Hablaba Montserrat Bassa el pasado martes en la tribuna del Congreso de los Diputados y se escuchaba una voz de fondo que exclamaba: “¡golpista!”. La diputada de ERC soltaba en ese momento la típica retahíla independentista, que consiste en hablar de los políticos encarcelados sin mencionar el contexto ni los actos que les llevaron a prisión. Es decir, describiendo una realidad kafkiana que poco tiene que ver con lo que ocurrió en octubre de 2017, pues aquí no se ha detenido a Josef K. por vaya usted a saber qué. Es evidente que quien lanzó el improperio contra la portavoz de Esquerra Republicana se ha posicionado contra la investidura de Pedro Sánchez. Ella, en realidad, se abstuvo, aunque lo hizo por razones protocolarias, pues durante su intervención afirmó que le importa un pimiento la gobernabilidad de España. Y pocas situaciones resumen mejor lo que ocurre por estos lares.

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