El pasado 7 de junio los accionistas del Banco Popular se despertaron con la noticia de que su inversión no valía nada. Un día antes, la valoración del banco en bolsa era de 1.330 millones de euros. En sólo unas horas, como por arte de magia, ricos de postín como Alicia Koplowitz o la familia Del Pino vieron mermada su fortuna. Pero hubo otros, la mayoría, con apellidos de menor lustre, que lo perdieron todo o casi todo.

¿Estaba quebrado el banco? No. La respuesta es rotunda y está apoyada en las manifestaciones tanto del ministro de Economía, Luis de Guindos, en su comparecencia parlamentaria, como en las medidas palabras del gobernador del Banco de España, Luis Linde.

La caída del Popular, se repite como un mantra, se debe “no a un problema de solvencia, sino de liquidez”. Como si la radiografía explicara por sí sola el infarto mortal.

Reducir a 1 euro el valor de una sociedad cotizada no se justifica a no ser que exista un agujero desconocido que sobrepase sus recursos propios, que, el día de autos, en el caso del Popular, sumaban 11.000 millones de euros. El supuesto de la insolvencia, insisten no solo las autoridades españolas, sino la propia presidenta del Mecanismo Único de Supervisión del BCE, Danièle Nouy, ni por asomo se ha producido.

Para entenderlo mejor, es como si una compañía eléctrica se quedase con la propiedad de una vivienda porque su propietario no hubiese podido pagar la factura de la luz.

El Popular había provisionado 24.000 millones en cinco años, era solvente y comenzaba a ganar dinero, pero el Mecanismo de Resolución no contempla la salvación de una entidad que sufre un ataque de liquidez

No podemos hablar siquiera de expropiación, proceso reglado en el que, entre otras cosas, es necesario el establecimiento de un justiprecio. Ésta ha sido la primera vez que ha entrado en funcionamiento el Mecanismo Único de Resolución (MUR) dependiente del Banco Central Europeo. El MUR fue el que decidió en la madrugada del 7 de julio la intervención del Popular y su posterior venta por 1 euro al Banco Santander.

Es verdad que en los últimos diez días se había producido una huida masiva de depósitos del banco, pero esa, por sí sola, no es razón suficiente para privar del derecho de propiedad a los accionistas del banco. Un ejemplo de que hay alternativas: el Banco de España inyectó 6.000 millones (1 billón de pesetas) en Banesto en diciembre de 1993 para garantizar la liquidez de la entidad tras su intervención. ¿Por qué ahora no se ha hecho lo mismo? La respuesta es tan sencilla como aterradora: el Mecanismo de Resolución no contempla ese supuesto.

Las autoridades monetarias europeas observan con asombro lo que ha ocurrido con el Banco Popular y claman en privado por una urgente revisión de los mecanismos que rigen la supervisión y el control de los grandes bancos de la zona euro.

Durante los últimos 5 años el Popular ha destinado 24.000 millones a provisiones. Había superado hace tan sólo unos meses un test de stress y los auditores no detectaron ningún problema que requiriese de nuevos saneamientos.

En una de sus escasas declaraciones públicas, el ex presidente del Popular, Emilio Saracho, ha dicho:  “Intenté evitar la adjudicación al Santander”. Enigmática confesión, en la que no aclara cuál era su alternativa, qué propuso él en sus conversaciones con Nouy que pudo haber evitado la práctica confiscación del banco.

Guindos dijo en su comparecencia parlamentaria que si el día 7 se hubiesen abierto las puertas del Popular, no se habrían podido atender las demandas de retirada de depósitos. A ningún gobierno le gusta ver colas de clientes enfurecidos a las puertas de un banco. Recuerda demasiado a lo que ocurrió en Argentina con el corralito y, desde luego, no es la mejor imagen para un gobierno a tan solo una semana de una moción de censura.

Es verdad que la solución del 7 de junio ha garantizado los depósitos y es probable que la gestión del Santander asegure la conservación de una parte importante del empleo. Pero ése es un magro consuelo para los 300.000 accionistas (a los que hay que sumar otros miles de bonistas) que siguen preguntándose por qué un banco que, tras la última ampliación de capital y el plan de saneamiento, comenzaba ya a ganar dinero y que era solvente, ha sido liquidado como si fuera una baratija.