Ahora hay que andarse con cuidado. Lo dicen con preocupación muchos hombres desconcertados porque decir piropos haya pasado de ser una práctica cañí a considerarse acoso. Llamarle violencia machista a los comentarios a la belleza de las mujeres lo consideran un exceso.

La polémica piropil ha resurgido a raíz de la campaña No seas animal, lema con el que la Junta de Andalucía quiere erradicar una «práctica socialmente aceptada que normaliza el papel de las mujeres como objeto sexual». No va la iniciativa del Instituto Andaluz de la Mujer a multar a nadie que le grite a las mujeres por la calle, porque no prohíbe una conducta sino que la ridiculiza, catalogándolos como fauna callejera según el grado de mal gusto: del gallito que piropea en la distancia al cerdo que profiere barbaridades.

Que con los piropos hay que andarse con cuidado es algo que muchos hombres están descubriendo ahora pero que las mujeres interiorizamos con normalidad desde muy jovencitas. Sabemos que hay que andarse con cuidado si en la parada de autobús o en el pasillo del supermercado un tío te dice que estás muy buena sin conocerte de nada. Y si en el semáforo desde una furgoneta alguien te silba mientras se saca el palillo de la boca lo mejor seguramente sea subir la ventanilla.

Que con los piropos hay que andarse con cuidado es algo que muchos hombres descubren ahora pero las mujeres sabemos desde jovencitas

El cuidado que hay que tener con los piropos no solo depende del buen gusto mismo, también de cuánta luz y cuánta gente haya por la calle a esas horas. Y no solo en los callejones oscuros hay que tener cuidado con los piropos, también en los cócteles llenos de gente fina. Ten cuidado con no sonreír demasiado para no dar pie a malentendidos pero tampoco demasiado poco para no quedar de borde. En efecto, con los piropos siempre ha habido que tener cuidado.

Decirle a una mujer que no conoces de nada algo sobre su aspecto físico es, en el mejor de los casos, un acto reflejo viejuno. Y, en el peor, una agresión verbal. Porque, queridos míos, se puede ser machista sin querer. No es la intención lo único que cuenta.

Ninguna mujer que yo conozca se ha ofendido porque le digan lo inteligente, divertida o elegante que es. Pero que una sienta que están evaluando sus curvas puede ser inapropiado en según qué contexto. Y sí, hay que tener cuidado con el contexto para no quedar de gañán.

La campaña de la Junta de Andalucía no va dirigida a concienciar a los hombres que le dicen desde el respeto cosas bonitas a las mujeres que quieren, sino a los desconocidos a los que sin que nadie les haya dado permiso se consideran en el derecho de opinar sobre el aspecto físico de las mujeres que se cruzan. Tranquilos que sigue sin ser un problema decirle lo guapa que está a una amiga ni alabarle el nuevo corte de pelo.

El debate es nuevo porque el derecho del piropeador a decir lo que le viniera en gana siempre ha estado por encima de cómo la receptora lo interpretara

Se puede ser machista sin querer. La diferencia está en cómo reacciona uno a la constatación de haber ofendido a alguien. Si un negro nos dice que le hemos ofendido con un comentario racista lo más habitual es pedir disculpas y aclarar que no era nuestra intención. Si lo dice una mujer, a menudo cuestionamos (me incluyo) cómo de apropiado es dónde tiene ella el listón. Y es que cada una lo tenemos en un sitio diferente, porque que yo sepa todavía no nos hemos reunido todas en un cónclave secreto a votar qué nos ofende y qué nos parece bien.

Dice la RAE que el piropo es el dicho breve con que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer. No los cataloga en función a los grados de mal gusto ni a la intención con la que se diga porque socialmente esto nunca había importado hasta ahora. El debate es nuevo porque el derecho del piropeador a decir lo que le viniera en gana siempre ha estado por encima de cómo la receptora del mensaje lo interpretara. Y como tantas otras conductas que tienen que ver con el papel de la mujer en la sociedad, el rol del piropo también hay que revisarlo.

Tenemos muchos límites por redefinir en la búsqueda de una sociedad más justa y realmente igualitaria, porque es un entorno nuevo en el que ninguno hemos vivido jamás. Y nos esperan años de desconcierto en los que sí, hay que tener cuidado. ¿Acaso no deberíamos haberlo tenido siempre?