En la última semana los medios de comunicación se hacían eco de un suceso que de no ser por la identidad y el peso político acumulado a las espaldas de su protagonista no habría sido tal.

Josep Borrell, un hombre cuyo currículum haría palidecer al propio Zaratustra y que sin duda desborda por mucho a la inteligencia que se le supone al hombre medio, había sido víctima de un fraude pertrechado por un chiringuito financiero de los de toda la vida.

Y cómo les digo, no hablamos de un hombre cualquiera. El protagonista en cuestión es o ha sido nada más y nada menos que Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid, Doctor en Ciencias económicas por la Complutense, Master en Investigación operativa por Stanford, Master en Economía por el Instituto francés del petróleo de París, Catedrático en excedencia de matemáticas empresariales, secretario de estado, ministro de España, Eurodiputado y presidente del Parlamento Europeo.

A todos estos méritos, el interesado acaba de sumar el de estafado por un chiringuito financiero.

Un hecho como este nos debe hacer reflexionar a todos, pues si un pozo de ciencia como Borrell cae en una estafa tan evidente imagínense la indefensión en la que se encuentran la inmensa mayoría de ciudadanos de buena fe que se dejan engatusar por estos modernos vendedores de crecepelo de las finanzas.

Para ello, ahí van algunas aclaraciones:

Hay ciento de entidades desreguladas que campan a sus anchas»

En España solo las agencias y sociedades de valores, las sociedades gestoras de cartera,  las sociedades gestoras de instituciones de Inversión Colectiva, las entidades de crédito y las EAFI´s reguladas pueden prestar el servicio de asesoramiento en materia de inversión bajo la supervisión de la Comisión Nacional de Mercado de Valores y el Banco de España.

Siendo esto indiscutible, junto con estas entidades conviven en este ámbito cientos de entidades desreguladas que campan a sus anchas devastando patrimonios y contaminando nuestro sector profesional. Me estoy refiriendo a los denominados “chiringuitos financieros”.

El popular término «chiringuito financiero» define de manera informal a aquellas entidades que ofrecen y prestan servicios de inversión sin estar autorizadas para hacerlo.

No se trata de entidades más o menos solventes o con mayores o menores habilidades en la gestión financiera. Son – como los define la CNMV en sus guías informativas – sencillamente, estafadores.

Y son peligrosos porque la aparente prestación de tales servicios es sólo una tapadera con un único fin: apropiarse del capital de sus clientes.

Los chiringuitos financieros son uno de los grandes males del asesoramiento y la gestión financiera con el que los profesionales regulados nos topamos diariamente.

Constituyen un cáncer para nuestra profesión, un peligro cierto que confunde a los inversores y una intolerable injerencia por parte de aquellos cuyo único fin y código deontológico es su propio beneficio.

La letal combinatoria de una percepción poco seria del asesoramiento y un control supervisor limitado»

Parecería que con la crisis su número debería haber descendido pero no es así y en 2015 la CNMV alertó de más de 40 sociedades que ofrecían servicios de inversión sin autorización. Cantidad irrisoria sin duda y, que es la ínfima punta de un colosal iceberg que esconde bajo el agua a cientos de sociedades y despachos que vinculados a otra actividad (fiscal, legal, patrimonial, etc..) incluyen el asesoramiento financiero como si este fuese parte de una oferta promocional.

La actividad de asesoramiento financiero goza de una liquidez y plasticidad  que fomenta su ejercicio por amateurs de todo pelaje y condición. No debería ser así pero así es. La letal combinatoria de una percepción poco seria del asesoramiento y un control supervisor limitado de su ejercicio favorece el nacimiento de chiringuitos por doquier.

Pero no se lleven a engaño el asesoramiento financiero regulado y supervisado está a la misma altura académica, profesional y científica que el que le pueda prestar un médico o un abogado de reconocido postín.

En el lado oscuro se sitúa el resto, un conjunto de delincuentes profesionales que cuando son denunciados, no desaparecen sino que mutan como camaleones hacia figuras igualmente perniciosas para continuar captando víctimas.

Para ello no dudan en camuflarse bajo la apariencia de clubs de inversores, de cursos formativos impartidos por grandes y exitosos especialistas o en ofertas de información financiera gratuita y “presuntamente privilegiada” ya sea a través de sedes físicas o vía Internet.

La vida de los “chiringuitos financieros” suelen ser temporalmente corta ya que cambian de domicilio y denominación con frecuencia, pero no lo suficiente como para captar fondos de inversores inexpertos prometiéndoles altas rentabilidades.

La coexistencia de profesionales regulados con peligrosos aficionados y advenedizos no debe ser lo normal»

Su operativa se realiza a través de la presión comercial de un departamento de telemárketing y  parte de una llamada de teléfono a un potencial inversor, ofreciéndole la posibilidad de obtener elevadas rentabilidades en mercados financieros internacionales de derivados, de materias primas, de divisas o en productos exóticos, y todo ello, con bajo nivel de riesgo. En otros casos, captan a ahorradores ingenuos a través de anuncios en diversos medios publicitarios o prestando servicios a través de Internet.

Aún a fuerza de habernos acostumbrado a ello, la coexistencia de profesionales regulados con peligrosos aficionados y advenedizos no debe ser lo normal. Tampoco la actitud de mirar hacia otro lado que solo da alas a la multiplicación y la impunidad de estos “curanderos de las finanzas” y que sería impensable y duramente perseguida en ámbitos como el de la medicina, la ingeniería o la abogacía.

Público inversor y profesionales financieros debemos conjurarnos para erradicar a estas entidades indeseables con todos los medios legales a nuestro alcance, bien sea exigiendo una mayor regulación y control previo por parte del regulador o colaborando mediante la sistemática advertencia y denuncia de su existencia ante el supervisor.

De esta forma todos ganaremos en tranquilidad y el sector ganará en eficiencia, prestigio, seguridad y confiabilidad.

Con el fin de erradicar estas entidades, la CNMV en colaboración con otros reguladores extranjeros publica todas sus advertencias en su página web y cuenta con un buscador a disposición de los inversores para poner nombre y apellidos a los piratas y filibusteros que tan ricamente navegan por las turbulentas aguas financieras.

Si Josep Borrell se hubiese tomado la molestia de comprobar la legalidad de con quién pretendía hacer rentar sus cuartos, ahora mismo sería 150.000€ más feliz… más los intereses.


Carlos de Fuenmayor EAFI – Director Kessler&Casadevall AF Barcelona