Estaba yo pagando la compra en el super hace unos días cuando los gritos de dos damas me hacían más difícil todavía entender a la pobre cajera, que entre mascarilla, barrera transparente y distancia de seguridad, apenas podía hacerse oír.

– ¡Además de quitarnos el trabajo, os coláis! ¡Volved a vuestro país!
– ¡Este es mi país! ¡Soy española!
– ¡Eso quisieras tú!

Volviendo a casa observo atónito a dos motoristas enzarzarse a gritos y amenazarse con los cascos en la mano (y sin mascarilla). Seguro que el motivo fue alguna tontería de esas que provocan a los conductores hasta matarse, como en Relatos Salvajes (gran película).

Llego a casa y mi altavoz inteligente vomita abruptamente el desacuerdo entre Gobierno y Comunidad de Madrid. Y yo viviendo en el foro.

Durante los minutos que duró su interpretación pareció no haber guerras en el mundo».

Estamos tensos, y yo hoy he de añadir una canción a nuestra lista. Pues empezaré por no evitar recordar algo que vi de pequeño y me marcó para siempre: un paisano mío dio una lección de paz al mundo enarbolando la indiscutible bandera de la música y armado con un peligroso violonchelo. Era el 24 de octubre de 1971 y el genio Pau Casals recogió en la ONU la Medalla de la Paz. En su discurso recordó lo que nos hace humanos: “La paz ha sido siempre mi mayor preocupación. Ya en mi infancia aprendí a amarla. Mi madre – una mujer excepcional, genial -, cuando yo era chico, ya me hablaba de la paz, porque en aquellos tiempos también había muchas guerras…” Después de su discurso, sin pudor aparente y en completa armonía, se puso a tocar “El Cant dels Ocells” (El canto de los pájaros). Durante los minutos que duró su interpretación pareció no haber guerras en el mundo.

Dos años y medio antes tuvo lugar la escena de cama más famosa de la Historia. Yoko Ono y John Lennon se acostaron -durante una semana- en la suite presidencial del Hotel Hilton de Ámsterdam para el mundo en plena luna de miel y con el objetivo de reclamar justo eso, paz. La guerra de Vietnam se recrudece y ellos piensan en dar la nota. No contentos con los cientos de fotografías que han dado varias vueltas al mundo con pijama y sin él, bajó John a alquilar una grabadora porque la pasión creativa del músico quería poner melodía a algo que dijo contestando a un periodista.

– ¿Por qué hacen esto?
– Para dar una oportunidad a la paz.

Así nació Give Peace a Chance. Grabaron su versión definitiva el 1 de junio de 1969 en la habitación 1742 en el Hotel Queen Elizabeth en Montreal, Canadá.