Si ustedes pasan de los 40 es muy posible que recuerden un juguete de la marca Congost que causó furor en las Navidades de 1980. Igual hasta lo recuerdan sus padres, pues se trató del juguete estrella de dicha campaña y como es acostumbrado debió de traer de cabeza a nuestros sufridos progenitores que recorrerían infinidad de jugueterías para conseguir el ansiado cachivache.

El juego se llamaba SOS Helicopter y consistía en un tablero y un volante que guiaba a un helicóptero sujeto al extremo de un brazo metálico. El helicóptero tenía como misión el rescate de unos pobres náufragos de un exiguo islote instalado en los márgenes del tablero que simulaba el océano. Simple y entretenido en comparación a la sofisticada oferta actual pero les aseguro que desde luego tanto a mí como a mis hermanos nos ocupó cientos de horas de muy divertido y exitoso pilotaje de salvamento.

Este vivido recuerdo de la infancia reapareció con toda claridad el pasado mes de junio cuando el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, sugirió como una posible vía de actuación la utilización del helicóptero del dinero con el objeto de insuflar vida al renqueante moribundo en que ha devenido la economía de la Eurozona. Así como en el mes de abril lo descartó tajantemente, apenas tres meses después le parecía un concepto “muy interesante”, según sus propias palabras. El helicóptero socorrista de la infancia volvía a la vida.

El helicóptero del dinero es una metáfora que utilizó el economista Milton Friedman (1912-2006) para definir un tipo de política monetaria extrema en la que un banco central para luchar contra la deflación, en teoría podría imprimir dinero para distribuir directamente a los hogares y los consumidores (dejándolo caer metafóricamente desde el cielo mediante helicópteros).

En la vida real su instrumentación es más prosaica. Que nadie salga a la calle a escudriñar los cielos en busca de aeronaves tan benefactoras, pues la cosa consistiría en que el banco central «imprimiría» dinero y lo distribuiría al público -vía los bancos nacionales y sin condiciones-  para tratar de reactivar el crecimiento económico y la inflación en una economía que funciona considerablemente por debajo de su potencial.

El helicóptero del dinero, por lo general, ha tenido consecuencias desastrosas para la inflación a lo largo de la historia

A lo largo de la historia, los programas de «helicóptero de dinero» nunca se han contemplado seriamente como una herramienta monetaria legítima a utilizar en las economías avanzadas modernas. Hay algunos casos en la historia en que se han aplicado (como la Alemania de Weimar en la década de 1920 y Zimbabue en la de 1990), pero en general con consecuencias desastrosas para la inflación.

Lo que cabe preguntarse es si, después de haber utilizado todos los mecanismos económicos existentes en el arsenal de las políticas monetarias expansivas que en el mundo han sido, tiene sentido económico y práctico acudir a esta suerte de solución final monetaria para lograr una  inflación de los precios al consumo significativa así como una demanda y crecimiento sostenidos.

En teoría y a diferencia del resto de programas (tipos de interés 0%, flexibilización cuantitativa (QE), tasas negativas, compra masiva de deuda, etc…) en el caso del helicopter money los bancos centrales comprarían deuda pública de nueva emisión. El producto de esta deuda (el dinero recién impreso) se utilizaría entonces tal vez para financiar proyectos de infraestructuras, o para una rebaja fiscal puntual como sugirió Ben Bernanke en 2002.

En cualquier caso, el dinero recién creado se utilizaría para comprar deuda pública pero el BCE se comprometería a no vender nunca los bonos ni retirar de la circulación el dinero creado para adquirirlos. De esto modo, el banco central está esencialmente “regalando” dinero al público. En teoría, esto podría incitar a los consumidores a gastar más, hacer subir los precios y en última instancia, hacer aumentar también el producto interior bruto nominal.

Han de ser los gobiernos los que adopten políticas fiscales expansivas para afontar las condiciones macroeconómicas

Conocedores los consumidores del hecho que el dinero adicional no se retiraría de la circulación, éstos deberían estar más dispuestos a gastarlo, alentando así el crecimiento económico sostenido que los esfuerzos tradicionales de QE aún no han conseguido.

Varios economistas han apoyado esta teoría, entre ellos el supervisor financiero del Reino Unido después de la quiebra de Lehman Brothers, Adair Turner o inversores de prestigio como Rai Dalio, el fundador del hedge fund Bridgewater (que gestiona casi 160.000 millones de dólares).

En mi opinión han de ser los gobiernos – que aún pueden tomar dinero prestado gratuito – los que adopten políticas fiscales expansivas para hacer frente a las condiciones macroeconómicas e inviertan resueltamente en cosas como carreteras, escuelas, tecnologías limpias y servicios públicos. Deben tomar las riendas y complementar a los Bancos Centrales que ya han hecho casi todo el trabajo. Es necesaria una mayor coordinación entre la política fiscal y la monetaria.

Las políticas monetarias expansivas que nos han acompañado durante varias décadas ya han causado distorsiones de mercado reales y palpables en forma de burbujas inmobiliarias.

Además una vez iniciado el ciclo inflacionario que pudiese producir la utilización de tal iniciativa aeronaútica, sería muy difícil detenerlo, por no hablar de lo dañada que quedaría la independencia de los bancos centrales, o que el dinero del helicóptero pudiese ser atesorado por los ciudadanos para ahorrar y no para gastar.

Tirar más leña a la hoguera monetaria expansiva no parece prudente, aunque las líneas rojas saltan a diario

En cualquier caso, tirar más leña a la hoguera monetaria expansiva no parece lo más prudente, aunque visto lo visto, las líneas rojas saltan por los aires a diario con lo que no es descartable la utilización del auxilio vía un instrumento aéreo como el del susodicho helicóptero.

Agotado el catálogo de herramientas convencionales y ante el escaso efecto positivo de esas políticas toca plantearse medidas desesperadas. Que el BCE se plantee su uso demuestra su grado de elevada frustración o la intención de familiarizar a la opinión pública y los mercados con esta idea.

Ahora mismo y a corto plazo, parece improbable que se utilice el helicóptero de dinero en su forma más pura, si bien la probabilidad ya no es cero.

Si algo hemos aprendido en los últimos años es que las políticas económicas inimaginables también pueden hacerse realidad.

En su día, Mario Draghi advirtió que haría todo lo necesario para salvar a la economía europea. Sin duda yo me lo creí, lo que no pensé nunca es que le vería hacerlo desplegando recursos por tierra, mar y… aire.


 

Carlos de Fuenmayor. Director Kessler&Casadevall AF Barcelona @cdefuenmayor