Los Beatles eran cinco y uno de ellos, negro. Resulta muy bonito imaginar un niño de apenas tres años tocando el piano, con su pelo rizado (que acabaría siendo una espectacular melena a lo afro) y con una enorme capacidad para encontrar la tecla adecuada. Con los Beatles, la encontraba siempre. Mientras grababan Let It Be, John Lennon y Paul McCartney discutieron de lo lindo por decidir si William Everett Preston, que murió el 6 de junio de 2006, tenía pleno derecho a ser el quinto Beatle. Se lo tenía ganado por ser el tipo práctico que evitó que los de Liverpool cortasen años antes del famoso concierto en el tejado, en el que también tocó. Él invitaba a meterse en faena a Lennon cuando le daban bajones existenciales. Él ponía retos musicales a Paul. Y él solamente aparece como artista en toda la discografía de Beatles en un solo sencillo: Get Back. Ni siquiera como parte del grupo. Se hicieron llamar entonces «The Beatles con Billy Preston». Antes y después hizo carrera, claro, pero no podía haber tenido mejor forma de conocer las mieles del éxito en el pop del siglo XX.

También aprendió mucho de otra figura imborrable del siglo pasado como Freddy Mercury el que hasta hace poco ha sido líder de Spandau Ballet. Tony Hadley (nacido el 2 de junio de 1960) siempre se canta alguna de Queen en sus conciertos. Por lo visto el gran Farrokh Bulsara tuvo siempre un ratín para explicar a este ídolo de fans de los 80 algunos de los secretos de tener una voz rica, potente y con una enorme personalidad. Hubo un día de 1985 en el que de hecho cantó en mitad de un concierto de La Reina. 

Se sentiría una reina Alanis Morissette (1 de junio de 1974) cuando los cazatalentos de Madonna la ficharon, cuando en 1996 fue el artista más joven en ganar el Grammy por Álbum del año, y cuando se convirtió en la primera mujer canadiense en tener un número 1 en USA con el LP Jagged Little Pill. Un álbum que estuvo a punto de no salir por un robo: los ladrones se llevaron todo menos las partituras y letras del disco. Ese título, con referencias a pastillas, fue su lanzamiento al éxito mundial antes de hacer de Dios en el cine (Dogma, 1999). Siendo adolescente se hinchaba a píldoras por bulimia, anorexia y depresión crónica. Sus ataques de ansiedad, que normalmente le daban viendo películas, encontraron consuelo en la música. 

Resulta difícil que un artista de éxito reconozca que la música le sirve como terapia. Pero Pablo Alborán (30 de mayo de 1989) ha reconocido que componer es su refugio y su salvavidas psicológico. Siendo un niño ya tocaba flamenco en los bares de su barrio.

Otro chaval andaluz cantaba mientras se preparaba para Guardia Forestal y se dejaba el lomo en un vivero. Los gorgoritos del ricitos de oro David Bisbal (5 junio de 1979) llegaron a oídos del productor de la orquesta “Expresiones” entre el olor de los fertilizantes y el abono. Lo de OT fue un acto de fe. No había pasado por los casting. Se pagó un avión y se fue directo a la repesca de Barcelona de la que se enteró. Sin cita previa. Ser hijo de boxeador debe dar “punch” para estas cosas.