Los agricultores no tienen buena prensa. La izquierda todavía maneja clichés de otra época para identificar a los nuevos kulaks (como se les llamaba en la Rusia soviética a los propietarios de parcelas de tierra para distinguirlos de los campesinos, los obreros del campo). En el imaginario colectivo de una población mayoritariamente urbana pesa todavía la imagen de Los santos inocentes (novela de Miguel Delibes llevada al cine de forma magistral por Mario Camus), en la que los señoritos trataban a los empleados de su finca como a perros o incluso peor.

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