La ventaja sobrevenida de la lucha que mantienen las distintas facciones de Podemos es que sus componentes  están retransmitiendo en directo a la opinión pública la verdadera naturaleza de esta batalla y ofreciendo además sus particulares versiones de lo que está ocurriendo a menos de cuatro días del circo de gladiadores en que se ha convertido definitivamente el congreso de Vistalegre, pomposamente bautizado como Asamblea Ciudadana Estatal por aquello de distinguirse de los demás y de lo que ellos llamaron, antes de dar el espectáculo que están dando, «la vieja política».

Mira que hemos visto a lo largo de tantos años choques dialécticamente violentos entre sectores de partido enfrentados. Eran memorables los combates en el PSOE entre guerristas y renovadores de los años 9o, pero aquello se ha quedado muy chico frente a la colisión en que están metidos los miembros del errejonismo  y los del pablismo, que permite augurar que después de la batalla no van a quedar heridos ni prisioneros porque  el bando de los derrotados va a ser asesinado en su totalidad. Esta es una batalla a muerte y no habrá  piedad para los vencidos.

Estos señores están peleando por sobrevivir en un combate en el que se juegan la vida

Lo explican ellos mismos, lo cual facilita considerablemente la interpretación del espectáculo. Y así, uno de los ideólogos de Podemos lo ha dejado claro: los del bando de Iglesias han emprendido «una guerra de exterminio» contra los del bando de Errejón. Y da nombres, nombres que están en la mente de todos. La conclusión no puede, por lo tanto, más que ser una: estos señores están peleando por sobrevivir en un combate en el que se juegan la vida, siempre políticamente hablando, claro.

Y éste es el máximo y único interés de Vistalegre. No el programa de gobierno, o de oposición,  que vaya a discutirse en ese congreso. No las propuestas para revertir la situación de desigualdad que Podemos denunciaba en los tiempos en que se preparaba para asaltar el cielo, que era como llamaban estos «nuevos» políticos al poder. No las medidas económicas estudiadas y cuantificadas para alterar este infecto «régimen del 78» que ellos se sabían llamados a destruir para levantar un nuevo orden en el que un amplio e inconcreto «nosotros» se impusiera definitivamente sobre un muy concreto «ellos» que incluía toda la clase política llamémosla tradicional además de la «casta» económica y financiera en su totalidad.

Nada de eso, que es lo que cabría esperar de un partido que desde 2014 tiene representación parlamentaria en Europa y que en las últimas elecciones generales en España obtuvo 71 escaños, sumando todas las formaciones asociadas, y cinco millones de votos, va a ser abordado en esta convocatoria cainita por demás. Y habría que preguntarse qué demonios van a ofrecer a sus votantes más allá del grito del vencedor y de la promesa del desfile de los derrotados ante la estupefacta mirada del pueblo soberano.

No debemos descartar de ninguna manera la hipótesis de que todo termine en una escisión

Y después, sobre las cenizas del campo de batalla, los ganadores intentarán poner en pie algo parecido a una estrategia política que va a estar inexorablemente condicionada por la panorámica de los muertos vivos que, con toda seguridad, no se quedarán quietos ni callados ante el desfile de los triunfadores. Eso quiere decir que la guerra será larga además de cruenta, que se prolongará mucho más allá de Vistalegre y que no debemos descartar de ninguna manera la hipótesis de que todo esto termine en una escisión.

Pero esto es todo lo que ofrece Podemos: el culebrón de sus dramas internos. Lamentablemente, nada más.