El ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero se ha convertido en uno de los principales apoyos de Susana Díaz. Utiliza su influencia para convencer a dirigentes dudosos, aprovecha sus apariciones públicas para glosar las virtudes de la presidenta de la Junta de Andalucía y, por supuesto, acudirá al acto de presentación de su candidatura el próximo 26 de marzo.

Zapatero apoyó en su día a Pedro Sánchez en las primarias de 2014 que le enfrentaron a Eduardo Madina y a José Antonio Pérez Tapias, al igual que hizo la propia Susana Díaz. En realidad, el duelo era continuación, con matices y en tono menor, del Congreso de Sevilla, en el que Rubalcaba se impuso por los pelos a Carmen Chacón (a la que respaldaron tanto Zapatero como Díaz).

La luna de miel no duró mucho. Díaz -que había sumido la presidencia de la Junta en septiembre de 2013 en sustitución de José Antonio Griñán– se sintió artífice del triunfo de Sánchez por el caudal enorme de votos que recibió en Andalucía. Zapatero y una parte del partido veían al nuevo secretario general como un interino al que, pasado un tiempo, sustituiría la líder del PSOE andaluz. Pero el madrileño detectó muy pronto que Díaz manejaba su propia agenda. Mantenía constantes reuniones con empresarios, incluso con el presidente Rajoy, hablaba con los barones y se permitía acercamientos a Madina.

Cuando Sánchez afrontó las elecciones del 20 de diciembre de 2015, no sólo tenía en frente a un nuevo y potente partido que le disputaba la hegemonía de la izquierda, sino que jugaba con el viento en contra de una facción muy importante dentro de su propio partido. Sufrió una derrota histórica (90 escaños) y, a partir de ahí, fue rehén de un Comité Federal partido en dos.

Luego vinieron las elecciones del mes de junio (85 escaños) y la breve historia de Sánchez en la secretaría general socialista concluyó el 1 de octubre en un bochornoso Comité Federal.

Zapatero apoya la candidatura de Díaz porque tiene lo que hay que tener: liderazgo. La cuestión es si no estará confundiendo su fuerza con la del PSOE de Andalucía

No es extraño, por tanto, que Zapatero, que no le ha perdonado a Sánchez que abjurara de la reforma constitucional para limitar el déficit público impulsada por él cuando era presidente del Gobierno, juegue ahora abiertamente en su contra y al lado de su más encarnizada oponente.

Lo que llama la atención es el argumento que utiliza para ponerla en valor. Dice Zapatero que lo relevante en Susana Díaz es su “capacidad de liderazgo”. Y pone un ejemplo: “Ganó las elecciones de 2015 sacándole casi 10 puntos al PP y más de 20 a Podemos”. Nada que objetar.

El problema con Díaz es confundir su liderazgo -que no podemos minusvalorar- con el poder de la organización en Andalucía. El PSOE lleva gobernando en esa comunidad de manera ininterrumpida durante los últimos 35 años. Por tanto, algún mérito habrá de atribuir al partido, independientemente de quiénes hayan sido sus candidatos.

Es Susana Díaz una líder auténtica o es simplemente una habilidosa demagoga? Ésa es la duda que corroe a una parte de la militancia

Sin duda, el PSOE necesita ahora más que nunca de un liderazgo sólido como antídoto ante la división interna y como condición sine qua non para convertirse en alternativa de poder.

Pero el auténtico líder no es sólo el que gana elecciones, no es aquél cuya habilidad consiste en identificarse a sí mismo con la gente, sino, como dice John Galbraith (La anatomía del poder), el que tiene “capacidad para convencer a sus seguidores de aceptar las soluciones que él propone para sus problemas, el camino que él traza para lograr sus objetivos”.

¿Es Susana Díaz una líder auténtica o es simplemente una habilidosa demagoga? Ésa es la duda que corroe a una parte de la militancia socialista y que inquieta a muchos ciudadanos que ven el futuro del PSOE con preocupación.