Estados Unidos | Internacional Asalto al Capitolio: el último golpe de Trump

El Congreso de Estados Unidos certifica la victoria de Biden

Cuatro muertos, entre ellos una mujer por un disparo, en una insurrección alentada por el presidente

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Seguidores de Trump se manifiestan en las inmediaciones del Capitolio. EFE

El 6 de enero de 2021 es ya uno de los días más negros en la Historia de Estados Unidos. Por primera vez la democracia americana ha visto cómo una multitud asaltaba el Capitolio, la sede del poder legislativo, alentada por el presidente, Donald Trump, que se niega a reconocer su derrota en las elecciones. El presidente electo, Joe Biden, ha calificado lo sucedido como «un ataque a la democracia».

Mientras la Cámara de Representantes y el Senado realizaban una sesión conjunta para confirmar la victoria de Joe Biden, que ya ha sido ratificado en la madrugada de Washington como ha anunciado el vicepresidente, Mike Pence, miles de seguidores de Trump irrumpían en el Capitolio como unos auténticos vándalos.

Poco antes, el presidente saliente, Donald Trump, les había dicho: «Nunca nos rendiremos. No vamos a aceptar la derrota». Al tiempo les instaba a ir a la sede del legislativo a dar «fuerza» a los congresistas «más débiles». Es decir, a quienes se negaban a suscribir las tesis conspiranoicas de Trump.

«Nunca ha sucedido nada similar, un auténtico robo, en la historia americana. H sido una campaña delictiva», ha dicho el presidente a sus seguidores. «Vamos a bajar por la Avenida Pensilvania… Y vamos a intentar dar a nuestros republicanos, a los más débiles porque los más fuertes no necesitan nuestra ayuda, vamos a darles el orgullo y la determinación que necesitan para apoyar a nuestro país». Dicho y hecho.

El presidente ha asegurado que iba a acompañar a sus leales hasta el Capitolio. Finalmente no lo ha hecho. La turba, como ha dicho Joe Biden en su intervención, ha entrado por las escalinatas, tras forcejear con los agentes y se ha movido por la sede del Senado y de la Cámara de Representantes a sus anchas. Entre otras dependencias han arrasado la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que acaba de ser reelegida.

Una mujer joven, posiblemente seguidora de Trump, ha muerto por un disparo en el pecho en las inmediaciones del Capitolio. Otras tres personas también han fallecido como consecuencia de urgencias médicas en esta jornada marcada por el caos. Unos 14 agentes han resultado heridos. Hay al menos 52 arrestados.

El jefe de la policía local de Washington ha informado de que se habían encontrado dos bombas caseras en las inmediaciones de las sedes cercanas de los partidos y un automóvil con un rifle además de varios cócteles molotov.

La marcha de los manifestantes apenas ha encontrado resistencia, ya que la sede del Legislativo estaba insuficientemente protegida. Ha tenido que ser el vicepresidente, Mike Pence, quien ordene el despliegue de la Guardia Nacional.

La turba al poder

Las imágenes han provocado la estupefacción en todo el mundo. Ver a los hinchas de Trump irrumpir en una de las instituciones sagradas de la democracia estadounidense ha dejado claro hasta dónde está dispuesto a llegar Trump. No tiene límites.

Un hombre se sienta repantingado en el despacho de Nancy Pelosi, a quienes los hooligans de Trump ven como si fuera el diablo. Otra mujer ocupa el puesto del presidente del Senado, es decir, del vicepresidente Pence. Cristales rotos, gases lacrimógenos, hasta disparos.

Algunos eran Proud Boys, el grupo de supremacistas blancos al que Trump alienta. Enrique Tarrio, líder de los Proud Boys de origen cubano, había sido detenido el lunes a su llegada a Washington desde Miami.

Trump lleva diciendo a sus fans que le iban a robar la elecciones. Incluso antes de las votaciones ya afirmaba que solo ganarían los demócratas si cometían fraude.

Cuando conoció los resultados suscribió esta profecía autocumplida. Y ahora mantiene su mantra. Perdió las elecciones pero le votaron 74 millones de estadounidenses, y muchos de ellos le creen firmemente. Es su presidente. Biden consiguió superar los 81 millones de votos populares, más que ningún otro candidato en la Historia.

Toque de queda hasta el 21 de enero

En cuanto se ha sabido del caos imperante en el Capitolio la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, ha decretado el toque de queda desde las 18h, medianoche en España, hasta las 8h de la mañana. Lo va a prolongar hasta el 21 de enero, después de la toma de posesión de Joe Biden.

A su vez, unos 1.100 efectivos de la Guardia Nacional se iban a desplegar por la capital federal para intentar restablecer el orden. Ha sido el vicepresidente, Mike Pence, quien ha tomado esta decisión.

Una vez desalojados los leales a Trump, el Congreso reanudó su sesión. En una carta a los representantes y senadores, Nancy Pelosi ha dicho que había tomado esta decisión tras hablar con el Pentágono, el Departamento de Justicia y el vicepresidente, Mike Pence. No menciona al presidente.

La violencia nunca gana. La libertad gana. Esta sigue siendo la casa del pueblo»

mike pence, vicepresidente

«Sabemos la responsabilidad que asumimos. Sabemos que somos parte de la historia de una manera positiva, a pesar de las objeciones del voto en el Colegio Electoral. Seremos parte de la Historia, después de esta imagen vergonzosa de nuestro país, alentada desde el más alto nivel», afirma Pelosi. Ha añadido que lo sucedido supone «un vergonzoso ataque… a nuestra democracia. No podemos, sin embargo, dejar de lado nuestra responsabilidad de confirmar la elección de Joe Biden»

El vicepresidente Mike Pence ha intervenido al reanudarse la sesión conjunta del Congreso. «La violencia nunca gana. La libertad gana. Esta sigue siendo la Casa del Pueblo».

Algunos senadores y congresistas que iban a votar a favor de las demandas de Trump sobre los resultados se han echado atrás. Entre ellas, la senadora Kelly Loeffler, que acaba de perder su puesto en el Senado por Georgia. «En conciencia no puedo votar a favor después de lo visto», ha dicho Loeffler, una de las víctimas políticas del proceder de Trump.

Muy tajante ha sido el senador republicano Mitt Romney, quien ha calificado lo sucedido como una insurrección alentada por el presidente. «Ahora nos reunimos con motivo del orgullo dañado de un hombre egoísta y el enfado de unos seguidores a los que ha desinformado deliberadamente durante los últimos dos meses. Lo que ha pasado hoy ha sido una insurrección incitada por Trump».

El vicepresidente Pence al mando

Precisamente Trump había instado al vicepresidente Mike Pence a que no confirmara la victoria de Joe Biden en el Congreso, una prerrogativa que no tiene realmente. El vicepresidente Pence ha actuado con respeto a la Constitución y ha dicho en una carta al Congreso que su papel en la sesión era puramente protocolario.

Cuando se suspendió la sesión del Congreso por el asalto provocado por Trump, ya había intervenido el senador Mitch McConnell, el líder de los republicanos, quien instó a los congresistas y senadores que iban a seguir las demandas de Trump que no avergonzaran al partido, y mucho menos al país.

«Los votantes han hablado, los tribunales han hablado, los ganadores son Joe Biden y Kamala Harris. No corresponde al Congreso revertir lo que se ha decidido», ha dicho McConnell, quien instó primero a Trump a que fuera a los tribunales si creía que había fraude. Pero, una vez que los tribunales lo negaron, le instó a aceptar su derrota.

Sin embargo, Trump que puso después del asalto al Capitolio un par de tuits en los que pedía calma a sus seguidores, incluso un video en el que les urgía a volver a sus casas, al final de la jornada volvió a la carga. El mensaje fue censurado por Twitter. «Esto es lo que pasa cuando nos usurpan una victoria apabullante».

Twitter ha bloqueado la cuenta de Donald Trump, exigiendo que borre esos tweets. Si no lo hace, el bloqueo perdurará e incluso el equipo de la plataforma amenazó con borrar su cuenta de manera definitiva.

No es de extrañar que algunos analistas hayan empezado a especular con la posibilidad de invocar el artículo 25 para que el vicepresidente asuma las funciones del presidente hasta el 20 de enero cuando asume Joe Biden.

En Estados Unidos el presidente lo es hasta que toma el poder su sucesor y puede aprobar indultos, como ha hecho hasta ahora, o socavar los pilares de la democracia, como está haciendo Donald Trump.

El ex presidente de EEUU George W. Bush ha sido demoledor. «Así es como se disputan los resultados de elecciones en republicas bananeras, no en repúblicas democráticas. Estoy en shock por el comportamiento insensato de algunos líderes políticos desde la elección», ha dicho Bush en un comunicado.

Llamamiento de Joe Biden

La jornada empezaba bien para los demócratas cuando se confirmaba primero la victoria del reverendo Raphael Warnock en las elecciones al Senado en Georgia y horas más tarde también la de Jon Ossoff, con lo que recuperan el control de la Cámara. Después el Congreso iba a suscribir el voto del Colegio Electoral, último trámite previo a la toma de posesión.

Pero todo esto pasó a un segundo plano con las imágenes de un Washington en pleno caos. Desde Wilmington, el presidente electo, Joe Biden, se ha dirigido a los americanos a quienes ha expresado cómo la democracia está seriamente amenazada. En un día en el que debería haber sido confirmado como presidente por el Congreso, Biden ha visto algo insólito. Algo que no había sucedido antes en Estados Unidos.

A la vez aseguraba que la turba que ha entrado en el Capitolio no representa a Estados Unidos. «Estoy triste y conmocionado al ver que nuestra nación, ejemplo de luz y democracia, atraviesa este momento tan oscuro», ha dicho en una alocución, en la que ha instado a Trump a dirigirse a la nación para que se restablezca la calma. «Esto no es una protesta. Es una insurrección», ha destacado.

Biden ha pedido a Trump que claudique por fin y acepte su derrota. No lo va a hacer. Ni siquiera se descarta que pretenda repetir un acto similar el día en que asuma el demócrata Joe Biden, el 20 de enero. Lo que ha pasado este 6 de enero debería servir de lección. A todos. Especialmente a los republicanos.

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