Atienden nuestras llamadas. Con ellas descargamos nuestra furia ante los atropellos de las empresas. Les gritamos con facilidad, les colgamos el teléfono, se lo pedimos todo. Son el muro de contención de nuestras quejas. Escuchan nuestras reclamaciones y tienen poco que ofrecernos, ya que la empresa no puede perder, aunque tengan que hacer malabares para que creas que tú ganas. Muchas de ellas, la mayoría, no llegan con su salario a fin de mes. Otros muchos no saben siquiera cuánto cobrarán a fin de mes. Muchísimas trabajan a turno partido, lejos de sus casas, y cuando llegan, sus hijos ya están durmiendo o disponen de poco tiempo para atender a personas mayores a su cargo. Otros tantos tienen contratos de 18 horas y salarios de 400 euros. Ninguno/a tiene un convenio laboral justo.

Si escribimos en femenino, si nos referimos la mayor parte de las veces a “ellas” no es porque no hayan hombres en los centros de trabajo, es porque el de telemárketing es hoy uno de los sectores más feminizados y, casualmente, más precarizados. El porcentaje de hombres en la plantilla ronda el 20%, número infinitamente inferior al 80% de mujeres en empresas como Konecta BPO, en el centro de Bollullos, Sevilla.

Hay a quienes les resulta sencillo hablar de los supuestos beneficios de las dos reformas laborales. La salida de la crisis permitiría, según los ideólogos de la destrucción de nuestros derechos a favor de los beneficios de sus empresas amigas, abaratar el despido y contratar a dos trabajadores/as precarizados a cambio de uno que antes tenía condiciones laborales dignas.

Difícil es cuando podemos ponerles nombres, cuando la precariedad, base de la pobreza generalizada, se hace carne en los miles de teleoperadoras de todo el territorio español.

Difícil es cuando nos asomamos a la precariedad de las teleoperadoras y teleoperadores del Grupo Konecta que atiende las llamadas de Vodafone, por ejemplo, y que ha sido “bendecida” con un contrato de millones de euros para hacerse cargo de una parte del Servicio Público del 061. Difícil es cuando nos asomamos allí y lo que vemos en sus centros de trabajo son teleoperadores con trastornos de ansiedad por la alta carga de estrés por las condiciones laborales y el trato que reciben por partes de los superiores que les controlan, hay quien dice: “Como si eso fuera un ejército”.

El último Convenio del Contact Center mantuvo su vigencia hasta el 2014 y, tras dos años de negociaciones, no se ha llegado a un acuerdo entre la ACE (Asociación del Contact Center Española) y los sindicatos mayoritarios del sector. Han perdido un 6.5% de poder adquisitivo y les ofrecen una subida salarial, hasta el año 2018, que de promedio no supere el 0,6% anual, cuando el IPC de 2016 se ha cerrado en el 1.6%, precarizando aún más el sector. Los beneficios de la crisis: el aumento de la desigualdad y la acumulación en pocas manos de los recursos de la mayoría.

¿Conciliación familiar y laboral? ¿Horas médicas? ¿Horarios continuos? ¿Jornadas completas? ¿Para qué? Si son tan fáciles de despedir si hay miles esperando afuera. ¿Indemnizaciones acordes en los despidos? ¿Para qué? Si se van solas porque no pueden permitirse trabajar a salarios que alcanzan sólo para el autobús y el bocata de entre turnos.

El PSOE le echa la culpa a la reforma laboral del PP, mientras se olvida de la suya con Zapatero, estandarte y puerta de paso al actual “estado de precariedad”. Luego, “ya, si eso”, nos olvidamos de incluir la derogación real y efectiva de la reforma entre nuestras tareas inmediatas o votamos en contra de derogarla, que es más sencillo. Si es que cuando se trata de lograr victorias reales para la gente, cuando se trata de recuperar derechos, es cuando el voto de cada partido nos demuestras a quién defiende cada uno, de qué lado se está.

Todo lo que no sea dejar de competir a partir de salarios bajos y dar lugar a cambios del modelo productivo no es más que terminar de destruir lo poco que nos queda. Todo lo que no sea recuperar los servicios públicos para crear empleos de calidad, en lugar de pagar millones de euros a empresas como el Grupo Konecta -en el caso del servicio del 061- es terminar de rematar el futuro.

Quizás es buen momento, al menos y ya que el mandato de volver a hacer público lo público parece no encajar con su “cada quién es socialista como quiere”, que el Gobierno andaluz exija a todas las empresas adjudicatarias de servicios públicos la creación de puestos de trabajo estables y con salarios acordes y dignos. Quizás vaya siendo hora, como mínimo, de que el Gobierno finalice los trámites legales que posibiliten introducir en la normativa correspondiente cláusulas sociales dignificantes de la vida. Quizás ha llegado el tiempo, cuanto menos, de que la Junta de Andalucía vele por el respecto de las condiciones del personal laboral que desarrolla su actividad en las contrataciones realizadas por la Administración de la Junta.

Nos atiende precariedad, sí, pero sin miedo. Pese al nivel de explotación extremo y creciente, de ser un sector que pretenden llevar a esa gran “bolsa de precarización normalizada”, en el telemarketing se está produciendo un germen de esperanza. Una semilla de rebeldía de quienes van entendiendo que cada vez tienen menos que temer, porque cada vez tienen menos que perder.
Nos atiende precariedad, sí, pero no en soledad. Porque si algo han aprendido los y las trabajadoras es que la principal lucha es la de juntarse. Nos quieren aislados, cada quién caminando por su lado, de una en una y de uno en uno en la pelea. Pero por eso no caminan solas, se juntan e intentan que todas las fuerzas sindicales actúen unidas para exigir un nuevo convenio que mejore las condiciones laborales y salariales y reclamar unidad hacia los partidos para que acaben con su precariedad, las agresiones y recortes. La Propuesta No de Ley presentada por Podemos y aprobada en el Parlamento de Andalucía es, en ese sentido, un espaldarazo a las trabajadoras. No están solas y buscan unidad sindical. Unidad que genera simpatía, que refuerza las convicciones, que anima la lucha, que respalda la participación de las trabajadoras en la toma de decisiones que le atañen. En definitiva, que hace crecer la verdadera democracia en los centros de trabajo. Unidad en la acción que siempre es el germen de movilizaciones efectivas.

Nos atiende precariedad, sí, pero construyendo referentes de superación de la apatía y el miedo. Por eso la lucha decidida y unida del sector del Telemarketing debe convertirse en un referente para todos esos sectores precarizados de trabajadores, casi esclavizados, que se extienden y generalizan a lo largo y ancho del país y más allá. Deben ser referentes de superación de la apatía y el miedo porque se juntan y pasan a la acción de un modo coordinado.

Por eso el esfuerzo es juntarse, encontrarse, unirse. Para organizarnos y volver a tomar las riendas de las propias reivindicaciones. Así es como nos volvemos imparables.


*Zoe Arcanio es consejera de Podemos Andalucía y Portavoz del Área de Mundo del Trabajo de Podemos Andalucía.
*Susana Mellado García es teleoperadora y delegada sindical por CGT de Konecta BPO, centro de Bollullos, Sevilla.
*Lisardo Baena es secretario general del Sindicato de Transportes y Comunicaciones de CGT de Sevilla.