En Podemos Andalucía estamos eligiendo dirección política para el nuevo ciclo.

He leído -y hasta escrito- algunas contribuciones que trataban de bucear hasta el fondo de la cuestión que tenemos sobre la mesa los y las inscritos andaluces en este momento.

Creo que sin estos análisis es difícil conocer el trasfondo de los debates que se están dando, como es imposible conocer cómo funciona un coche sin estudiar mecánica, pero afortunadamente la decisión que deben afrontar los inscritos es más sencilla, refiere fundamentalmente al destino y al conductor del vehículo.

A riesgo de simplificar la realidad, en las siguientes líneas intentaré explicar las dos cuestiones que para mí marcan el debate en Podemos y que serán sometidas en votación en Andalucía -y parece que pronto en España-.

El primero de estos debates esenciales es cuál debe ser la relación entre la representación que ostenta Podemos y lo que algunos llaman “la calle”: hay una corriente de opinión -que en Andalucía es la Anticapitalista de Teresa Rodríguez– que legítimamente decía el otro día en una entrevista en este mismo medio con algo más de poesía, que hay que destinar un 0,1% de los esfuerzos al trabajo institucional frente a un 99,9% a la protesta.

Esta perspectiva se encarna en una visión impugnatoria del sistema completo. Según esta corriente el problema no está en la clase política que ha ocupado nuestras instituciones -las de todos y todas- sino en las instituciones mismas y en su marco operativo, el Estado de Derecho. Esta es la lectura que apunta a “gobernar o nada”, con la firme creencia de que por un lado es de ingenuos pensar que existe democracia en España (a pesar de que paradójicamente hemos ganado los principales Ayuntamientos de España) y por tanto que los Parlamentos sirven de poco más que de engañabobos y,  por otro, que cuando gobernemos podremos actuar como nos plazca, sin ataduras.

Las instituciones españolas son francamente deficitarias y reformables, pero son deseables

Desde mi punto de vista, compartido con muchos y muchas, las instituciones españolas son francamente deficitarias y reformables, pero son deseables. Es más, creo que si creamos mecanismos contra la corrupción eficientes, las democratizamos y mejoramos la representatividad y el control ciudadano en las mismas, daríamos un salto adelante de gigante en términos de eficacia y valoración de las mismas.

Y fíjense, por supuesto que para hacerlo es imprescindible estar en las calles. Difícilmente puede  conocerse las dificultades concretas que enfrenta una familia que va ser desahuciada si no se comparten sus luchas, si no se conoce cada paso del procedimiento, de los retruécanos de las cláusulas suelo o las titulaciones. Pero al mismo tiempo difícilmente seremos útiles a esas familias si no conseguimos un marco legal que les permita salir de la angustia de la permanente resistencia.

La otra gran disyuntiva que está actualmente en el tablero es si es necesario crear nuevos consensos sociales o ser un instrumento de los mismos: El documento de Anticapitalistas (Por una Marea andaluza) apunta que “se trata de construir un nuevo sentido común haciendo crujir viejos consensos” y que para ello, por lo tanto, hay que evitar parecerse a España y los españoles.

Yo entiendo el peso de la tradición de culturas políticas en estos viejos partidos, pero honestamente, pareciera que para algunos no ha pasado el 15-M de 2011. Porque es eso precisamente lo que hizo el 15-M, la PAH y las mareas, construir un nuevo sentido común, que comparte la mayoría de los españoles -y por eso me alegro de parecerme a ellos- y que apunta cosas como que no puede desahuciarse a una familia sin solución habitacional, que es obsceno que los políticos tengan cuentas en Andorra o Panamá mientras los y las trabajadoras pagan cada día más, que no vamos a dejar que nos arrebaten nuestros servicios públicos, que el trabajo digno es un derecho, etc.

¿Que hay más cosas que a mí me gustaría cambiar? Pues claro, pero toca priorizar aquello en lo que una mayoría de este país ya está de acuerdo y que aún está muy lejos de ser conseguido.

Así que no se trata de aparecer como iluminados ante la gente y decirles que lo que piensa es un “viejo consenso” y que “hay que construir uno nuevo”, sino de reconocer los que construyó la gente en la calle y ser su instrumento. Sólo así Podemos ganar.

Entiendo que para quien está acostumbrado a la marginalidad en el tablero político resulta difícil digerir algunos de esos consensos que creó el 15-M, como el de no ser de izquierdas o derechas sino ser los de abajo, pero honestamente creo que es el momento de superarlo, pasar página y reconocer que tras las europeas el Pueblo se apropió de Podemos llenando sus círculos y construyó algo mucho más grande y mayoritario que un reducto de pureza ideológica.

Debe Podemos Andalucía continuar con la senda marcada por Anticapitalistas o debe evolucionar?

Pero más allá de este marco, nos encontramos con estas primarias convocadas de forma apresurada ante una última disyuntiva  de carácter práctico. ¿Debe Podemos Andalucía continuar con la senda marcada por Anticapitalistas o debe evolucionar? No es una cuestión baladí, ¿debe continuar diciendo que las bases de nuestros pueblos y ciudades son el centro de nuestra organización, pero sin dotarles de recursos? ¿debe continuar defendiendo, mientras se enarbola la bandera blanca y verde, la autonomía de Andalucía como sujeto político, pero sin reclamar un grupo propio en el Congreso de los Diputados para evitar pisar callos en Madrid? ¿debe continuar apelando desde el atril a la participación, pero sin establecer mecanismos reales que permitan el empoderamiento de las bases? Desde Andalucía, Plaza a Plaza tenemos y ofrecemos garantías concretas del cumplimiento real de estas y otras muchas cuestiones. Podemos Andalucía debe dejar a un lado los eslóganes pensados para los medios de comunicación y centrarse en cumplir con aquello que nuestras bases y la ciudadanía en general nos reclama.

Termino con una recomendación: ver la conferencia de Pepe Mújica en el pasado ELAP (Encuentro Latinoamericano Progresista) en Quito. Entre otras genialidades apuntaba que “No se es más radical por gritar más fuerte, una cosa es la  bulla y el griterío y otra concentrar las fuerzas para lograr los objetivos”. Saber y experiencia desde el Sur.