Sergio Ramos sigue sin renovar, los mensajes que llegan sobre el asunto son cada vez más ambiguos y su ausencia en el campo aumenta el ruido que percibe el aficionado. Es posible que el Real Madrid se quede sin su último ídolo, de la misma forma fea y desagradable que se han marchado tantos otros, por culpa del club y por culpa de ellos mismos. El ciclo es siempre el mismo: el madridista comienza esperando que el jugador se quede; después se conforma con que se vaya a Qatar o Estados Unidos; después con que al menos haya un partido homenaje; y finalmente le basta con que no se vaya al Disneyland de Simeone y el Profe Ortega.

Iker Casillas convivió con Keylor Navas. Keylor Navas con Courtois. Roberto Carlos con Marcelo. Guti con Benzema. Raúl con Cristiano Ronaldo, etcétera. Esa tradición es importante y no puede resolverse con el gesto de legarle el 7 a Mariano, cuyos huevazos al aceptarlo y/o reclamarlo son reseñables.

El caso de Cristiano Ronaldo recuerda algo al de Fernando Hierro, aunque no pueda haber ni estética ni conceptualmente dos futbolistas más opuestos. Se marcharon tras una época gloriosa para el equipo y no tuvieron relevo inmediato. No lo fueron ni Paco Pavón ni Walter Samuel, como no lo han sido Vinicius ni Eden Hazard. De Hierro quedó huérfano Iván Helguera, como Karim Benzema de Cristiano. Sergio Ramos fue el relevo en diferido, como quizá lo sea Mbappé.

Son jugadores intergeneracionales, nexos históricos como definitorios de Edades. Hierro unió al Real Madrid de Gordillo con el de Zidane, igual que Ramos pilotó la nave desde David Beckham hasta el Gran Modric.

Casemiro ya es tan decisivo en el área como Ramos y ha sido ungido como el nuevo hombre de las remontadas

Ramos se irá, ahora o más tarde, y debe abrirse ese melón hereditario. Varane, héroe en Huesca y otras veces, no computa. Militao ha resultado defectuoso. He estado intentando comparar al Pau Torres del Villarreal con el Sergio Ramos del Sevilla y no me salen las cuentas. David Alaba se me transforma mentalmente en Cannavaro, y ya no veo tanto fútbol de élite como para sugerir otros nombres. Así que el hombre es Casemiro.

Casemiro tiene 28 años y calculo que le quedan otros 28 al máximo nivel y sin descansar ningún partido. Ciertos críticos de José Mourinho intentaron ridiculizar su físico cuando debutó contra el Betis en 2013, y siguieron haciéndolo luego. Eran por lo general los mismos que cada semana formaban un escándalo porque Fabinho, posteriormente campeón de Europa, estuviese en el Real Madrid Castilla y debutase por delante de algunos ‘mirlos’.

Case ha ganado cuatro Champions, ha permitido que Luka Modric y Toni Kroos disfruten juntos, ha jugado más de 250 partidos y ya ha humillado a todos sus críticos. Pero ha llegado su momento y está para más. Probablemente acabe como Hierro, retrasando su posición, lo cual no importará mucho porque ya es tan decisivo en el área como Ramos y ha sido ungido como el nuevo hombre de las remontadas.

Las suyas están adaptadas al contexto de este Madrid lentorro, que ya no corre como el vendaval de los 100 goles, no marca goles de córner ni puede confiar en el cabezazo blitzkrieg que cambia el partido como de la nada. Ahora las épicas -modestas como en Monchengladbach o frente al colista Huesca- son más enrevesadas, con más estética de parto que de coito, y exigen de dos toques en el área en lugar de uno como en Lisboa.

Balón a la derecha, centro pasado de rosca, cabezazo de palo a palo y gol a puerta vacía. Todo cuesta y todo llega. Son años de dudas. Los inciertos años 20. El Madrid de Casemiro.