Ya casi nadie habla de ello y ha pasado a engrosar los archivos de las hemerotecas. Pero fue en un mes de diciembre de hace ocho años cuando se destapaba la mayor estafa financiera de la historia del capitalismo. La protagonizada por Bernard Madoff y su esquema Ponzi masivo que se llevó por delante más de 50.000 millones de dólares.

Las consecuencias del fraude fueron las esperadas: pérdidas irrecuperables, demandas, litigios, tremendos perjuicios económicos y, peor aún, terribles daños personales. Varios socios de Madoff, engañados y arruinados, así como su hijo mayor se suicidarían con posterioridad al escándalo.

Los engaños colectivos en los mercados de valores son un fenómeno histórico del que es posible extraer belleza, no sólo tragedia

En términos rigurosos, las estafas comerciales en el ámbito de las inversiones pueden parecer cosa propia de las páginas financieras de hoy en día, pero los engaños colectivos en los mercado de valores son un fenómeno histórico secular del que inesperadamente es posible extraer no sólo tragedia, sino también belleza. El ejemplo más evidente se puede escuchar -digo bien, escuchar- en La Bourse (El Mercado de Valores), una suite para violín y orquesta escrita por Georg Phillip Telemann, un músico del Barroco alemán. Contemporáneo de Johan Sebastian Bach y padrino de uno de sus hijos, aunque Bach es ahora considerado el genio de la música por excelencia del siglo XVIII, Telemann fue, en realidad, enormemente más popular que él, durante su vida.

Con un cuarteto de cuerda (violín, viola, violonchelo y contrabajo) y la ayuda de un oboe, La Bourse no es una excepción a su personal enfoque instrumental. Usando la sección de cuerdas de formas inusual, describe las subidas y bajadas del precio de los valores, los impasse momentáneos del mercado lateral, las escaladas que parecen imparables y la interrupción súbita de las cotizaciones mediante bellas cascadas musicales.

En 1710, cuando la compuso, Telemann vivía en Francfort y desde su ventana podía observar la sede del Mercado de Valores de la ciudad. Sin duda, inspirador.

Pero la cercanía con el parqué bursátil no fue lo decisivo, pues La Bourse nace de dos de las primeras estafas bursátiles de la humanidad hilvanadas a través de la teoría del último tonto, aquélla que postula que siempre habrá alguien dispuesto a pagar un precio superior por un bien cuyo valor es claramente ficticio.

En concreto, la historia mercantil que inspiró La Bourse fue la de la empresa comercial de los Mares del Sur que con sede en Inglaterra, principal culpable de lo que con posterioridad hemos conocido como la burbuja de los Mares del Sur.

Frente a una deuda aplastante, el Gobierno británico se dirigió a la sociedad para financiar su rescate. A cambio, se les concedía a los inversores privados los derechos comerciales de los puertos de Chile y Perú, y un supuesto acceso al comercio de enormes cantidades de oro.

La ‘burbuja de los Mares del Sur’ explotó llevándose por delante consolidadas fortunas, como la de Isaac Newton

Sólo había un problema: el Gobierno español, que controlaba los puertos, únicamente permitía la salida anual de un barco cargado de oro. Sin embargo, este pequeño detalle técnico se omitió. Descubierto el pastel, el recorrido de las acciones de la compañía -que habían alcanzado precios astronómicos- entró en una espiral de pánico y ventas masivas (pues nadie encontraba al siguiente tonto al que endosarle la acción de la compañía) y la burbuja explotó llevándose por delante consolidadas fortunas. Entre las más famosas, la del físico Isaac Newton.

Más o menos al mismo tiempo en Francia, frente a un dilema financiero similar, el Gobierno se volvió hacia el hombre al que se le ocurrió la idea de la compañía Mar del Sur, el escocés John Law, que ideó un plan similar con la Compañía de Comercio de las Indias Orientales.

Las consecuencias de ambas estafas arruinaron las economías de Inglaterra y Francia durante varias décadas.

El asunto Madoff no inspiró pieza musical alguna, pero aún sigue coleando y cada cierto tiempo van apareciendo noticias relacionadas con capitales ocultados por el estafador que son finalmente descubiertos para resarcir a los defraudados.

Por lo tanto, las estafas piramidales y el enriquecimiento rápido no son productos del siglo XVIII, son productos de la combinación entre la codicia, la credulidad, la capacidad de persuasión de truhanes sin escrúpulos y la avidez de riqueza de las personas.

Cuando el FBI arrestó a Madoff, el inventario de sus bienes incluía una grabación de la ‘Suite’ de Telemann de 1989

Ironías de la Historia, cuando en diciembre de 2008 el FBI arrestó al financiero Bernard Madoff, el registro e inventario de sus bienes del apartamento de la calle 73 en Manhattan incluía un ejemplar de una grabación de la Suite de Telemann del año 1989.

Me lo puedo imaginar escuchando los seis movimientos de la suite pensando que nunca le iban a desenmascarar, creyéndose inalcanzable alimentado por su desdén hacia sus ignorantes y manipulables coetáneos y dando gracias a una olvidadiza humanidad que cíclicamente se deja engañar por la especulación pura y la venta de presuntos duros a cuatro pesetas.

Así que para que la historia no se repita, para este 2017, añadan en la lista de buenos deseos el no ser tentados por las inversiones que nunca pierden, ni por la especulación que promete rápidos y exponenciales beneficios, y sí por la inversión inteligente asesorada por profesionales regulados.

Pues especulando, que no invirtiendo racionalmente y bajo un estricto control y seguimiento, se pierden fortunas en un abrir y cerrar de ojos y no hay suites ni de Bach ni de Telemann que por bellas que sean puedan servir de reparación o consuelo.


Carlos de Fuenmayor es director Kessler&Casadevall AF Barcelona @cdefuenmayor