresencia como un lastre. Los demócratas han recogido el guante y arremeten contra el presidente y recuerdan cómo sus políticas afectan a sus bolsillos: cada vez es más elevado el coste de la gasolina, vital para el día a día de los americanos.
"La gente va a votar en el surtidor de gasolina. El galón está a 4,5 dólares y eso es algo desproporcionado. No solo porque esté caro. Es dos veces más que hace cuatro años. El norteamericano vive en el coche. Es algo de todos los días. Les afecta mucho. Por eso la palabra de moda para los demócratas es affordability. ¿Se puede vivir en EEUU con estos precios? La gente va a votar con el bolsillo", añade Manfredi.
Tom Tiffany, candidato a gobernador de Wisconsin, un fiel partidario del presidente, se lamentaba: "Mis oponentes no paran de hablar de Trump, de MAGA, de todo eso".
Barack Obama, que suele abstenerse de hacer valoraciones radicales, se ha sumado a la campaña electoral en un tono bronco. "Tras dos años de caos, crueldad, corrupción e incompetencia a una escala sin precedentes en la historia contemporánea, tenéis la oportunidad de decir: ¡Basta ya!", ha reiterado en los mítines el ex presidente demócrata.
Y el punto de inflexión para la mayoría está claro: "Hubo un momento a principios de año en el que creía que podíamos desafiar a la historia. Entonces Trump bombardeó Irán", confesaba un republicano a Politico. Por mucho que intente Trump desvincular la subida del precio de la gasolina de su intervención en Irán hasta el votante de las zonas rurales de Estados Unidos sabe que hay una conexión directa.
El tradicional vuelco de las 'midterms'
Es cierto que en las elecciones de mitad de mandato el partido del presidente en ejercicio suele recibir un toque, más o menos fuerte. Desde 1945, en 16 de 20 ocasiones el electorado ha votado contra quien ocupa el Despacho Oval.
"Es my habitual que puedan cambiar las dos Cámaras o una. Pasó con Obama, Clinton, Bush... Incluso Reagan no tuvo control de las Cámara. A priori no supone una gran tragedia. Con Trump todo es nuevo y adquiere una dimensión distinta. El entendimiento con los demócratas va a ser muy difícil o imposible. Y son las Cámaras las aprueban el presupuesto y eso afecta a las guerras en las que está involucrado. Tendrá mas difícil seguir con sus propuestas políticas", afirma José Antonio Gurpegui, director del Instituto Franklin-UAH.
En la Cámara de Representantes los republicanos parece que perderán el control. Según el informe no partidista Cook Political Report, que cita The Washington Post, durante la última semana, el campo de batalla de las contiendas reñidas se amplió y se decantó a favor de los demócratas.
Solo necesitan conseguir tres escaños netos en la Cámara de Representantes para obtener la mayoría: los republicanos cuentan actualmente con 219 escaños (incluido uno ocupado por un independiente que se alinea con ellos) frente a los 214 de los demócratas, con dos escaños vacantes.
Los republicanos se ven ahora obligados a defender distritos que antes se consideraban feudos seguros del partido, incluso en estados como Indiana, Nevada y Texas, en un entorno político que se ha vuelto en su contra.
La difícil y decisiva batalla del Senado
Los demócratas aventajan a los republicanos en casi todos los siete estados clave que determinarán qué partido controlará el Senado, según la última serie de encuestas realizadas por The New York Times y la Universidad de Siena antes de las elecciones de mitad de mandato. Para conseguir la mayoría en el Senado, los demócratas deben conservar todos los escaños que ocupan actualmente (45 y dos independientes suelen votar con los demócratas) y, además, arrebatar al menos cuatro de los que tienen ahora los republicanos.
Es una batalla difícil, ya que muchos de los escaños que necesitan ganar se encuentran en bastiones tradicionalmente republicanos. Sin embargo, las nuevas encuestas revelan que los candidatos demócratas van por delante en cinco estados que ahora cuentan con senadores republicanos (Kansas, Maine, Ohio, Texas y Alaska) y están prácticamente empatados en un sexto, Iowa. Los sondeos no incluyen a Carolina del Norte, donde lel aspirante demócrata va en cabeza y los republicanos han recortado su gasto en campaña.
En Míchigan, el único estado clave para el Senado que ahora está en manos de los demócratas, la encuesta reveló que el candidato demócrata, Abdul El Sayed, lideraba con una ventaja de dos dígitos. Sin embargo, se ha dado un giro de guion este fin de semana.
La demócrata Haley Stevens, que perdió en las primarias para la candidatura al Senado frente a Abdul El Sayed, anunció que apoyaría al candidato republicano Mike Rogers. Oficialmente, porque El Sayed parecía achacar la inflación a la política de Israel. Sin embargo, se trata sobre todo de un enfrentamiento entre la facción radical y la más moderada dentro del Partido Demócrata. A pesar de todo, El Sayed sigue teniendo opciones de imponerse a Rogers.
Según las encuestas, el descontento con el presidente Trump y la frustración por su gestión de la economía están lastrando a los republicanos. Solo el 38% de los posibles votantes aprueba la labor del presidente en los siete estados incluidos en la encuesta, una cifra sorprendentemente baja teniendo en cuenta que Trump ganó en cinco de esos estados por un margen de dos dígitos hace tan solo dos años.
Escenarios en el Congreso
Hay tres escenarios, según los resultados de estas elecciones de medio mandato. Los demócratas pueden recuperar la mayoría en las dos Cámaras, solo en la Cámara de Representantes, o en ninguna.
"Si ganan las dos Cámaras los demócratas, veremos un trumpismo más acusado. Trump intentará gobernar desde fuera, con muchas órdenes ejecutivas. Es un escenario de pesadilla porque le impedirá avanzar. No tendrá la soltura que tenía hasta la fecha", explica Juan Luis Manfredi.
Según Reuters, el presidente lleva preparándose para ese escenario, al menos desde la primavera. Pondrá a prueba, los límites del poder presidencial. "Durante uno o dos meses lo vetaré todo", anunció este fin de semana en una entrevista con el New York Post, cuando se le preguntó por las iniciativas del Congreso. "Y después, seguramente, empezaré a entablar negociaciones", añadió.
A juicio de Manfredi, "lo más probable es que ganen la Cámara de Representantes y no el Senado. La Cámara controla el presupuesto, la emisión de deuda... lo que tiene que ver con el dinero pero con el Senado mantendrían mucho poder". En caso de empate, el vicepresidente, el republicano J.D.Vance, tiene poder de veto.
"Si conservan ambas Cámaras, entonces el plebiscito trumpista resultaría a favor del presidente", apunta Manfredi. El presidente habría ganado contra pronóstico la partida.
Este resultado incidirá en la carrera presidencial de 2028. Cuanto mejor resultado obtenga Trump, más opciones tendrá J.D. Vance de ser el candidato de los republicanos. Si no, sería el secretario de Estado, Marco Rubio, el mejor situado.
¿Reconocerá los resultados si pierde?
Dado el historial de Trump, surge la pregunta de cómo reaccionará el presidente ante una posible derrota. Trump solo conoce dos tipos de elecciones: las que gana y las que no reconoce. Aunque es cierto que la Constitución estadounidense no otorga al jefe de Estado ninguna influencia en la certificación de los resultados electorales, persisten los temores de que el presidente pueda incitar a sus seguidores a los enfrentamientos callejeros, tal y como ocurrió durante el asalto al Congreso por parte del movimiento MAGA el 6 de enero de 2021.
"A día de hoy el presidente Trump está tensando el sistema pero no ha roto el sistema. Va haciendo pruebas para ver hasta dónde y cómo se puede poner a prueba la fortaleza del sistema democrático. Si el Supremo le dice que no, lo acepta y busca una triquiñuela. Creo que irá por ahí. Hablará de mala práctica en los estados en el recuento, pero no espero una reacción visceral ni muy agresiva. No tiene el trumpismo la base social y política para repetir un 6 de enero", concluye Juan Luis Manfredi.
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