Donald Trump ataca la prensa por lo mismo que la atacaba Hugo Chávez. Su discurso vive de crear enemigos.  Imaginarios o no. Y si el nuevo inquilino de la Casa Blanca decía esta semana que «el mundo se ha aprovechado de EEUU» es porque su populismo se alimenta del conflicto. Necesita azuzar la idea de que los malos son los otros. Da igual que sean la CIA, los medios o los jueces.

Todo el que sea crítico con la Administración entrará en ese saco. Y la prensa le está siguiendo el juego. Por eso los medios de comunicación «son la oposición», en palabras ni más ni menos que del jefe de Estrategia del presidente, Stephen Bannon. «Deberían mantener la boca cerrada», le espetó a los periodistas. Más que de portavoz, parece que haga de troll para meter cizaña.

Los medios de comunicación «son la oposición» para la Administración Trump

Kellyanne Conway, la directora de campaña de Donald Trump y, ahora, su asesora principal, ha sido una de las encargadas en dejar claro que las reglas del juego para informar de la Casa Blanca han cambiado. La primera mujer en dirigir una campaña presidencial republicana es considerada la estratega clave que logró encauzar la victoria del candidato por el que nadie daba un duro dentro de su propio Partido.

Conway y Bannon son mucho más que portavoces. Juntos forman un dream team de trileros expertos en convertir mentiras en fuegos artificiales de distracción política.

Quedó claro cuando el nuevo jefe de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, afirmó que la de Trump había sido la investidura con más público de la Historia «y punto», pese a que todos los datos (y fotografías) probaban lo contrario.

Conway ha llevado los hechos alternativos a otro nivel al inventarse una masacre

Hasta entonces, mentir había sido el pecado capital que podía tambalear una presidencia. En vez de rectificar, sin embargo, Conway dio una demostración magistral de manipulación al asegurar que Spicer simplemente había presentado unos «hechos alternativos». Le faltó preguntarle a la prensa dónde está la bolita. Todos los medios se echaron las manos a la cabeza mientras miraban al lado equivocado.

Conway ha llevado esta semana los hechos alternativos a otra dimensión al inventarse una masacre en Bowling Green (Kentucky) que ni siquiera existió (de la que acusó a dos iraquíes) para justificar el veto a la entrada de musulmanes en Estados Unidos en una entrevista en la MSNBC.

Trump ha aprendido la técnica a la perfección. Días antes afirmaba Trump que los periodistas están «entre los seres más deshonestos de la tierra». Otro escandaloso ataque a la Primera Enmienda y los trileros ganan de nuevo. No es casualidad que soltara esa bomba de humo en su primera visita a la CIA. Le sirvió para rebajar la tensión con los servicios secretos (enemigos desde que filtraron informes sobre asuntos turbios de Trump). El caso es encontrar un antagonista dispuesto a entrar al trapo. Y la prensa no le ha defraudado hasta ahora en el cuerpo a cuerpo.

El caso es encontrar un enemigo dispuesto a entrar al trapo. Y la prensa no defrauda

Cuando un tuit provocador o un insulto de Trump incendia las redes sociales, su ejército de trolls oficiales sale a echarle gasolina al fuego para seguir dominando el tema de conversación. Bannon suele hacer de poli malo y Conway del menos bueno.

Susan Glasses, la directora de Politico, cuenta en su ensayo  Covering Politics in a Post-Truth America (Informar de política en la América de la posverdad) que la información política seria goza de mejor salud que nunca. También las mentiras: nunca han sido tantas ni tan sofisticadas como ahora. Sobre todo si nacen de la Casa Blanca.

Fue Jill Abramson, ex directora de The New York Times y profesora en Harvard, la primera en calificar el juego del presidente y su asesora principal como «trileros con sus hechos alternativos».

Los veteranos de la profesión están en pie de guerra.  Y la cuerda mediática se ha tensado tanto que a los 12  días de Trump en la presidencia (qué larga se está haciendo ya), la agencia Reuters ha anunciado que va a informar de la Casa Blanca con las mismas normas que aplica en dictaduras como Egipto, China y Rusia.

Reuters ya ha anunciado que va a informar de la Casa Blanca con las mismas normas que aplica en dictaduras

En Covering Trump the Reuters way (informar de Trump a la forma Reuters), la agencia internacional presente en un centenar de países recomienda a sus periodistas que «no se preocupen tanto por las fuentes oficiales» y «si les cierran una puerta que abran otra». Igual que en los países donde la prensa sufre persecución, les pide que «no se sientan intimidados» ante los ataques pero tampoco «entren en peleas innecesarias ni conviertan la historia en lo que nos pase a nosotros».

Stephen Bannon, durante una charla organizada por el Tea Party del Estado de Virginia.

Stephen Bannon, durante una charla organizada por el Tea Party del Estado de Virginia. EFE

Reuters advierte, en definitiva, que los periodistas indignados hablando de periodismo le van al pelo a la estrategia de Trump. Escandalizarse con las formas en vez de investigar el fondo (como hace, sin ir más lejos, este mismo artículo) , le hace flaco favor a la necesidad de información relevante que necesita el mundo para poner contexto a lo que está pasando.

Hay que reconocerle a Bannon que algo de razón tiene cuando dice que los medios «aún no entienden por qué Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos». Ningún medio entre los 100 más relevantes del país dio su apoyo al candidato republicano. «Los periodistas no conocen América» es el nuevo mantra de sus portavoces.

Carl Bernstein, el mítico reportero del Washington Post que destapó el caso Watergate, daba esta semana como consejo a los periodistas de investigación que no se distrajeran. Para informar sobre Trump, según este veterano, lo que hay que hacer es lo mismo que siempre se ha hecho: «Seguir el dinero». ¿Dónde está la bolita?