Es la primera escaramuza pero ya ha dejado sentadas las bases sobre las que se va a desarrollar la batalla. Lo sucedido ayer en torno a la que debía haber sido una negociación para establecer un modo común de comportamiento en campaña para las tres candidaturas que se presentan a las primarias del PSOE ha acabado peor de lo que empezó: con los de Pedro Sánchez manteniéndose en rebeldía y anunciándola a los cuatro vientos, y con la Gestora guardando un incomprensible silencio al término de la reunión. Lo que se puede deducir de ese silencio no es cosa buena en ningún caso porque, para empezar, produce una sensación de que la Gestora ha sido derrotada en este primer choque y no tiene con qué responder. Malo.

Pedro Sánchez se mueve guiado por una profunda desconfianza hacia el aparato de su partido, aparato que en su casi totalidad se ha agrupado en torno a la presidenta de la Junta de Andalucía y cuyos miembros – presidentes autonómicos, secretarios regionales y alcaldes- están dispuestos a poner a su disposición todo lo que tienen a mano, es decir, todo su poder de convocatoria y toda su capacidad de influencia, que es mucha, para lograr el triunfo de Susana Díaz y, sobe todo, para cerrarle el paso a quien fue hasta el mes de octubre secretario general.

El rechazo del aparato a Sánchez se puede convertir en su gran baza ante las bases

Sánchez  y los suyos lo saben pero lo importante es que han comprendido que este rechazo del aparato, no explicitado verbalmente pero que se aprecia en todos los gestos de sus componentes, se puede convertir en su gran baza ante las bases en estas elecciones a cara de perro. Por eso Andrés Perelló, asesor de Sánchez, ha puesto el dedo en  la llaga cuando ha dicho que el problema de la Gestora -y el de Susana Díaz, añadimos nosotros-  es que nadie contaba con él y en el momento menos pensado “resucitó”. Y no sólo eso, sino que retomó un mensaje que tiene una potencia disolvente y que puede efectivamente romper al partido, tanto si vence en esta carrera como si sale derrotado.

El problema de los llamémosles moderados del partido es que el resucitado está recabando muchos más apoyos de los previstos entre los militantes y que lo que les promete es “recuperar el PSOE”, lo cual equivale a decir que todos aquellos que ocupan lugares de responsabilidad en cualquier nivel del partido han permitido que la identidad de los socialistas españoles se haya ido por el sumidero de la Historia.

Vuelve el héroe de su injusto destierro a recuperar nuestras esencias, ayudemos a la victoria del mártir

Una versión que lanza al campo contrario toda la carga de la culpabilidad por los fracasos padecidos y que supone la no asunción por parte del ex secretario general de la menor responsabilidad en el hundimiento electoral de su partido, elección tras elección, mientras él estuvo al frente de esta formación. Pero eso ya no importa porque el hallazgo de Sánchez es haber cogido postura en su papel de víctima, cosa que siempre tiene una excelente venta entre las bases. Y desde su figura victimizada lanza además su desafío y se niega a aceptar las norma que pretenden imponerle los miembros de la Gestora, a los que previamente ha descalificado con el estigma de la sospecha de parcialidad. Tan es así que quienes le apoyan han explicado que no quieren revelar los nombres de quienes financian su candidatura porque podrían sufrir represalias por parte del aparato. La mezcla es perfecta y puede darle un muy buen resultado: vuelve el héroe de su injusto destierro a recuperar nuestras esencias, ayudemos a la victoria del mártir valeroso.

Y, mientras tanto, la candidatura de Patxi López queda por el momento desdibujada y en un segundo plano frente al duelo que evidentemente se está produciendo ya entre los dos únicos protagonistas del combate: el resucitado por una parte, y el poder que representan la Gestora y Susana Díaz al alimón, por otra. Pero el aparato ha constatado que el muerto está vivo y ya no albergan la menor duda de que, si no acaban con él, él acabará con ellos. Por eso va a ser una lucha a muerte.