La cuarta candidatura de Angela Merkel a canciller alemana presenta dos interrogantes que están interrelacionados y que marcarán el futuro del país y posiblemente el de Europa: por una parte, la postergación de una necesaria renovación política, y por otra, el impacto en el proceso de polarización que vive Alemania y que se refleja en el progresivo crecimiento del partido de ultraderecha Alternativa por Alemania (AfD). Merkel se enfrentará entonces a una dura campaña electoral y, en caso de ganar, a una legislatura que posiblemente será la más difícil.

La estrategia de Merkel a lo largo de sus 11 años en el poder ha consistido en ampliar su agenda política y ocupar el centro del espectro ideológico. Como consecuencia de ello la socialdemocracia alemana ha salido muy lastimada y con Merkel como contrincante ha sufrido las dos peores derrotas electorales de su historia.

Esta estrategia de crecimiento hacia el centro que ha llevado adelante la líder conservadora ha tenido una segunda consecuencia que es fundamental para entender la polarización actual: la diferenciación de los partidos políticos, más precisamente entre sus agendas, es casi inexistente. No hay proyecto alternativo y aquellos que buscan otra opción no la encuentran en la oferta electoral de los partidos tradicionales.

Para la Unión Cristiano Demócrata (CDU) esta hegemonía de Merkel fue una bendición. No sólo retornaron al poder sino que lograron usufructuar los logros políticos de las distintas coaliciones evitando al mismo tiempo cargar con los costos de decisiones impopulares. Sin embargo, esto significó también que la creciente figura de la canciller eliminara que surgiera cualquier liderazgo incipiente. Nadie en la CDU estuvo ni está en condiciones de abarcar la amplia agenda de Merkel y por ello nadie es capaz de ocupar el lugar de sucesor.

Nadie en la CDU estuvo ni está en condiciones de abarcar la amplia agenda de Merkel y por ello nadie es capaz de ocupar el papel de sucesor

Del lado socialdemócrata la situació n no es mejor. Más allá de la progresiva pérdida de agenda política en manos de la canciller, el Partido Socialdemócrata (SPD) también sufre el problema de la renovación. En efecto, la gran coalición con la CDU no ha dado lugar a perfilar candidaturas y aquellos líderes regionales con potencial no tienen interés en quemarse enfrentándose a Merkel, cargando con los reproches a unos dirigentes envejecidos que representan a un partido que hoy en día ha perdido el rumbo.

La incógnita la representa una eventual candidatura de Martin Schulz, que deja la presidencia del Parlamento Europeo para volver a la polítia alemana. ¿Alcanzará con su popularidad para tener opciones frente a la canciller? ¿Tiene tiempo para armar su candidatura y perfilarse en los temas de política alemana? Las respuestas quedan aún en suspenso pues su candidatura aún es una especulación.

Más allá de los escenarios electorales de coyuntura, el análisis de la era Merkel indica que la canciller se ha convertido en un híbrido conservador-socialdemócrata que bloquea la renovación tanto en su partido como en la socialdemocracia.

La continuidad de Merkel haría que continuara esta situación de partidos políticos alemanes con agendas casi gemelas, que erosionan las identidades partidarias y a su vez elimina incentivos para la movilización. Es moneda corriente escuchar a los alemanes decir que la CDU y el SPD son básicamente lo mismo. Idea reforzada por la peculiar dinámica de la actual gran coalición, que en el marco de la crisis de refugiados encontró a los socialdemócratas defendiendo a Merkel de los ataques provenientes de sus propias filas.

Este contexto obliga a pensar en un nuevo eje que permita explicar el crecimiento de opciones políticas como la del partido de ultraderecha Alternativa por Alemania (AfD). Esta fuerza política que nació en 2013 como una crítica al euro y a los rescates de los bancos durante la crisis se ha transformado en una alternativa para aquellos que pretenden ejercer el voto como protesta contra el sistema de partidos tradicionales.

Pese a su fuerte discurso xenófobo, AfD ha logrado resultados electorales sorprendentes llegando en algunas regiones al 25% de los votos. La composición de su electorado es de tipo transversal y, pese a tener una clara ubicación ideológica a la derecha, casi extrema, se alimentan de votantes descontentos de todos los partidos políticos. Asimismo su segunda fuente de sufragios son los no votantes. Aquellos ciudadanos que hace algunos años preferían la abstención hoy se movilizan para apoyar a AfD.

El fenómeno AfD demuestra que la fractura más importante ya no tiene que ver con una discusión sobre proyectos políticos ideológicos de izquierda y derecha. En realidad, la clave se encuentra en el eje dentro-fuera. Aquellos que se perciben excluidos del sistema ven cómo los partidos tradicionales ignoran sus problemas y se alejan de su realidad.

Según el instituto TNS-Forschung el 72% de los alemanes no tiene confianza en los partidos políticos; el 80% cree que los políticos hacen muy poco para informarse sobre las preocupaciones de los ciudadanos; y el 78% sostiene que los políticos saben poco o nada sobre sus preocupaciones.

El 72% de los alemanes no tiene confianza en los partidos políticos y el 78% sostiene que los políticos ignoran sus preocupaciones»

«A los alemanes nunca les ha ido tan bien como ahora», dijo Merkel en su primer discurso tras el anuncio de su candidatura. Pareciera que su intención es dar la pelea en ese campo y convencer a los ciudadanos de que la justicia social en Alemania no es un problema. Al menos no tan grave como lo perciben los ciudadanos. Sin embargo, el 54% cree que socialmente Alemania es un país injusto.

Merkel deberá estar a la altura de este debate y a través de más transparencia y diálogo tratar de reconstruir la confianza. Su objetivo será transmitir un mensaje conciliador a esa ciudadanía que se siente fuera del sistema o que tiene temor a perder lo mucho o poco que tiene. Un mensaje que define nuevamente a la política como una herramienta para cambiar la realidad y solucionar los problemas de la población.

Si logra su cometido e impide que la polarización entre excluidos e incluidos siga ampliándose también enviará un mensaje de esperanza hacia toda Europa. La campaña electoral del año próximo servirá de indicador para comprobar si Merkel es parte del problema o de la solución.

 

Franco delle Donne es consultor en comunicación política en el Parlamento