Ésa y no otra es la gran cuestión que podría dar la vuelta al escenario político de gobierno que hoy contemplamos: la de si el PSOE del nuevo dirigente que gane las primarias para la secretaría general acaba o no por concluir que «está condenado a entenderse con Podemos», según afirma contundente  en la entrevista contigua el número dos de la formación morada Íñigo Errejón. Porque la disyuntiva está muy clara y la  respuesta vendrá de la mano de los nombres que lideren cada una de las dos formaciones.

No será lo mismo que la nueva dirección socialista esté ocupada por Susana Díaz, cuyas posiciones políticas permitirían numerosos acuerdos con el Gobierno de Mariano Rajoy, a que lo esté por un Pedro Sánchez que el sábado pasado volvió a demostrar que considera una auténtica traición a la esencias de su partido el acordar cualquier cosa con el objeto de su rechazo más virulento, que es el actual presidente del Gobierno. Por lo tanto, no tiene nada de chocante que el Ejecutivo esté extraordinariamente interesado en despejar esa incógnita esencial para el futuro desarrollo de la legislatura.

Patxi López constituye en ese sentido una cierta incógnita pero los analistas coinciden en adjudicar al político vasco unas opciones políticas y estratégicas mucho más próximas a Sánchez que a Díaz. Por lo tanto, y dando por supuesto que la presidenta de la Junta de Andalucía salte por fin al cuadrilátero y batalle por la secretaría general, cosa que no está aún confirmada, se puede especular con la posibilidad de que, contradiciendo sus afirmaciones iniciales, López acabe sumando la fuerza de sus apoyos a los de Pedro Sánchez porque los dos están compitiendo por el mismo sector de su electorado como demuestra el hecho de que muchos de los mandos intermedios que estaban apoyando a Sánchez hayan pasado estar con López en cuestión de días. Por eso, si mantienen hasta el final sus respectivas candidaturas, ambos saben que se debilitarían mutuamente hasta conducirse el uno al otro al fracaso. De modo que, por lo que se refiere al PSOE, no habrá más que dos opciones políticas posibles y es evidente que las cosas serán muy distintas para el futuro del país según quién gane esa carrera.

Efectivamente, esta X de la ecuación socialista cobraría una fuerza inusitada si se suma a la otra fuerza de la izquierda una vez que se despeje la Y en favor de uno u otro contendiente, Errejón o Iglesias. Con Sánchez y probablemente también con López no tendrían problemas ninguno de los dos porque al menos el ex secretario general del PSOE parece haber aprendido la lección muy pronto y, al día siguiente de presentar su renuncia a la secretaría general, ya explicó en una asombrosa entrevista en televisión que el Partido Socialista debía pactar con Podemos. Esa incógnita queda, pues, resuelta por uno de los dos hipotéticos interlocutores de una eventual negociación para articular con los de Pablo Iglesias una estrategia conjunta de oposición. Incluso una eventual formación de gobierno, para lo cual necesitarían del respaldo de los independentistas catalanes, que ayudarían gustosos a contribuir al derribo de Mariano Rajoy y su política de oposición cerrada a las pretensiones de los secesionistas.

Pedro Sánchez es una apuesta segura para Podemos, se incline en Vistalegre por Iglesias o por Errejón

Sánchez es, pues, una apuesta segura para Podemos, se incline éste en Vistalegre por las tesis de Iglesias o por las de Íñigo Errejón. Ahora bien, puestos a elegir, en el Gobierno del PP seguramente preferirían un Podemos liderado por un Pablo Iglesias más volcado en la calle que preocupado, como Errejón, por convertir al partido en una formación con «voluntad de mayorías y no sólo de resistencia».

Pero lo interesante de las declaraciones del números dos podemita es su afirmación de que si de las primarias sale un PSOE que «sigue pensando que somos flor de un día y que somos su adversario principal, Rajoy puede estar tranquilo por muchos años».  Aquí se percibe su temor a que los socialistas opten por retomar la senda de la gobernabilidad y vuelvan a jugar su tradicional papel de alternativa de gobierno frente al PP. Porque a lo que aspira Errejón es a sumar al PSOE a las fuerzas que se sitúan en la otra orilla del río que es la Constitución.

La pretensión de Errejón no puede ser más clara: arrastrar a los socialistas a un papel subsidiario

Ése sería el sueño del hombre que necesita el apoyo socialista para convertirse definitivamente en la fuerza que marque «el rumbo de las transformaciones del país y después obligar a otros» (al PSOE) «a moverse a nuestras posiciones o quedar retratados en el bloque del inmovilismo». La pretensión no puede ser más clara: se trata de arrastrar a los socialistas a un papel subsidiario de las políticas encabezadas por Podemos. Ésa es su aspiración y ése es exactamente el peligro que corre el PSOE. Y, en consecuencia, el peligro que corre la estabilidad de esta legislatura que empezó con los peores augurios pero que, tras la salida de Sánchez de la dirección socialista y la asunción de las riendas a cargo de la Gestora, enderezó su andadura y ahora permite incluso que se hagan pronósticos de duración y estabilidad para los próximos cuatro años.

Nada de esto se plantearía, ni siquiera en hipótesis, si la secretaría general del PSOE fuera ocupada por Susana Díaz, en cuyo caso dará igual cómo se despeje la incógnita de quién saldrá vencedor  el 12 de febrero de la reunión morada de Vistalegre. Una vez más, todas las ecuaciones giran en torno a la opción que elija el Partido Socialista.