Pueden darle todas las vueltas que quieran al asunto, pueden hacer todas las fintas de que sean capaces, pero quien observa los hechos desde fuera y tiene una mínima visión de conjunto sobre lo que está sucediendo desde hace varios años no se puede engañar: casi todas las concentraciones intimidatorias, casi todas las presiones violentas, casi todas las actitudes colectivas avasalladoras con la intención de atemorizar a la víctima, tienen una dirección y una organización planificada al detalle. Y no pueden caber muchas duda sobre la autoría de los dirigentes de Podemos en los distintos episodios de agitación callejera que hemos vivido en España desde que el 15-M tuvo cuerpo y adquirió presencia en nuestro país.

Ya puede Pablo Iglesias intentar eludir a base de bromas, ironías y trampas su responsabilidad política directa en el intolerable suceso del miércoles por la mañana en la Universidad Autónoma de Madrid. Pero es su  actitud y son sus mensajes, formulados hace muy pocos días con toda claridad públicamente y a grito pelado, por cierto, los que tienen traducción práctica en la agresión a Felipe González en la Universidad.

Lo que pasó en la Autónoma es un calco de lo que, dirigido por el propio Iglesias, le montaron a Rosa Díez en la Facultad de Políticas

Ésta no ha sido una «protesta estudiantil», como pretende Iglesias, intentando sacudirse de encima el descrédito ante la ciudadanía que conlleva asumir la dirección moral de semejante espectáculo. Éste ha sido un acto totalitario por el que se ha intentado, y conseguido, cerrarle la boca a unos señores que gozan de prestigio indudable en el país, y que tienen opinión acreditada. Y lo que se ha hecho ha sido aplastar esa opinión a base de violencia, que no otra cosa es la concentración de enmascarados que gritan insultos contra las víctimas y logran que el acto se suspenda por la imposibilidad material de celebrarlo so pena de producir actos de mayor violencia aún.

Lo que pasó en la Universidad Autónoma de Madrid es un calco de lo que, dirigido personalmente por el propio Pablo Iglesias, le montaron a Rosa Díez en la Facultad de Políticas de la Complutense en junio de 2014. Y es un calco de lo que, con la intervención estelar de Rita Maestre, organizaron las podemitas  y sus asociadas en la capilla de la misma Universidad un año después.

No hemos llegado hasta aquí para ceder el ejercicio de nuestras libertades ante quienes pretenden cercenarlas por la vía del acoso

Y es un adelanto de lo que el líder de Podemos expresó el pasado día 18 en la plaza del Dos de Mayo de Madrid: que el verdadero debate político no se hace en el Parlamento sino en la calle, que se trata de crear un «poder popular» en lugar de trabajar en las instituciones donde ellos no tienen la fuerza suficiente. Y lo dijo así: «No nacimos para transformar las reivindicaciones de la gente en parlamentarios que no muerden». Con eso y con su defensa de la necesidad da dar miedo «a los poderosos», entre los cuales puede caber todo aquél que no sea «gente», entendido ese término en su acepción más estrictamente podemita, queda completo el cuadro que está diseñando el líder de Podemos para la próxima legislatura. Y el lamentable episodio vivido en la Universidad es el aperitivo de lo que vamos a vivir de aquí a poco. Pero contra eso será necesario que todos los demócratas plantemos cara. No hemos llegado hasta aquí para terminar cediendo el ejercicio de nuestras libertades públicas ante quienes pretenden cercenarlas por la vía del acoso y la extorsión moral.

Con este panorama, no se comprende que el PSOE tenga miedo de que Podemos le arrebate su espacio político tradicional. A poco que el partido se recomponga y encuentre un líder a la altura de su historia y de su papel en la vida institucional española, el PSOE tiene un espacio inmenso esperando a ser ocupado. Todo el espacio de la izquierda moderada, de una izquierda socialdemócrata europea, sigue ahí, desierto, como un perro sin amo, esperando a que el Partido Socialista recupere la vertical y vuelva a marchar por la senda que le es propia. Pero miedo a Podemos, ninguno, porque ellos ya se están colocando en el sitio que han elegido, que es el rincón de la extrema izquierda. Muchos españoles están esperando por eso a que el PSOE regrese pronto de su viaje a la autodestrucción.