Ayer muchos ciudadanos sentimos en toda Europa una especie de alivio al saber que Alexander Van der Bellen había ganado las elecciones. Austria era el primer test para conocer si el triunfo de Donald Trump en EEUU se había convertido en una especie de palanca para el populismo.

La derrota del Partido de la Libertad liderado por Norbert Hofer (cuyo lema, Los austriacos primero, habla por sí solo de su ideario) parecía apuntar lo contrario. Sin embargo, es un error pensar que los comicios austriacos han sido una especie de valladar para el nuevo fantasma que recorre Europa.

Aunque el caso de Italia es distinto, la dimisión de Matteo Renzi, tras la victoria del no en el referéndum sobre la reforma constitucional, abre un panorama de incertidumbre en todo el continente. En realidad, el no no puede interpretarse sencillamente como un triunfo del populismo. El no supondrá un nuevo periodo de inestabilidad para Italia, dificultará la solución para el enorme problema de su sector financiero (360.000 millones en créditos dudosos), empezando por la ampliación de capital que necesita el Monte dei Paschi, y elevará la prima de riesgo.

El no supondrá inestabilidad y dificultará la solución para el sector financiero, empezando por Monte dei Paschi

Pero, ante todo, ha supuesto la derrota del primer ministro, que había ligado su continuidad a la victoria del . Tal vez , el líder del centro izquierda quiso lograr con un plebiscito lo que no logró en las urnas. El último primer ministro votado por los italianos fue Silvio Berlusconi, y de eso hace ya quince años.

Renzi se ha comportado como un populista, al someter a su país a una profunda división justo cuando Europa atraviesa por su peor crisis. Como dijo Jean Claude Juncker en su reciente visita a Madrid, lo peor del momento que estamos viviendo es que «los grandes partidos imitan a los populistas».

Es cierto que en la campaña del no han sobresalido el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga Norte, ambos partidos situados en el euroescepticismo y con propuestas comunes a otros partidos populistas europeos, sobre todo en lo que tiene que ver con el rechazo a la inmigración. Pero en el bando del no ha habido también dirigentes del Partido Democrático, intelectuales progresistas, comunistas e incluso tecnócratas como Mario Monti.

Italia siempre contará con Mario Draghi, el comandante en jefe del Banco Central Europeo que nunca olvida sus orígenes

Un triunfo del hubiera supuesto una indudable victoria de Renzi. El no, como sucedió con Cameron en el referéndum sobre el Brexit, significa el final de su carrera política. Aunque en Italia siga gobernando el PD, los populistas son quienes van a sacar más provecho de lo ocurrido. Italia tendrá más dificultades económicas, pero siempre contará con la ayuda de Mario Draghi, el comandante en jefe del Banco Central Europeo que nunca olvida sus orígenes.

Europa ha salvado un match ball con la derrota del ultraderechista Hofer, pero el partido no ha hecho más que empezar. El fracaso de Renzi animará a los que pretenden hacer fracasar el proyecto europeo. La batalla más importante tendrá lugar en Francia en la próxima primavera. Habrá también tensión en Holanda, en la República Checa, mientras que en Alemania es posible que aumente la fuerza de Alternativa por Alemania, pero nadie duda de que los dos grandes partidos (CDU y SPD) seguirán marcando la pauta e incluso que Merkel puede repetir como canciller.

La madre de todas las batallas, en efecto, tendrá lugar en Francia, donde es muy probable que los socialistas no pasen a la segunda vuelta y la opción sea entre Fillon o Le Pen. Es decir, entre un nacionalista y una ultranacionalista.

Europa necesita un nuevo impulso, pero los líderes están demasiado ocupados en sus problemas domésticos

Europa se bate en retirada casi 60 años después de la firma del Tratado de Roma. Ni siquiera los más ardientes europeístas atisban soluciones para detener la ola populista que tiene su origen en la pérdida de identidad, el miedo a los inmigrantes y el temor al deterioro del estado de bienestar.

Es una gran paradoja que el ejercicio de la democracia nos tenga en vilo a los europeos. Pero han sido los errores de los viejos grandes partidos, el adocenamiento de la burocracia de Bruselas, la imposición de unas fórmulas macroeconómicas rígidas, una política de ampliación de la UE alocada… lo que ha llevado a esta inaudita situación.

Europa necesita un nuevo impulso, pero parece que los líderes europeos están demasiado ocupados en sus problemas domésticos.