En política todo puede pasar. Pero, a día de hoy, Pablo Iglesias e Iñigo Errejón parecen condenados a una confrontación abierta en el Congreso conocido como Vistalegre II.

Aunque Pablo Bustinduy (por los errejonistas) e Irene Montero (núcleo duro del pablismo) mantienen una línea caliente de comunicación, con entrevistas y conversaciones a diario, las probabilidades de que haya una lista única son mínimas.

Desde que, en diciembre, se produjo la consulta sobre el sistema de votación del Congreso, la brecha entre los dos sectores se ha ido ensanchando. Los ataques en las redes sociales por parte del círculo íntimo de Iglesias («la corte») a Errejón no eran más que la salida a la superficie de un enfrentamiento larvado que se ha ido gestando durante meses.

Para mucha gente, incluidos militantes de Podemos, el secretario político no tenía entidad propia. Opinaban que «sin Pablo corre el riesgo de diluirse en la nada». Algunos, como Juan Carlos Monedero, le perdonaban la vida al reducir su papel a un mero complemento del liderazgo incuestionable de Iglesias.

Pero los resultados de la consulta pusieron de relieve que las posiciones de Errejón tenían un amplio apoyo y que el secretario general sólo podrá ganarle si buscaba el apoyo de los Anticapitalistas (con un porcentaje superior al 10%).

Dice Miguel Urban (líder de los anticapis) en El Mundo que el giro hacia a la izquierda que ha dado Iglesias le hace sentirse «más cómodo». «Ha vuelto a recuperar en estos meses una frescura que muchos echábamos de menos», afirma.

La duda es si Iglesias ha cambiado por convicción o por necesidad. El caso es que tanto en el documento sobre Igualdad, como en el Político, es muy probable que se produzca un acuerdo entre los Anticapitalistas y el pablismo. Esa alianza, en principio, sería suficiente como para derrotar a la lista de Errejón en Vistalegre II. Pero, aun así, todo indica que logrará un peso, legitimado por la militancia, que ahora sólo se le presupone.

Desde la consulta de diciembre, Errejón es consciente de su poder. Su fuerza ha llevado a Iglesias a radicalizarse, en busca del apoyo de IU y los Anticapitalistas

Desde el punto de vista organizativo, los Anticapitalistas están más cerca de Errejón que de Iglesias: ambas corrientes quieren restar poder al secretario general para dárselo al Consejo Ciudadano. Y ésa es una baza importante. Como también lo es que coincidan en la necesidad de nombrar una nueva Comisión de Garantías, al frente de la cual está Gloria Elizo (núcleo duro del secretario general). Si Iglesias no quiere hacer ahora el cambio, sostienen los errejonistas, es que quiere tener en ese órgano a alguien de su confianza porque prevé que pueda ser necesaria su intervención en los próximos meses.

En todo caso, lo que sí se ha evidenciado en estas últimas semanas es una cierta debilidad del líder que ha sido la imagen indiscutible de Podemos. La salida a la palestra de Carolina Bescansa es una muestra de ello. No es que pretenda cambiar de posición y pasarse a las filas del secretario político, sino que necesita que se la visualice para que los miembros más fieles de «la corte» no la releguen a un segundo plano.

Ahora bien, con esas premisas: ¿qué es lo que nos espera en Vistalegre II?:

-Si gana Iglesias con cierto margen, se producirá una depuración del errejonismo, aunque su jefe de filas continúe en la dirección. La organización se radicalizará y ese giro se hará presente en las calles. Se fortalecerían los Anticapitalistas e IU. A medio plazo no es descartable una escisión.

-Si hay un empate técnico, Iglesias tendrá que aceptar un reparto equitativo del poder. Habrá un equilibrio inestable. Una situación parecida a la que vivimos ahora, con una bicefalia en la práctica.

-Si gana Errejón, Iglesias no tendrá más remedio que cumplir su promesa y apartarse de la dirección. Nacería un nuevo Podemos que buscaría un acercamiento al PSOE. Se rompería la alianza con IU.