Algo muy chocante sucede cuando casi dos años después de que el personaje se colara en nuestra vidas, los españoles sigamos sin saber quién es realmente el llamado pequeño Nicolás. Pero alguien muy importante, y muy peligroso, para la Policía o para el CNI tiene que ser, desde el momento en que hay una comisión judicial que lleva funcionando nada menos que año y medio para investigar el caso de este jovencito que recibe tratamiento de espía de alto riesgo.

Pero si chocante es el despliegue para investigar las andanzas del pequeño Nicolás,  entramos ya en el terreno de la abierta sospecha cuando leemos los detalles que acompañan a la creación y actividades de esta comisión judicial puesta en marcha por un magistrado que, como primera medida, puso al frente de las investigaciones a un comisario que acababa de ser destituido por su implicación en  la elaboración de un informe falso «a sabiendas» que implicaba sin motivo junto al susodicho Nicolás a otro antiguo comisario con el que tenía unas pésimas relaciones.

Y no sólo eso: las investigaciones deben de ser de una envergadura tal que el juez  de Instrucción que está al frente de esta nueva versión de la serie The wire ha dado la orden tajante de que de todo lo que averigüen los ¡siete! policías adscritos al caso le sea transmitido a él y sólo a él. Y ha prohibido terminantemente a todos los miembros del comando que proporcionen a sus  superiores la más mínima información que obtengan. Es decir, la materia de alto riesgo de que se compone lo que haya hecho el pequeño Nicolás a lo largo de su corta vida no puede ser más explosiva.  Porque, además, estos policías en misión especialísima tienen para trabajar un piso aparte de las dependencias policiales comunes en el que desarrollan sus pesquisas, que, por si fuera poco, están costando un auténtico dineral.

Estos son los hechos. Ahora, con perdón, la sugerencia: ¿tendría a bien su señoría explicar a los contribuyentes qué significa todo este montaje, a qué se debe semejante despliegue, qué cosa tan grave justifica esos enormes gastos? ¿Es  quizá el pequeño Nicolás el espía de cabecera de Vladimir Putin? ¿Estamos preparando un intercambio de informadores de alto nivel en un nuevo Checkpoint Charlie que los siervos de la gleba no conocemos? ¿Ha descubierto el pequeño Nicolás las armas de destrucción masiva que buscaba, y no encontró, la coalición internacional que invadió Irak con el éxito que conocemos?

Volviendo al mundo de las cosas serias: es obligación ineludible del magistrado dar todas las explicaciones ante un caso tan singular y aparentemente tan injustificable. A menos… a menos que todo este montaje esté destinado a encubrir, es decir, a tapar, a ocultar, alguna actividad de la propia policía o de los servicios secretos que hayan utilizado al atildado Nicolás para algún asunto demasiado oscuro y  no presentable. En ese caso, la exigencia de explicaciones se incrementa muchos enteros y pasa a ser de la máxima urgencia.