I Feel Good es mucho más que un buen ejemplo de Soul sacado de contexto una y otra vez en el cine, publicidad y medios. Es una declaración de intenciones de quien, realmente, muy bien no estaba.

Hoy, antes incluso de introducirnos en una vida no precisamente ejemplar, empezaremos colocando en nuestra fabulosa lista este clásico porque nos urge realmente estar bien. Lanzo aquí el deseo desde mi cuarentena de que, cual receta, el lector dedique un ratito cada mañana a ponerse música y sobrellevar los datos de incidencia y ocupación de las UCIs al ritmo de un tipo que tuvo una vida absolutamente complicada y a pesar de eso, le echó ganas. Esa es la actitud.

Pasemos un buen rato con una de esas películas desenfadadas de lo que ahora nos parecen los «felices» años 60. Ski Party, aquí, atención, se llamó: «Chicos con faldas, chicas con esquíes». Una risa.

La interpretación del absoluto Padrino del Soul no es de Oscar, pero nos vale. De hecho no tendría tanto encanto si no fuera un negado para representar papeles que no sean himself, o sea, de él mismo. Va, lleguemos a la exageración viéndole vistiendo hábitos de los que no hacen para nada al monje en la película más importante del blues de todos los tiempos:

Sí. El reverendo de los Blues Brothers era un hombre cuyos pasos por la cárcel acabaron porque dejó el mundo de los vivos. Que si no, ya ni serían noticia.

He prometido en el titular contar la verdadera historia de James Joseph Brown. Sin juicios ni prejuicios. Y para perjuicios, que no fueron pocos, los que le llevaron tantas veces ante un tribunal.

No puede ser de carácter fácil alguien que nació muerto, sin querer respirar. Menos mal que ahí estaba su tía Minnie Walker para darle, con un precipitado boca a boca, la vida en un hálito de emergencia surgido de la impotencia médica de unos Estados Unidos de la América de la depresión. En medio de la pobreza de los años 30 en los algodonales sureños y con un padre de mano floja para gastar y propinar palizas a su madre, nuestro genio logró ser alguien en la vida. No es mal principio. La bipolaridad a la que fue expuesto este pequeño ángel negro moviéndose entre prostíbulos y predicadores le confirió seguramente esa visión del mundo como algo que había que vivir sin hacerse demasiadas preguntas. A falta de un buen psicólogo, cantar era la mejor terapia para todos entonces. Y siendo un chaval, ganar sus primeros centavos moviéndose para los clientes de las damiselas al servicio de su tía (madre, para él) debía ser como si le tocase la lotería. Así aprendió el oficio, gracias al más antiguo del mundo.

Compaginaba estas actividades profesionales con otra muy en boga entonces para entretenimiento del hombre blanco: peleas con los ojos vendados y una mano atada. Las apuestas no eran pocas. Ah, y olvidaba su pasión por los hurtos en sus ratos libres, que le llevan frente a un juez por primera vez a los tiernos 14 años. En la cárcel, dónde si no, monta su primer coro góspel. Otro convicto y con posibles llamado Bobby Birds, vio en ese culillo de mal asiento al garbanzo que más se movía en el cocido musical de los años mozos del Soul. Un par de reuniones para tocar junto a artistas de mal vivir o ex presidiarios con talento, y tenía toda la preparación del mundo para saltar a un escenario. Su vecino Little Richard también andaba buscando un hueco en esos 50 de doo-wop y Elvis. La segunda lotería del chaval vino cuando le tocó impersonarle en una serie de imitaciones que la gente no notaría porque, sencillamente, no sabían cómo era «ricardito». El Mánager sí que vio talento. De ahí al cielo al que clama cada nota de un buen góspel.

¡Menudo pieza era aquí el gran jefe del Soul pagando fortunas a su orquesta y a personas que le encumbraron como el influencer más grande de su tiempo. Esa era su obsesión. Por eso dejó de pagar impuestos cuando Nixon (que no tenía las más remotas ganas de verle) le recibió. Ya se creía «tesoro nacional». O cuando propinó una paliza a alguien que usó su lavabo sin su permiso. O… tantas y tantas experiencias sórdidas que no debo ni quiero comentar, porque el objetivo que secretamente persigo debajo de toda esta literatura es animar al personal con el ritmo de un auténtico superviviente. Eso es de lo poco de lo que podemos tomar ejemplo. Hagámoslo.