Somos el único país del mundo que ama a “los Rolling”. Solamente triunfan al sur de los Pirineos. Básicamente porque en el resto del mundo admiran a unos señores muy parecidos pero a quienes, con bastante más sabiduría, denominan los “Stones”. Siendo las mismas satánicas majestades, les hemos cambiado el nombre por aquello de hacer gala de que el español medio ha estudiado inglés en algún momento de su vida, pero nunca acaba de saberlo. Esta polémica no es nueva, desde luego, y sacudió las redes hace algún tiempo. Atendiendo al significado, si hablamos de piedras rodantes (por tratar de traducirlo) es mucho más correcto hablar de “las piedras” que de “los rodantes”. Pronto acaba el tema. 

Otra de las eternas cuestiones que se hace para tratar de posicionar al personal o en una primera cita entre cincuentones o más es la pregunta “¿Beatles o Rolling Stones?”. Si bien es cierto que el que compraba los discos de unos, normalmente no compraba los de los otros. Eso no significa que hubiera rivalidad. Sencillamente son dos conceptos diferentes. De hecho, conocí a un ser único y especial al que se le recuerda sobre todo por su inmenso amor a Beatles y que también se coló como camarero en el camerino de los “Stones” (ahora sí) el 11 de junio de 1976 en Barcelona. 

Siempre contaba mi querido Joaquín Luqui esa anécdota. Siendo la única forma de conocer a Jagger y al resto de la banda de endemoniados, no dudó en convencer por su carisma al encargado del catering contratado. Efectivamente, el bueno de “jota ele en efe eme” solía contar que se embutió en un uniforme blanco y se metió con el resto del staff hasta la misma “cocina” del rock de aquella mítica noche del primer concierto de la banda en España. Tampoco habló mucho, dada la dificultad ibérica habitual para el idioma de Shakespeare.

En realidad, aquel concierto comenzó siendo un poco esperpento de la época. No pudo tener “teloneros” más polémicos con la policía lanzando pelotas de goma en los aledaños de la plaza de toros Monumental. Seis años después la cosa tampoco pudo lucirse en Madrid por culpa de un tormentón. Tardamos bastante en poder ver a los “Stones” (de nuevo la referencia, por si nos entra) en condiciones. 

Nada puede cambiar nuestra Historia con ellos, pero ahora que tardaremos en volver a ver conciertos multitudinarios, aquí va una enorme versión en vivo de un tema que suele gustar incluso a los fans de Beatles: 

“Start Me Up”. Sí. Puestos a mejorar una playlist que la verdad es que nos está quedando bastante variada y redondita a la vez, no voy a caer en el ambiguo “Satisfaction” o en un “Angie” que por precioso, puede resultar pretencioso también. Los auténticos seguidores de la banda puede que digan que donde esté “Sympathy For The Devil” que se quite lo demás, o pregunten cómo es que no ponemos “Jumpin’ Jack Flash”. Bueno, yo aquí prefiero optar por ese axioma que tan bien ha funcionado a las radios: “Agrada al mayor número de personas, aunque no contentes del todo a todos”. Por eso, y porque este tema en vivo pone las pilas a cualquiera, añado convencido esta pieza con el recuerdo emocionado de aquel camarero de Caparroso que se coló en un camerino para ver a los “Stones” de cerca.