El que da primero, da dos veces. Algo así debió pensar Patxi López cuando decidió acelerar el anuncio de su presentación como candidato a las primarias del PSOE. El primer efecto de su decisión es innegable: rompe el bloque (barones incluidos) que podía respaldar la candidatura de Pedro Sánchez. Desde ese punto de vista, López es el mejor antídoto contra el ex secretario general.

Está claro que el ex lehendakari quiere pescar en el estanque del sanchismo.  Su confesión de que «fue un error la abstención» habla por sí sola de sus intenciones. Él se abstuvo y lo ha justificado porque, dice, es «un hombre de partido». Ese razonamiento suena a excusa. Un hombre de partido, según su concepción, hubiera defendido la abstención, aún no habiendo estado de acuerdo con ella.

En el comportamiento de López hay un punto de deslealtad. Fue él quien convenció a Sánchez para que dimitiera como diputado, porque, de esa forma, argumentó, podía optar mejor a la secretaría general del partido. Pero él continuó siendo diputado, lo que ahora, en su situación, tiene un valor extraordinario, sobre todo, desde el punto de vista mediático. Tampoco le dijo nada al ex secretario general sobre su candidatura hasta el sábado a las 18 horas, cuando le llamó por teléfono. Y eso que llevaba varias semanas preparando el terreno para dar el salto.

Los ‘sanchistas’ prevén un pacto: López, secretario general sin primarias y Díaz, la próxima cabeza de cartel del PSOE

Para Susana Díaz, desde luego, es una complicación. Es conocida su aversión a la competencia. Tener a López como candidato es incluso peor que tener a Sánchez, porque el ex presidente del Congreso tiene detrás una parte del aparato histórico del partido, además del posible apoyo de los militantes que le ven como una alternativa a los que permitieron que Rajoy gobernara.

En las filas del sanchismo se ve en el movimiento de López la mano inconfundible de Rubalcaba, aunque el círculo íntimo del ex lehendakari lo niegue. Lo que nadie puede negar, sin embargo, es que el ex vicepresidente del gobierno ha tenido desde antiguo una gran influencia sobre él. Sería, si le sale bien, una jugada maestra por su parte. López podría ofrecer a la presidenta andaluza un pacto que evitaría las primarias: él se presentaría al Congreso como el secretario general de la unidad entre las facciones enfrentadas, mientras que Díaz se reservaría para ser la cabeza de lista del PSOE a las próximas elecciones (lo que le permitiría seguir al frente de la Junta de Andalucía hasta que concluya su mandato).

López no tendría difícil justificar ese acuerdo. De nuevo, podría recurrir a la cultura de partido. Sería como una nueva edición del «pacto del Betis». Con algunas pequeñas diferencias. Entre otras, que Susana Díaz no es Felipe González, ni Patxi López, ni Nicolás Redondo.