El Banco Popular fue durante muchos años el banco más eficiente y más rentable de España. Ahora es un trasatlántico que se hunde y hay bofetadas para subir a los botes salvavidas antes de que definitivamente se sumerja o de que alguien -público o privado- acuda a rescatarlo.

El último en decir adiós ha sido Crédit Mutuel, la entidad francesa que con un 4% del capital -oficialmente su segundo accionista- ha decidido abandonar el consejo. Al mismo tiempo, se ha sabido que uno de los mayores fondos del mundo, Black Rock, ha vendido gran parte de sus acciones, pasando del 4% al 1,7% del capital. Este lunes, el Popular ha vuelto a caer un 18% y, en lo que va de año, ha perdido más del 60% de su valor.

Su presidente, Emilio Saracho, ha suspendido una reunión prevista para este martes con la cúpula del BCE, donde se suponía que iba a pedir autorización a alguna de las medidas que pueden aliviar esta angustiosa situación.

Nadie se explica muy bien cuál es la estrategia de Saracho, que, proveniente de JP Morgan, fue nombrado presidente el 20 de febrero en sustitución de Ángel Ron, a quien se la tenía jurada el accionista mexicano Del Valle desde el verano de 2016.

En una de sus primeras reuniones, Saracho le hizo saber a Ron: “La acción está muy alta”. Toda una declaración de intenciones. A mediados de febrero los títulos cotizaban a 0,85 euros. Ahora valen menos de 0,40 euros (lo que significa que la capitalización del banco está por debajo de los 2.000 millones).

Hay que recordar que, hace sólo siete meses, Ron tuvo una oferta del BBVA sobre la mesa por 5.500 millones de euros, que no cristalizó por la oposición del grupo mexicano capitaneado por Del Valle y por las dudas de Allianz (que controla un 3,5% del banco) respecto al mantenimiento de su negocio de seguros.

“La acción está muy alta”, le dijo Saracho a Ron en una de sus primeras reuniones. Desde entonces, el Popular no ha dejado de caer. ¿A quién beneficia el desplome?

La declaración de Saracho a su antecesor se vio ratificada durante la junta de accionistas celebrada el pasado 10 de abril, donde dejó abiertas dos posibilidades: o una ampliación de capital, o una fusión con otra entidad. El mercado recibió el mensaje como un reconocimiento de debilidad y, naturalmente, las acciones siguieron cayendo.

BBVA, Santander y Bankia, los teóricos candidatos a quedarse con el Popular, observan cómo el valor de la pieza baja sin cesar con cierto regocijo. Al final, lo que podría pasar es que el conocido como banco de las pymes pase a formar parte de uno de los dos grandes grupos financieros a precio de saldo.

La pregunta que se hacen mucho clientes es: ¿está tan mal el banco como para que cada día valga menos? El Popular tiene unos recursos propios de 11.000 millones de euros. Por tanto, no tiene problemas de solvencia. Según los cálculos de un banco de inversiones que ha estudiado a fondo al Popular, “bastaría con una inyección de 2.500 millones para situar sus ratios en línea con las entidades más solventes del sector”. La misma fuente añade: “Si un comprador paga unos 3.000 millones por el Popular -0,70 euros por acción- y amplía capital por otros 4.000 millones, el retorno que puede obtener el comprador de la inversión superaría el 10%”.

El deterioro no sólo le viene del lado de la bolsa, sino de la parálisis en sus sucursales y de la desconfianza de sus clientes, que empiezan a dudar de su solidez

El problema para el Popular es que el deterioro no sólo le viene del lado de la bolsa, sino de la parálisis en sus sucursales y de la desconfianza de sus clientes, que empiezan a dudar de su solidez.

Cada día que pasa sin hacer nada es un día perdido, y lo peor es que el nuevo equipo está mostrando nula capacidad de reacción. No ha lanzado ni un solo mensaje que haya servido para tranquilizar a sus empleados y a sus depositantes, y los inversores no saben cuál es el suelo de un valor que cae sin cesar, aunque algunos expertos lo sitúan en los 0,30 euros por acción.

¿A qué juega Saracho? Nadie lo sabe muy bien. Una parte de su consejo está abiertamente enfrentada con él. Algunos reconocen en privado que no fue buena idea “fichar a un banquero de inversiones para gestionar un banco eminentemente comercial”. También tiene despistados al Banco de España y al Ministerio de Economía.

Sería paradójico que, con una economía creciendo a un ritmo del 3% y unos activos inmobiliarios (supuestamente el cáncer de la entidad) que se recuperan día tras día, el Popular requiriera de algún tipo de ayuda pública. No sería de recibo. Ni la opinión pública ni la mayoría de los partidos lo aceptarían.