El significado de los sueños a veces es más transparente de lo que pensamos. Es lo que ocurre con uno de los sueños más frecuentes, el del tren, el viaje en tren o el vagón de tren, que tienen una clara interpretación de nueva etapa, nuevas ilusiones y cambios en la vida.

Soñar con un tren nos habla de un viaje que podemos emprender y en líneas generales, soñar con un tren que está moviéndose tiene un significado positivo. Pero la interpretación de los sueños de trenes puede referirse también al aspecto económico, ya que nuestro viaje en tren puede indicarnos nuestro camino para conseguir más dinero.

Subirnos a un tren implicaría un cambio en positivo, además de novedad y aventura, pero subirse a un tren en marcha es harina de otro costal. En el plano financiero tiene riesgos económicos claros y no es recomendable. Lo mejor es subirse en una parada. En el plano físico aplica el mismo consejo, pues lo contrario es garantía de una estancia larga en un Hospital.

A la velocidad de tren bala a la que circulan los mercados occidentales -encabezados por la locomotora del Dow Jones en máximos de sus 120 años de vida- intentar un enganche al convoy se adivina bastante temerario.

Hace un mes se nos vendió como segura la caída del mercado con la victoria de Trump

Y hay que reconocer que la tentación es grande, pues los mercados suben como cohetes. Hace un mes que se nos vendió como impepinable una caída vertical del mercado si se producía la victoria de Trump. Treinta días más tarde, los registros caen como moscas en los EEUU mientras que los mercados europeos tocan los niveles más altos del año.

El dilema está servido. ¿Esperar a una parada técnica o subirse a la brava a este convoy desbocado?.

Bloomberg, un proveedor de noticias financieras de postín, acude en nuestro auxilio y ya ha propuesto una lista de malas noticias que podrían acontecer en 2017 y producir un frenazo considerable de la velocidad del tren, que podría favorecer un acceso pacífico al mismo. Entre ellas están la de un ataque de los multimillonarios contra la legitimidad de Trump, una guerra económica entre China y EEUU, el gigante asiático cayendo en la depresión más profunda de la era moderna, la extensión asiática del Estado islámico, Marine le Pen convertida en la primera presidenta francesa convocando una consulta popular para salir de Europa, Beppe Grillo en Italia haciendo lo mismo y un montón más de “otros eventos ”.

Parecería que las oportunidades para que el tren aminore su velocidad punta son muchas, pero sin embargo es más que probable que ninguno de estos eventos potenciales e hipotéticos vayan a activar el freno de emergencia en forma de un crash que muchos esperan desde hace meses, cuando no desde hace años. Será como siempre un evento impensable el que iniciará el descarrile.
En este momento, los mercados van a toda velocidad y se adentran casi en la euforia mecidos por la magia de la Navidad.

Pero en el tren ya no caben más pasajeros y salvo descarrilamiento será muy difícil el conseguir un asiento, menos aún si no aminora la velocidad o baja en picado el precio de los billetes. Además, los jefes de estación llevan 12 meses advirtiendo del peligro a los indecisos viajeros potenciales que ven como trimestre a trimestre pierden oportunidades para alcanzar el ansiado destino de la rentabilidad positiva.

La mayoría de medios y analistas tratan de predecir la próxima crisis

Se masca en los andenes la frustración y una contenida ira hacia los gurús financieros que han trabajado duro para predecir el fin del mundo durante todo el año restando a los usuarios el valor de tomar riesgos. Y mientras los mercados siguen subiendo, el inversor se pregunta: ¿cuándo se va a detener la locomotora?.

A falta de certeros sueños premonitorios, nadie lo sabe y por eso la mayoría de los medios de comunicación y los analistas tienen un solo objetivo: «La predicción de la próxima crisis», algo que es imposible atisbar. Ni siquiera en sueños.

En cualquier caso en ausencia de transportes alternativos con destino a la rentabilidad solo cabe tomar el tren en la próxima parada. Ir a reinar fortuna no es cosa de timoratos o taimados.
Quizá el 2017 que muchos expertos ya anuncian como de aburrido impasse financiero, o como antesala de la enésima debacle bursátil, sea completamente diferente y más parecido a este eufórico Diciembre. Ojalá que así sea.

Puestos a soñar, no me negarán que estamos en la época propicia del año. Felices Navidades, feliz año nuevo y….felices sueños.


Carlos de Fuenmayor es director de Kessler&Casadevall AF Barcelona