Cada vez más empresas están preocupadas por fomentar la felicidad en el trabajo. Y no sólo porque se está poniendo de moda, sino porque están convencidas de que así ganarán más dinero.

También lo creen los empleados. El 96,7% de los trabajadores españoles encuestados por Adecco en su VI estudio sobre La felicidad en el trabajo cree que un trabajador feliz es mucho más productivo.

Además, un 59,5% estaría dispuesto a cobrar menos a cambio de una mayor felicidad laboral. ¿Cómo no van entonces los que pagan a querer velar por ella? Ya hay empresas que tienen su propio gerente de la felicidad. En serio. Me salen 619 resultados en Linkedin con el cargo Chief Happines Officer.

Ojalá un despacho al que llamar cuando necesitamos alguien que nos recuerde a qué huelen las nubes y unos post-it.

Es bonito imaginar que entre la máquina de café y la fotocopiadora hubiera una puerta a la que llamar cuando uno necesita unos post-it y, ya de paso, que le recuerden a qué huelen las nubes. Los expertos en Recursos Humanos dirán que no se dedican exactamente a esto. Y tienen razón.

De hecho, el problema principal que se encuentran quienes deben velar por la felicidad de sus empleados, ahora que se ha puesto de moda, es que no se sabe muy bien ni qué es ni cómo medirla. Para Jean-Jacques Rousseau, la felicidad era estar en un barco, a la deriva, sin rumbo, como un Dios.

No es ésta precisamente la imagen de la productividad, como recuerdan los profesores André Spicer y Carl Cederström en su libro The Wellness Syndrome.

Para saber cómo podrían ser más felices los trabajadores españoles, Adecco les ha preguntado a los 2.400 profesionales encuestados qué aspectos valoran como más importantes dentro de su entorno de trabajo. Disfrutar de un buen ambiente laboral es el requisito más valorado (8,3 sobre 10). Un buen horario (8,24) y un buen salario (8,22) completan el podio.

Esto es mucho más concreto que lo de Rousseau. ¿Pero es lo mismo la satisfacción laboral que la felicidad? Sin duda, todo lo que tenga que ver con aumentar el bienestar es positivo.

No lo es tanto, sin embargo, que buscar la felicidad se instaure como un deber. «Hace que la gente se sienta peor si no puede lograrla», afirman Spicer y Cederströmen en la Hardvard Business Review. Su planteamiento contracorriente defiende que no es necesariamente positivo que veamos nuestro trabajo como una gran fuente de felicidad, ya que nos hace más dependientes a él y emocionalmente más vulnerables durante los períodos de cambio. «Y en una era de constante reestructuración de las empresas, esto puede ser peligroso», explican.

Ser feliz es mejor que no serlo. Hasta ahí todos de acuerdo. Pero no está de más vacunarse contra la obligación de tener que buscar la realización a toda costa. «Si su trabajo se siente deprimido y sin sentido», afirman estos expertos, podría ser, atención a esto, porque su empleo «es en efecto deprimente y sin sentido». No tienen que sentirse, además, fracasados por ello. Ser feliz en el trabajo es un bonus, pero no hay que convertirlo en un deber.

No obstante, en España todavía la búsqueda de la felicidad está lejos de ser una obsesión. Casi 6 de cada 10 trabajadores españoles (58,3%), según Adecco, opinan que sus empresas aún no se están poniendo en práctica políticas encaminadas a garantizar su felicidad. Y si detrás de la puerta entre la máquina de café y la fotocopiadora no hay todavía un Chief Happiness Officer, no se amargue, que nunca viene mal entrar por unos post-it.