Despejada la primera y fundamental incógnita –Rajoy no va a pedir nada al PSOE, salvo que se abstenga para abrir paso a la formación de un Gobierno presidido por él- podemos empezar a hacer una descripción del panorama que le espera desde el mismo momento en que jure su cargo ante el Rey.

Algunos indicios tenemos ya, aunque habrá que esperar a que suene el gong de salida para comprobar cómo se comportan los distintos actores destinados a jugar un papel relevante. Y los indicios son las proposiciones no de ley que este mismo martes presentaron el Grupo Mixto y el PNV. La del Grupo Mixto fue presentada por el diputado independentista Francesc Homs y tenía como objeto la paralización de la Ley de Educación del PP, la llamada LOMCE, «con el fin de derogarla» y derogar también los decretos que regulan las evaluaciones finales de ESO y el Bachillerato. El Grupo Popular perdió esa votación porque Ciudadanos se abstuvo.

La proposición presentada por el PNV buscaba la derogación de la pena de prisión permanente revisable, una reforma que el Gobierno de Rajoy incluyó en el Código Penal y que está vigente desde junio de 2015 aunque está recurrida ante el Tribunal Constitucional. El Grupo Popular perdió también esa votación porque Ciudadanos se abstuvo y el PSOE, Podemos y los grupos nacionalistas sumaron sus votos y obtuvieron la mayoría absoluta.

Hay que aclarar que ninguna de esas iniciativas tendrá traducción práctica porque el Gobierno está en funciones y tiene su actividad limitada. Pero, como síntoma y como adelanto de lo que puede pasar en esta legislatura, basta.

Para empezar, se abre la duda hondísima de qué va a pasar con los Presupuestos, un proyecto que el Gobierno tiene ya preparado y puesto a punto para ser presentado para su aprobación en el Congreso. Pero los ministros Montoro y De Guindos tienen que contar ya con que su proyecto no va a salir adelante y que, cuando salga, probablemente resultará irreconocible. Lo que va a hacer el PSOE es más o menos previsible: se va a cargar toda medida de ajuste y va a querer aumentar todos los capítulos de gasto social. Para eso contará con el apoyo de buena parte de la oposición, de modo que tiene muchas papeletas para salir victorioso de ese primer desafío. La incógnita está en la postura que adopte Ciudadanos que, de momento, y en estos primeros compases en el Congreso, ha optado por abstenerse y no significarse en un sentido ni en el contrario.

El PSOE no puede permitirse ni una sola iniciativa que sea interpretada por el sector recalcitrante anti Rajoy como un signo de debilidad o de sumisión

Pero aunque los de Rivera se sumaran como un solo hombre a los de Rajoy, perderían una a una todas las votaciones porque, sumados, no tienen la mayoría. La única esperanza para Rajoy en este asunto concreto es lo que vaya a hacer el PNV, un partido que, en materia económica, siempre ha sido muy razonable. Pero, con todo y con eso, a Rajoy todavía le faltaría un voto para sacar adelante cada capítulo de esta ley, cuya aprobación es imprescindible para el país vuelva a ponerse en marcha.

Éste es el mismo futuro que les espera a los grandes proyectos con los que el PP hubiera querido afrontar la legislatura. Hablamos de la ley de Educación, de la reforma laboral, de la ley de bases de régimen local, del articulo 135 de la Constitución que en 2011 introdujo el principio de estabilidad financiera para limitar el déficit y de tantas otras leyes que van a sufrir el ataque derogador o modificador de una oposición que, si el PSOE lo quiere, va a ganar todas las votaciones.

En su discurso de investidura el hoy presidente del Gobierno propuso al Partido Socialista más de siete pactos sobre aspectos esenciales para la vida de los españoles, muchos de los cuales están incluidos en los acuerdos firmados en agosto pasado con Ciudadanos. La incógnita está en qué comportamiento va a adoptar este PSOE que, tumbado como está en la lona, no puede permitirse sin embargo ni una sola iniciativa que sea interpretada por el sector recalcitrante anti Rajoy como un signo de debilidad o de sumisión «a la derecha» porque entonces la rebelión interna volverá a incendiar de manera irremisible el partido.

Éste es el paisaje en el que se adentrará inexorablemente el nuevo Gobierno que constituya Rajoy. Por esa razón, se impone un titánico esfuerzo desde el primer minuto por parte del presidente y de los mejores de su equipo para acercar a Javier Fernández y a los demás responsables del Partido Socialista a posiciones lo más razonable que sea posible sin por ello llegar a encender la mecha del barril de dinamita sobre el que esos dirigentes están sentados.

Y eso es muy difícil. Mucho. Casi imposible.