Tratar de analizar lo que sucede en el Real Madrid con parámetros racionales es una pérdida de tiempo. Desde tiempos inmemoriales el equipo funciona a impulsos, más chamanísticos que futbolísticos, y así será por el resto de los días. Lo explicó esta semana Képler Laverán Lima Ferreira, Pepe, en una entrevista monumental en la que detalla, entre otras muchas cosas, cómo fue su debut contra el Atlético de Madrid el 25 de agosto de 2007.

Al Madrid lo entrenaba Bernd Schüster y la temporada había arrancado con gol en contra del Kun Agüero en el minuto uno de partido. Empató Raúl al rato y a la media hora el encuentro ya era un sinsentido. En su debut en Liga, Pepe jugaba con Cannavaro al lado, con Sergio Ramos de lateral derecho y Royston Drenthe en el izquierdo. Por delante Mahamadouh Diarra y, ya en otro mundo muy lejos del suyo, Guti, Sneijder, Robinho, Raúl y Van Nistelrooy. Enfrente, Agüero, Forlán, Simao y Maxi Rodríguez.

Aquel partido traumatizó a Pepe: «Yo venía de un club organizado tácticamente en el que si la pelota sale por el lado izquierdo, tienes que presionarla allí y si la pelota sale por el lado derecho presionas de esta manera. Cosas así, básicas. Y lo que encontré en el Madrid fue un caos».

Ahora viene la traca:

«En el minuto 30 se rompe el juego y nos llegan en uno para uno y corremos para atrás. Yo me vuelvo hacia Fabio y le digo: «¡Fabio! ¡Fabio! ¡¡¡Cobertura, cobertura!!!». Y él me dice: «No, no, aquí no se hace eso. Cada uno por su lado». Y yo: «¿Es así? ¡Joder!».

Para desgracia de muchos periodistas, comentaristas, tertulianos y profesionales del fútbol, este de Pepe es quizá el párrafo que mejor ha definido al Real Madrid desde que existe.

En la escena encontramos a un futbolista novato y corajudo, desesperado sobre el campo, gritándole a un flamante Balón de Oro. El oficialmente mejor defensa del mundo se toma el tiempo para explicarle, en pleno pico de adrenalina, que da igual que haya costado 30 millones de euros porque esto es el Santiago Bernabéu y el fútbol ya no es lo que él creía. «¿Es así? ¡Joder!», es la revelación que acabaría convirtiendo a Pepe en uno de los cinco mejores centrales de la historia del Real Madrid. Parece casi un pasaje bíblico.

En una columna reciente, escribía Manuel Jabois que en la política y en el periodismo el premio al buen trabajo es, mediante ascenso, dejar de hacerlo. Aquí pasa lo mismo con los recién llegados. Yo diría que fichar por el Real Madrid es como invertir el reintegro de El Gordo en la lotería de El Niño. Has conseguido un bagaje previo que te sirve, como máximo, para tener una oportunidad de empezar de cero en el mayor club del mundo. Si no, siempre puedes quedarte con tus 20 euros en el Oporto o en el Eintracht de Frankfurt. En su vuelta a Alemania Luka Jovic ha anotado, en media hora, dos goles: los mismos que en todo su paso por Madrid.

No creo que Zidane sea Herodes, por Valdebebas como por Judea dando orden de ejecutar el talento de los jóvenes. Pero Zidane sí ha vivido el trauma de la estrella mundial convertida en mediocre, silbada por el Bernabéu y obligada a replantearse todo lo que sabía. También le pasó a Cristiano Ronaldo, y prácticamente a todos los grandes uno detrás de otro. Podría ser una cuestión de empatía y autoproyección que insista más en Hazard que en Odegaard.

Pero esa empatía no lo justifica todo ni ese crédito es eterno. Hazard va más por el camino de Kaká que por el de Zidane y Odegaard de momento no ha recorrido ninguno. Cuando encuentre el suyo será importante que tenga los semáforos en verde, y no amilanarse si alguno se le pone en ámbar justo cuando apriete el acelerador como le pasó a Marcos Llorente, le pasaba otrora a Marco Asensio y le pasa ahora a Federico Valverde. A Jovic directamente le amputaron el pie. Pero a todos les vendría bien una charla con Pepe.