Tras el debate entre los dos candidatos que se enfrentaban en la segunda vuelta de las elecciones francesas, las encuestas ya daban como ganador a Emmanuel Macron. Y no se equivocaban. A sus 39 años es un economista liberal reformista, que fue miembro del Partido Socialista Francés hasta 2009 y que, tras su paso por la banca de inversión, fue asesor económico del presidente Hollande y formó parte de su Gobierno como ministro de Economía, Finanzas e Industria desde 2014 a 2016. La personalidad de su contrincante, Marine Le Pen, de 48 años, la líder del ultraderechista Frente Nacional, ha llevado buena parte de la confrontación de ideas al terreno de la política, más que de la economía. Es cierto que buena parte de las propuestas políticas de Le Pen tienen fuertes implicaciones económicas, como la salida de Francia de la Unión Europea y abandonar el proyecto de moneda única para convertir al euro en una moneda común, compartida con otros países, que coexista con las monedas nacionales, en este caso un nuevo franco francés. La derrota de Le Pen aleja el terremoto político y financiero.

Las encuestas dieron desde el principio una cómoda ventaja de más de 20 puntos (62%-38%) a Macron. De hecho, los mercados financieros están tranquilos y ya otorgaban una probabilidad casi nula al evento contrario. Como economista y ex ministro, Macron conoce bien el estado de la economía francesa y los problemas institucionales pendientes, tanto de la Unión Europea como de la zona euro. La Unión Europea tiene que avanzar de forma decisiva hacia la unión política y fiscal. Debe haber un verdadero gobierno europeo, con impuestos europeos y con bonos europeos, que pueda hacer frente a los shocks externos de una forma más eficiente que lo que ocurrió tras la Gran Recesión de 2008.

También debe haber reformas en el BCE. Y Macron también sabe que el principal problema de Europa es la sostenibilidad de su Estado de Bienestar, sometido a los riesgos del envejecimiento demográfico y a la competencia de los países emergentes como resultado de la globalización. Frente a la tentación nacionalista y proteccionista de Le Pen, defiende que la alternativa es más Europa, con una apuesta por la productividad y la innovación.

Lo cierto es que, desde que se creó el euro en 1999, a Francia aparentemente no le ha ido mal. Si nos fijamos en el Producto Interior Bruto real, tomando como índice 100 el año 1998, el crecimiento de Francia no ha sido inferior al de Alemania. De hecho, desde 1999 hasta 2016, la economía francesa creció un 1,42% y la alemana lo hizo en un 1,34%, ocho décimas menos. Es verdad que, si tomamos el periodo posterior a la Gran Recesión (2008-2016), el resultado se revierte. Pese a que el impacto inicial de la crisis fue superior para Alemania, desde entonces su economía ha crecido un 1% en términos reales, mientras que la economía francesa apenas ha crecido la mitad, un 0,58%.

De 1999 a 2016, la economía francesa creció un 1,42% y la alemana ocho décimas menos

En cualquier caso, no se trata de un perfil significativamente distinto para los dos grandes países de la Unión Europea. Lo que resulta llamativo es la diferencia de ambos con el crecimiento de EEUU, cuyo PIB real ha superado el 2% en crecimiento promedio anual desde 1999, pese a que la Gran Recesión de 2008 se originó en ese país. En términos acumulados, la economía norteamericana ha crecido un 45% desde 1999. Francia lo ha hecho en un 28% y Alemania un 26%. Es decir, que el gigante americano ha sacado un 18% de diferencia a los principales países europeos.

Su crecimiento diferencial ha sido superior a toda la economía italiana, el tercer país europeo. Dicho de otra forma, los EEUU le han sacado el equivalente a una Italia entera en su diferencial de renta con la Unión Europea. Estos datos reflejan el problema europeo, que Macron conoce y que, como europeísta, le preocupa y quiere abordar con reformas de las instituciones comunitarias.

Si el PIB no es ni mucho menos lo que peor ha evolucionado de la economía francesa desde la creación del euro, no puede decirse lo mismo del desempleo. En los primeros años de la moneda única la tasa de paro de ambos países era muy similar, e incluso la alemana superaba la tasa de desempleo francesa.

Así, desde 1999 a 2007 las tasas de paro promedio de Alemania y de Francia fueron muy similares (un 9,2% y un 8,8%, respectivamente). Sin embargo, desde que se desata la Gran Recesión de 2008, la tasa de desempleo ha ido bajando en Alemania y subiendo en Francia, pese a tener un crecimiento económico similar. En Alemania la tasa de paro rompió a finales de 2016 la barrera psicológica del 4% (un 3,9% en diciembre) por primera vez desde la creación del euro. Por el contrario, la tasa de paro está estancada en el 10% en Francia desde 2012. Este es el primer desafío económico de Macron. Requiere abordar una reforma laboral profunda, para lo que necesitará el apoyo  de la Asamblea francesa que salga de las futuras elecciones legislativas.

Desde que se desata la Gran Recesión, el desempleo ha ido bajando en Alemania y subiendo en Francia

El otro gran reto de la política económica de Macron es el fiscal. Llama la atención el hecho de que, desde el nacimiento de la moneda única hasta 2006, los dos países tuvieran un comportamiento fiscal muy simlar, con un déficit público promedio en torno al 2,5% del PIB, algo que contrasta con otros países, como España, que en este mismo período alcanzó un superávit en promedio.

Sin embargo, a partir de 2007 y especialmente a partir de la Gran Recesión de 2008, el comportamiento fiscal de los dos grandes países de la Unión Europea es totalmente divergente. De 2008 a 2016 el déficit público promedio de Alemania es el 0,8% del PIB, mientras que el déficit público de Francia es el 4,7%, seis veces más grande. Hoy en día, Francia es de los países europeos con más déficit público (-3,4%), sólo superado por España. Por el contrario, Alemania ha presentado un superávit en sus cuentas públicas por tercer año consecutivo, aunque esta vez acompañada por otros 10 países europeos, incluyendo la manirrota Grecia.

Coherentemente con este perfil de déficit, el gráfico recoge la evolución del ratio de Deuda Pública (como porcentaje del PIB) de Francia y Alemania. Dicho stock no es otra cosa que la acumulación de los déficits públicos de cada país, descontados por el crecimiento económico de sus respectivos PIB nominales. También desde el punto de vista del ratio de deuda pública, desde la creación del euro hasta el inicio de la crisis de 2008, las políticas fiscales de Francia y Alemania fueron gemelas. Ambas economías entraron en el euro con un ratio de Deuda Pública en torno al 60%, tal y como establecía el Tratado de Maastricht. En los años de bonanza, previos a la Gran Recesión, ninguno de los dos países llevó a cabo una política fiscal especialmente contractiva.

Desde la creación del euro hasta 2008, las políticas fiscales de Francia y Alemania fueron gemelas

Por el contrario, sus ratios de endeudamiento público se elevaron hasta el 64% del PIB en 2007, en vísperas de la crisis. Todo lo contrario de lo que ocurrió en otros países, como España, que redujeron notablemente su ratio de Deuda Pública (en el caso de España hasta el 36% del PIB en 2007) en los años de crecimiento. Con la llegada de la Gran Recesión ambos gigantes europeos elevaron significativamente su Deuda Pública como consecuencia de la caída de ingresos y de la aparición de fuertes déficits públicos. Pero también lo hicieron de forma gemela.

Así, el ratio de Deuda Pública se elevó desde el 64% de 2007 hasta el 81% de 2010, tanto en Alemania como en Francia. Pero, a partir de ahí, los caminos de ambos países han sido bien diferentes. Alemania, por su ajuste del déficit público, ha recortado su ratio de deuda, hasta casi recuperar los niveles previos a la crisis económica (un 67% del PIB). Por el contrario, Francia ha tenido el recorrido opuesto. Siguiendo el ejemplo español (el país con mayor déficit público de Europa) no ha llevado a cabo ningún ajuste fiscal. Ello ha llevado a su ratio de Deuda Pública a seguir creciendo, y en la actualidad se acerca al 97% del PIB.

Pese a las reformas de la Administración Pública llevadas a cabo por Hollande, el déficit público será una de las asignaturas pendientes que vaya a heredar Macron. Estabilizar, y finalmente reducir, el ratio de Deuda Pública es esencial antes de que el panorama global de los tipos de interés, en la actualidad extraordinariamente bajos, cambie, bien por la peor evolución de la inflación, bien por el impacto de la política fiscal de Trump, o por todo a la vez. Abordar el déficit público estructural requiere una reforma fiscal en profundidad y una reforma del gasto público. Ambas serán muy difíciles si Macron no logra una mayoría cómoda en las próximas elecciones legislativas.

El déficit público será una de las asignaturas pendientes que vaya a heredar Macron

Unas elecciones legislativas que se celebrarán el 11 y el 18 de junio, y de las que nadie habla por ahora. Pero que resultarán claves para comprobar si Macron conseguirá esa mayoría suficiente para llevar a cabo tanto la reforma laboral como la fiscal y otras reformas que Francia necesita. Si no lo consigue, el futuro de Francia será muy complicado. Y, por tanto, también lo será el de la Unión Europea. La incertidumbre, por tanto, no termina el 7 de mayo. Por el contrario, lo más complicado será lo que ocurra en junio y después.