La Crisis Financiera Global se inicia en un país y un segmento muy específico: EEUU, segmento de hipotecas subprime. El germen fue un modelo con fallos evidentes, y basado en la práctica de «originar para distribuir», en el que había un divorcio entre la concesión del crédito hipotecario y su seguimiento posterior. Quien concede tiene el incentivo de dar lo más posible, relajando en exceso los estándares de concesión crediticia, pues estas hipotecas luego se empaquetan en titulizaciones hipotecarias con elevada calidad crediticia, y se venden en todo el mundo. Al no permanecer en balance, las entidades que conceden el crédito se desentienden del riesgo de impago y por tanto no hay incentivo a monitorizar el riesgo del prestatario.

En el verano de 2007 comienza a haber problemas en bancos pequeños de EEUU, a los que la Fed va poniendo parches. Pero llega un momento en el que, tras varios salvamentos de entidades, cada vez de mayor tamaño (Bear Stearns, etc), se llega a la decisión de dejar caer a Lehman para eliminar el riesgo moral (moral hazard) y dar un ejemplo de disciplina de mercado. Lehman era el cuarto banco de EEUU. Su caída genera una desconfianza generalizada: ya no hay too big to fail.

Al desentenderse del riesgo de impago de las hipotecas, las entidades dejan de monitorizar el riesgo

A partir de aquí, el contagio es generalizado en las instituciones financieras. Se cierra el mercado interbancario por temores de riesgo de contrapartida. Se inicia un goteo de bancos europeos que comienzan a reconocer que sus esquemas de gestión de riesgo han fallado y que en sus balances existen también «activos tóxicos» con relación directa o indirecta con el subprime hipotecario de EEUU. La crisis se extiende como un virus por todo el mundo, poniendo en duda a la práctica totalidad de la banca mundial.

En este momento, los gobiernos y tesoros salen en tromba (Irlanda, UK, etc, etc) para aumentar la cobertura de los depósitos minoristas, que ya estaban cayendo debido a la pérdida de confianza en el sistema bancario y la retirada de depósitos.

La rápida reacción de las autoridades estadounidenses permitió a los bancos devolver los préstamos

La reacción de las autoridades EEUU fue rápida, obligando a realizar saneamientos masivos y muy profundos, e inyectando capital (vía compra de participaciones preferentes, no capital ordinario) a la banca de forma masiva para sanear de inmediato los balances y reafirmar la solvencia de los bancos de este país. Al mismo tiempo, la Reserva Federal lleva los tipos de interés a cero de forma muy rápida, y el gobierno de EEUU lleva a cabo un programa de estímulos por importe de 800.000 millones de dólares.

La rapidez con la que se actúa tiene un efecto benigno muy rápido en la economía estadounidense, y en 2-3 años, el sector bancario ya fué capaz de devolver todo el capital público que se les inyectó. Decisiones rápidas y drásticas permiten una estabilización rápida: regulación, solvencia, política fiscal y monetaria al unísono.

En Europa la reacción fue lenta y mala, nunca pensando en la insolvencia bancaria

En Europa la reacción fue muy lenta. Se identificó mal el problema, pensando en la liquidez y no en la solvencia de las entidades. Se implementaron políticas de austeridad. Para cuando se tomaron decisiones correctas, ya era tarde. Los problemas de la banca arrastraron a varios gobiernos (Irlanda, España, etc) y por tanto convierten una crisis bancaria en una crisis soberana que sólo se soluciona cuando el BCE toma pasos decididos como el Whatever it takes de verano de 2012. Posteriormente se avanza en la Unión Bancaria, pero de forma incompleta o imperfecta y gradual. La lentitud en la identificación del problema y en la toma de decisiones explica el mayor impacto en la Eurozona.

EEUU fue el primer afectado, y en gran parte culpable. Pero reaccionó pronto y tomando medidas agresivas y correctas. En Europa se reaccionó tarde y no siempre de forma acertada. En buena parte, el problema de la Eurozona amplificó los problemas de gobernanza y de imperfección de la Unión Monetaria.

EEUU bien, Europa mal

¿Se han aprendido lecciones? ¿Se han tomado medidas para prevenir futuras crisis? Sí, sin duda. Se creó el G20, germen de una auténtica revolución regulatoria bancaria (Basilea III, etc) y de una profunda revisión y mejora de la gobernanza de las entidades financieras (gobierno corporativo, políticas retributivas). Se crea en Europa la Unión Bancaria, las autoridades supervisoras europeas (bancaria, de valores y de seguros); se han aprobado directivas de solvencia, protección al inversor (Mifid, etc).

¿Serán suficientes para evitar futuras crisis? El ser humano aprende  de los errores del pasado, pero siempre puede cometer nuevos errores. El sistema bancario es hoy más sólido que antes de la Crisis Financiera Global. No estamos a salvo de crisis futuras, pero sí que se han tomado medidas para que el sector público no tenga que soportar el coste de los rescates bancarios y que, solo en última instancia haya un recurso a los depositantes.

En todo caso, han de tomarse aún medidas que perfeccionen y eliminen el riesgo de contaminación al sector público, siendo perentorio crear el Fondo de Garantía de Depósitos a nivel europeo, reducir riesgos y dotar al Fondo de Resolución con un backstop (recurso de última instancia) que limite los riesgos. La falta de acuerdo, fundamentalmente político, para avanzar en este perfeccionamiento de la arquitectura de la Eurozona implica una debilidad ante futuras crisis.