En realidad fueron catorce. Pero recordamos a estas trece porque hace 78 años que, juntas, con la cabeza alta y la conciencia tranquila aguantaron de pie el tiro de gracia que la dictadura franquista utilizó para callarlas. Eran modistas, pianistas y, sobre todo, activistas. Fueron condenadas por «adhesión a la rebeldía» y una de ellas por ser cobradora de tranvías «durante la dominación marxista».

Eran Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Carmen Barrero Aguado, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Virtudes González García, Ana López Gallego y Luisa Rodríguez de la Fuente. Y hay que recordarlas a todas. Cada nombre, cada apellido, cada historia.

La mitad de ellas eran menores de edad, en aquella época fijada en los 21 años, y ninguna superaba los treinta. Eran niñas que querían que volviese a España la libertad que la dictadura acababa de eliminar de un plumazo.

Vivían en un Madrid en escombros, acababa de terminar la Guerra Civil y la ciudad se reconstruía física y moralmente. Pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas y su delito fue expandir su deseo. Intentaron que pensar diferente no se convirtiese en delito.

Que mi nombre no se borre de la historia»

Las asesinaron un 5 de agosto en La Almudena de Madrid. Una de ellas, Julia Conesa, envío una carta a su familia, su despedida, cuando supo que iba a tener que pagar por sus supuestos delitos ante un pelotón de fusilamiento. «Que mi nombre no se borre de la historia», sentenció. Pero su petición se perdió durante años.

Las recuperó Jesús Ferrero en su libro Las trece rosas a principios de los 2000 y, desde entonces, no se han ido. De ahí a poemas, películas, una fundación en 2005 con su nombre, de ahí a asegurarnos de que su historia nos haría recapacitar, pensar, reflexionar. Como quieran llamarlo. Pero que serviría para algo más que para engrosar la lista de víctimas del franquismo.

Es importante acordarse de ellas. De cada una o de su conjunto. De cómo fueron recluidas junto a otras 4.000 presas en una cárcel para 400, de cómo murieron por querer ser libres, de cómo nunca traicionaron sus ideales. De cómo se las mató sin razón. Tenemos que acordarnos para que artículos como el publicado estos días por un medio digital, en las que son tachadas de terroristas, no lleguen a convencer a nadie.