El independentismo, agotados ya todos los recursos retóricos, todas las más exóticas equiparaciones con «pueblos oprimidos» del planeta tierra, todas las listas de agravios inventados y desmentidos por los hechos y hasta todas los falseamientos de la historia, se encuentra ahora ante la necesidad de mantener como sea la llama encendida de la pasión secesionista entre unas bases que llevan años oyendo promesas que jamás se cumplen, metas que nunca se alcanzan e hitos cronológicos por los que pasa la vida sin que haya habido nada relevante que conmemorar.

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